ANÁLISIS
traducido por Marcela Lubczanski
Del Times of Israel
El acuerdo por los rehenes, aun si fracasa, muestra la desesperación de Hamas
La tasa de intercambio por un rehén israelí ya no es más medida en cientos de prisioneros liberados sino en momentos de recuperación de la destrucción en ciernes.
Las familias de los rehenes israelíes han pasado la mayoría de las ultimas siete semanas en una especie de limbo, devastados entre argumentos rivales de cómo buscar mejor la liberación de sus seres amados.
¿Funcionaria la presión sobre el gobierno israelí? ¿Podrían los gobiernos extranjeros influenciar a Hamas? ¿Qué significa la guerra terrestre para las chances de supervivencia de sus seres amados?
Con un acuerdo aparentemente acercándose a la terminación que podría liberar a docenas de niños secuestrados y a sus madres, muchas de sus familias de pronto han callado. Hamas, razonan ellos, tratará de mantener a los niños cuyas familias prueben ser más efectivas en presionar al gobierno israelí.
Si la semana pasada cada familia trató de atraer la atención a su niño perdido, ahora la carrera está en hacer olvidable a su hijo.
Es difícil imaginar el tormento de tal momento.
Para las familias atrapadas en tan terrible lugar, nada sobre el acuerdo anunciado se siente como una victoria israelí.
Hamas tropieza
Pero es dificil imaginar una señal más clara de la desesperacion de Hamas que el acuerdo acordado por el gobierno israeli tarde el martes.
En el intercambio de prisioneros por Shalit en el 2011, la tasa del intercambio fue 1,100 prisioneros palestinos, incluidos asesinos en masa condenados a cadena perpetua, por un único soldado.
En la época, la mayoría de los israelíes apoyaron el acuerdo y el Primer Ministro Benjamin Netanyahu y el entonces ministro de defensa Ehud Barak se aseguraron de pararse al lado del Cabo Gilad Shalit cuando él pisó nuevamente suelo Israelí.
Doce años después, luego que muchos de los terroristas liberados en ese intercambio fueron los que planearon y ejecutaron la masacre del 7 de octubre, el cálculo ha cambiado.
Hamas secuestró a demasiados, incluidos bebes y abuelas enfermas, y lo hizo en formas tan crueles que la vieja lógica de intercambios de prisioneros ha sido terminada para siempre en la psiquis israelí.
Como sabe cualquier aspirante a pandillero, hay un punto de inflexión para la extorsión cuando el costo de evitar la violencia aumenta más allá del costo de la violencia misma, cuando los incentivos de la víctima giran del pago al desafío vengativo.
Al inicio de la guerra, Hamas y la Yihad Islámica comenzaron a sacar rehenes en formas que mostraban que ellos no entendían del todo el cambio que se había apoderado de los israelíes. Ellos trataron de dilatar la incursión terrestre prometiendo liberar a dos rehenes cada pocos días.
Pero Israel ignoró la táctica, y todo intento posterior por colgar a los rehenes ante ella. Lanzó la incursión terrestre con no más que una mención a los israelíes retenidos en Gaza.
El nuevo acuerdo
Y a medida que avanzaban las FDI, comenzaron a filtrarse fotos de soldados posando en los principales centros de gobierno de Hamas, incluidos el edificio del parlamento y varios cuarteles generales, antes de demoler estos edificios simbólicos.
Algunos observadores extranjeros quedaron desconcertados en la práctica. Los críticos se quejaron de destrucción “deliberada.” Pero Hamas vio y entendió. Cuando Israel telegrafió durante tres largas semanas que se estaba preparando para entrar al Hospital Shifa, estaba dando tiempo al enemigo para escapar. No quería una batalla sangrienta en los pasillos de un hospital. Pero quería entrar a ese hospital y mostrar a Hamas que no hay lugares seguros en ninguna parte en Gaza. Y Hamas vio y entendió.
Esto es clave para entender la guerra. Israel no está hablando al Occidente. Su liderazgo registra el discurso occidental como una preocupación secundaria. Su mensaje es para Hamas, y este mensaje es el corazón estratégico de la campaña bélica: No hay ningún lugar en Gaza al que no iremos, ninguna piedra o túnel o edificio que no daremos vuelta en busca de ustedes. Ninguna de las tácticas que una vez los mantuvieron a ustedes a salvo se aplican ya más.
Decenas de miles de combatientes de Hamas ahora han estado bajo tierra por casi siete semanas. Sus tiendas de alimento y combustible podrían estar corriendo bajo; ellos estaban preparados para una incursión israelí, pero no una de final abierto. Mientras tanto, las FDI han destruido sistemáticamente y sellado cientos de entradas de túneles — arriba de 600 en la última cuenta — mientras ajusta lentamente el nudo alrededor de la red bajo tierra en el norte de Gaza. La estrategia subterránea de Hamas ha sido contrarrestada por medio de una respuesta israelí simple y paciente: Enterrar vivas a las fuerzas de Hamas en sus propios túneles.
