martes, 28 de noviembre de 2017


EN EL ANDÉN DE MI VIDA
Espero que suene el timbre para salir al recreo:
Quiero jugar, divertirme, distraerme.
Espero que llegue el médico:
Estoy enfermo, soy un niño, y me gustaría que el timbre nunca sonara.
Espero a un amigo, sentado en un bar:
Necesito, por salud, ejercer el arte de la amistad.
Espero a un tren en medio de la noche:
Me hace frío, no comprendo el idioma, y estoy rodeado de desconocidos.
Espero de noche a un barco de pasajeros, junto al mar, en una isla del Mediterráneo:
Se demora, dudo de mí mismo, me angustio.
Espero sentado en la sala de un hospital:
Sucede cinco veces, con cada uno de mis hijos.
Espero tras una puerta, de pie, la voz de un llanto nuevo:
Sucede con cada uno de mis nietos.
Espero…
Espero poder vivir en un mundo mejor, en el que todos seamos conscientes de que lo espiritual conduce y dirige a la materia: y no al revés.
Espero vivir en un mundo en el que resulte evidente que primero se enferma el alma, y recién después el cuerpo lo manifiesta.
Espero ese tiempo en el que todos comprendamos que las sonrisas y los abrazos, son mil veces más curativos que cualquier otra medicina.
Espero ese momento, lo imagino como un tiempo de extrema alegría, en el que pueda identificarme completamente con mi alma y nada más que con mi alma: sin dudas, sin vacilaciones y sin incertidumbres.
Espero calmo, sosegado: porque al pasado no puedo regresar, y al futuro tampoco puedo apurarlo o adelantarlo.
Espero, respirando hondo, profundo y sereno: en el ahora.
Y espero que no sea necesario esperar demasiado tiempo.

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