Aunque los musulmanes comunes que pudieran no haber leído su libro sagrado pusieran muy bien ser excusados por su ignorancia sobre las raíces y los derechos judíos de Israel y de Jerusalén, no se puede decir lo mismo de los líderes de los países musulmanes, los imam y los jefes de las ilustres instituciones islámicas. Personalidades y estudiosos de ese calibre deberían saber mejor.

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