Entonces, súbitamente, fue anunciado un acuerdo esta semana que da de baja la fórmula de 1,100 por uno a tres por uno: 50 rehenes por 150 prisioneros palestinos, todos los últimos ya sean mujeres o prisioneros que eran menores de edad al momento de sus ataques terroristas.
Pero más curioso que quiénes son ellos es quiénes no son. No serán liberados combatientes de Hamas, en parte porque Hamas no lo exigió realmente. La liberación de prisioneros fue tratada por negociadores de Hamas como un ejercicio de relaciones públicas salvador de imagen. Su prioridad, dicen los funcionarios israelíes, era el cese del fuego.
Hamas demandó primero un cese del fuego de un mes a cambio de algunas docenas de rehenes. Israel no respondió. A medida que se acumulaban las pérdidas de Hamas, sus demandas se empequeñecieron. Ahora ha alcanzado a 50 rehenes por un respiro de cuatro días.
Pero a medida que se acortaba la extensión de la tregua, surgieron nuevas demandas. Durante seis horas cada día de la tregua, Israel debe dejar en tierra sus drones de reconocimiento. El jueves el acuerdo fue dilatado cuando Hamas envió más demandas a través de sus representantes cataríes de límites adicionales no especificados sobre las fuerzas de inteligencia de campo israelíes.
Los funcionarios israelíes han explicado estas demandas como parte del proceso de liberación de los rehenes: No todos los niños rehenes están en manos de Hamas. Sus combatientes tienen que viajar sobre la superficie para recogerlos de otras partes en Gaza. Ellos no quieren ser rastreados mientras hacen eso.
O sea, por decirlo suavemente, una explicación extraña. Hay una más simple. Un Hamas desesperado con muchos combatientes atrapados en el nudo en constante ajuste alrededor de Ciudad Gaza ha negociado un último recurso para salvar a sus fuerzas norteñas dándoles una breve ventana para escapar al sur en el cual los israelies aceptan no vigilar muy de cerca su escape.
Este es el motivo por el cual los funcionarios israelíes son optimistas en que Hamas por último llevará a cabo su parte del acuerdo. Hamas necesita el tiempo. Es el motivo por el cual Israel incluso aceptó los preparativos transparentes del grupo terrorista para engañar, incluida la estipulación que los primeros tres días de intercambio no necesitan alcanzar la tasa de 12- o 13 israelíes liberados por día, pero que ese número faltante de esa tasa debe ser arreglado en el cuarto día. Esa demanda sugiere que Hamas podría estar planeando liberar a menos prisioneros durante tres días y luego romper el arreglo en el cuarto.
Pero las demandas de Hamas también se están preparando para la eventualidad opuesta, estipulando que en tanto sea sostenida una tasa de liberación de aproximadamente 10 por día, el acuerdo puede permanecer en vigencia por más de cuatro días.
O dicho de otra manera, Hamas no sabe cuanto tiempo tomará su retirada y se está preparando para todas las contingencias.
Si Hamas reniega, la guerra se reanuda, y cualquier emoción que puedan sentir los líderes israelíes — una sensación palpable de culpa cuelga sobre cada deliberación del gabinete — ellos transmitirán un encogimiento de hombros colectivo y el retorno a la demolición del negocio de Hamas.
La severa victoria de Gallant
Hay una conclusión aquí. El 29 de octubre, el Ministro de Defensa Yoav Gallant se reunió con las familias de los rehenes en los Cuarteles Generales de las FDI en Tel Aviv. Su mensaje para ellos fue enterrado en la avalancha de noticias desde el frente — las FDI habían lanzado su guerra terrestre apenas 36 horas antes.
Las familias estaban desesperadas. Dijeron que la guerra terrestre se sentía como una sentencia de muerte para sus seres amados. La respuesta de Gallant esencialmente presentó la estrategia israelí hasta ahora.
Hamas, dijo él, “está haciendo uso cínico de todo lo que es precioso para nosotros. Ellos entienden nuestro dolor y nuestra ansiedad.” Pero por esa misma razón, no hubo forma de negociar simplemente la salida de los rehenes de Gaza.
La batalla terrestre lograría lo que la presión política no pudo. Fue “inseparable del esfuerzo para regresar a los rehenes. Si Hamas no enfrenta presión militar, nada se moverá.”
La guerra ahora se mueve al sur e impulsará toda una nueva potencial crisis humanitaria civil. Hamas en Khan Younis estará igual de atrapado, pero tendrá muchas más tropas disponibles, un entendimiento más claro de la estrategia de las FDI y de la implacabilidad israelí, y un tiempo más largo para haber preparado el campo de batalla. Es allí que el grueso de las fuerzas de Hamas se encontrará en una batalla inclinada por la supervivencia — y donde los rehenes servirán como la última moneda disponible de Hamas para comprar pausas para reagruparse, reabastecerse y, si la oferta para Israel es generosa, incluso escapar.
Desde la perspectiva de Gallant, así es precisamente como debería ser.
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