jueves, 26 de septiembre de 2019

Contextos

 

'The Spy': el hombre más allá del espía

 

Por Eli Cohen 

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"Eli Cohen destrozó el bienestar de su familia y perdió la vida por su país, por el 'bien común'. Ya era hora de que alguien rindiera homenaje a él y al sufrimiento de su mujer y de sus hijos, no sólo a su gesta y al servicio que prestó a Israel"
En Occidente creemos en Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre”. En nuestra naturaleza humana depredadora está el apropiarnos de los bienes ajenos, el adquirir más poder, el movernos por impulsos egoístas; vamos, eso que decimos siempre de que el pez grande se come al pequeño. 
Para prevenir ese estado agresivo y salvaje de las cosas, hemos creado instituciones y organismos para que nos garanticen cierta seguridad y así poder desarrollarnos en libertad. Porque ¿qué sentido tiene ser libres si nuestra propiedad no está protegida?, ¿cómo podemos alabar las bondades de la libertad de expresión si nos roban la comida de nuestros hijos?, ¿para qué sirve la libertad de cátedra si no tengo universidad en donde impartir?
Y en muy pocas ocasiones nos paramos a pensar que para garantizar la supervivencia de esas instituciones, por tanto, nuestra seguridad y, por tanto, nuestra libertad, son necesarias personas que lo sacrifiquen todo –todo–. En este sentido, hemos tendido a desprestigiar a quienes, de uniforme, se ocupan de que podamos dormir tranquilos, y solemos ser aún menos conscientes de lo que supone ser un espía infiltrado, jugarse la vida, separarse de la familia y vivir con la constante sensación de estar perseguido y el temor de ser descubierto. 
La serie que nos ocupa, The Spy, emitida por Netflix, nos acerca a este aterrador supuesto. Nos muestra, en los salones de nuestras casas, las vicisitudes de un espía israelí, Eli Cohen, que no dudó en dejar todo atrás e infiltrarse en los círculos de poder del más acérrimo enemigo de su país por aquel entonces: Siria. Ya dimos cuenta de su historia, digna de la más entretenida ficción de Hollywood, y de su por todos conocido trágico final. 
La información que Cohen suministró a Israel durante sus años de infiltrado fue incalculable. El daño a él y a su familia, también. Y esto es realmente interesante, central, en el personaje. Más allá de arengas chauvinistas, lo más fascinante de Eli Cohen, interpretado hasta la conmoción por un inmenso Sasha Baron Cohen, es su dimensión humana. Su doble personalidad, la ambivalencia constante bajo la que vivía, la habilidad para soportar las máscaras, la capacidad de abstracción en un entorno hostil; la fuerza, en suma, para aguantar tanta presión y no derrumbarse como una edificio en demolición. 
La noche del 18 de mayo de 1965, Eli Cohen, que había conseguido penetrar en los círculos más altos del régimen baazista sirio, fue colgado en la Plaza Marjeh ante una muchedumbre encolerizada que le escupía y maldecía. Dejó mujer y tres hijos, a los que apenas conoció. Fue torturado durante cuatro meses, pero no dijo una palabra sobre sus actividades. Hasta el mismísimo Papa intercedió para conmutar la pena de muerte. El entonces presidente de Siria, Amin al Hafez, que siempre negó que hubiera conocido a Kamel Amin Thaabet (nombre bajo el que se escondía el espía israelí), se mostró determinante, e hizo que la ejecución de Eli Cohen fuera un acontecimiento nacional. Había sido una gran humillación para Al Hafez y para todo su régimen
La miniserie es muy recomendable precisamente por la desnacionalización del personaje. No es necesario, ni siquiera estar mínimamente informado sobre Israel, sus vecinos y la locura de Oriente Medio, para disfrutar de sus seis capítulos. The Spy es una historia trepidante, pausada, épica y al mismo tiempo íntima, sincera y violenta, sobre un hombre que lo sacrifica todo en pos de un bien superior. Que sea israelí y sus enemigos los sirios es un tema secundario. Es la soledad del espía, el desamparo del hombre debajo del infiltrado, la marca de esta miniserie que recoge y relata la hazaña de Eli Cohen. No en vano, el creador de la serie, el ya mítico Gideon Raff, ha dicho: 
Esta es la historia de alguien que fue un gran patriota y acordó servir a su país a un precio muy alto, y generalmente sin el glamour de Bond. Se trata más de las minucias del espionaje y lo que le hace a tu identidad, lo que le hace a tu personaje.
Además, y sin olvidarnos de que cuando hablamos de Netflix hablamos de Netflixionismoque nadie se engañe ni espere reverencias para con Israel. Es cierto que aborrecemos al régimen sirio y nos alineamos con Israel en la serie, porque en el segundo país eso de la libertad y el respeto a la vida es la regla y en el primer caso, a lo sumo, una excepción para los privilegiados. No obstante, al menos en mi caso, y estoy seguro de que en el de muchos judíos sefardíes y mizrajíes, no podemos sentir otra cosa que dolor cuando la miniserie no oculta los episodios de discriminación que sufre Eli Cohen por parte de judíos askenazíes. Son episodios concretos, menores, que no trascienden más allá de los usos sociales, es verdad, pero se tornan en sangrantes cuando ese judío con pinta de árabe está sacrificando hasta el bienestar de su propia familia por todos los israelíes.  
Ciertamente, como hacemos con las que son ficción, también tendemos a mitificar las historias de espionaje reales (Kim Philby, Garbo, Mata Hari) y atendemos más al morbo de su vida libertina, de sus noches regadas en alcohol y excesos o de sus cualidades románticamente camaleónicas. Pero fueron hombres y mujeres de carne y hueso (también los huesos de Skull and Bones) los que consiguieron proveer el conocimiento necesario para descifrar Enigma, para engañar a Hitler sobre la operación Overlord y, en definitiva para ganar la Segunda Guerra Mundial. También fueron espías, sobre todo del MI6 y de la CIA, los que combatieron a los soviéticos en la Guerra Fría. Y fueron espías del Mosad los que capturaron a Eichmann, los que robaron secretos militares sirios y los que rescataron a miles de judíos etíopes. 
Bond o Bourne son ficción, pero Eli Cohen o Mikel Lejarza son realidad
La leyenda cuenta que, aparte del famoso pasaje de Juan 8:32 (“y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”), hay otra cita que corona las estancias de la CIA: “Cualquier servicio finalizado en pro del bien público se vuelve honorable al considerarse necesario”. Eli Cohen destrozó el bienestar de su familia y perdió la vida por su país, por el bien común. Ya era hora de que alguien rindiera homenaje a él y al sufrimiento de su mujer y de sus hijos, no sólo a su gesta y al servicio que prestó a Israel. 

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