Israel está ganando. No renunciará a la lucha ahora
Es improbable que el acuerdo de rehenes de Hamas lleve a un cese del fuego más amplio. Jerusalén sabe que tiene que surgir victoriosa.
Por Con Coughlin (Editor de Defensa y Asuntos Exteriores)
22 de noviembre del 2023

La decisión del gobierno israelí de aprobar un acuerdo de intercambio por los rehenes con Hamas, uno que resultará en una pausa de cuatro días en el combate, ha planteado inevitablemente expectativas que podría llevar a un cese del fuego más amplio en el conflicto de Gaza.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu finalmente aprobó el acuerdo después de quedar bajo intensa presión de los intransigentes dentro de su propio gabinete para rechazarlo. Ellos discuten que la única forma segura de asegurar la liberación del estimado de 240 personas tomadas cautivas durante el ataque bárbaro de Hamas contra Israel el 7 de octubre es la destrucción completa del grupo terrorista.
Pero el premier israelí también tuvo que contender con las opiniones de las familias de los rehenes, quienes han demandado que el gobierno israelí de prioridad a su liberación por sobre el imperativo militar de destruir a Hamas.
Luego está la administración Biden, la que nunca ha disfrutado de las relaciones más fáciles con el premier israelí. Había estado presionando duro para que Israel acepte el acuerdo, argumentando que Netanyahu está perdiendo el alto terreno moral en el conflicto debido a la alta cuenta de muertes palestinas.
En tales circunstancias, Netanyahu tuvo poca opción más que aceptar el acuerdo patrocinado por Catar, aun si su propia opinión era que cualquier cese de la ofensiva militar de Israel simplemente permitiría a Hamas reagruparse.
Ciertamente no ha habido ningún indicio de Hamas que el acuerdo podría llevarlo a terminar las hostilidades contra Israel. Al contrario, una declaración emitida por el grupo terrorista poco después de la confirmación del acuerdo declaró de forma amenazante que “nuestras manos permanecerán sobre el gatillo”.
Es poco sorprendente, por lo tanto, que, a pesar de firmar el arreglo, el cual verá a 50 rehenes retenidos por Hamas liberados a cambio de 150 palestinos detenidos por Israel siendo liberados, el ejército israelí no tiene ninguna intención de terminar su ataque militar para destruir a Hamas.
Porque, a pesar del optimismo que ha sido generado por el acuerdo, con la pausa en el combate a punto de comenzar hoy, la realidad es que, lejos de ser el precursor de un cese del fuego más amplio, es improbable que el acuerdo distraiga al gobierno israelí de conseguir su objetivo declarado de barrer a Hamas de la faz de la Tierra.
La determinación de Israel de seguir adelante con su misión para eliminar la amenaza que el grupo terrorista presenta para la seguridad del país se basa en un número de factores, incluido el conocimiento que, aun después que haya sido liberada la primera partida de rehenes, habrá aun 190 o algo así que permanecen en cautiverio. De éstos, algunos están siendo retenidos por otros grupos islámicos, tales como la Yihad Islámica, que no están bajo el control directo de Hamas.
Los comandantes israelíes también estarán muy conscientes que Hamas, junto con sus partidarios iranies, estará buscando explotar la crisis de los rehenes para efecto máximo para socavar la efectividad del ataque militar de Israel. En tanto exista la posibilidad que sean liberados los ciudadanos israelíes, Netanyahu enfrentará presión continua para aliviar la ofensiva militar para salvar vidas israelíes inocentes.
Dicho eso, después del éxito significativo que han logrado las Fuerzas de Defensa de Israel durante el mes pasado, sus comandantes serán propensos a mantener el impulso de su ofensiva. Habiendo eliminado mucha de la infraestructura terrorista de Hamas en el norte de Gaza, lo que hasta ahora ha resultado en la destrucción de 400 túneles, los israelíes querrán terminar el trabajo neutralizando el resto de la red subterránea del grupo islámico en el sur de Gaza.
Desde la perspectiva de Israel, además, la noción que las hostilidades pueden ser finalizadas antes que la amenaza de Hamas haya sido eliminada por completo es totalmente insostenible. Si un solo cohete de Hamas es disparado contra Israel una vez que haya terminado la ofensiva militar, será estimada un desastre.
La otra consideración que estará mas alta en las mentes de muchos israelíes es la posibilidad que, con Hamas fuera de la ecuación, podría haber una perspectiva realista de revivir las conversaciones sobre la cuestión palestina.
Previo a los ataques del 7 de octubre, la administración Biden estuvo involucrada en una ambiciosa iniciativa diplomática para persuadir a Arabia Saudita de normalizar las relaciones con Israel a cambio que los saudíes reciban garantías de seguridad de Washington. Es improbable que cualquier acuerdo pudiera ser finalizado sin abordar también la difícil situación de los palestinos.
Si bien la crisis de Gaza ha puesto esa iniciativa en espera, no hay razón por la cual no se pueda regresar a ella una vez que haya terminado la ofensiva militar de Israel, y Hamas ya no está más en una posición para sabotear los esfuerzos de paz, como ha hecho tan a menudo en el pasado.Uno de los obstáculos más grandes para las campañas diplomáticas previas para quebrar la parálisis en la cuestión palestina ha sido la incapacidad de los negociadores palestinos de presentar un frente unido, con sus intentos por alcanzar un acuerdo siendo constantemente socavados por la agenda nihilista de Hamas.
Si Israel prueba ser exitosa en su búsqueda de erradicar a Hamas, entonces eso podría allanar el camino para el inicio de un nuevo impulso para resolver de una vez por todas la cuestión palestina.
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