El ‘irreprimible’ conflicto entre EE.UU. e Irán
Ambas partes podrían querer parar, pero ven demasiado en juego como para que perdure un acuerdo.
Por Walter Russell Mead
Julio 13, 2026
Sólo una cosa se estuvo desmoronando la semana pasada más rápido que la campaña de Graham Platner para el Senado: El memorando de entendimiento entre la administración Trump y lo que queda del gobierno civil de Irán.
Para el lunes, como diría Gertrude Stein, no había nada que hacer. Los iraníes no tienen planes de negociar un fin a su programa nuclear. Los estadounidenses no están dando a Irán alivio de las sanciones. Irán está disparando misiles a las embarcaciones comerciales. Estados Unidos está respondiendo contra objetivos a lo largo de Irán. Irán responde atacando países que van desde Omán a Jordania. El Presidente Trump llama a los líderes iraníes "personas malvadas" y "escoria" antes de reinstalar el bloqueo estadounidense. Las mezquitas por todo Irán resuenan con llamados al asesinato del Sr. Trump.
Esto no es paz. No es siquiera un cese del fuego. Lo que tenemos en su lugar fue descripto en una de las más famosas líneas en 250 años de correspondencia diplomática estadounidense. “Sería superfluo en mí,” escribió el emisario de Abraham Lincoln, Charles Francis Adams, al secretario del exterior británico, “señalar a su señoría que esto es guerra.”
El problema central es que el conflicto entre Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán es del tipo que el jefe de Adams, el Secretario de Estado William Seward, una vez describió notoriamente como "irreprimible." Irán quiere controlar los recursos energéticos del Golfo Pérsico, y no hay ninguna coalición local de estados lo suficientemente poderosa como para bloquearlo sin apoyo estadounidense. Estados Unidos ha creído durante 80 años que garantizar el paso libre del petróleo y gas meso-oriental a los mercados mundiales es esencial para la prosperidad y seguridad de Estados Unidos.
El Sr. Trump, un hombre para quien el dominio de la energía es un tema central de la política exterior, no está dispuesto a dar a Irán el control del Estrecho de Ormuz. Irán puede hacer concesiones temporarias bajo bajo presión extrema, pero no abandonará, tal vez no puede, el impulso por el control.
Ambas partes parecen ver más razones para seguir luchando que para arrojar la toalla. Del lado iraní, la capacidad de bloquear el comercio incluso parcialmente a través del estrecho llega tras una serie de humillaciones y fracasos horrorosos. La dependencia de Hamas en el apoyo iraní resultó ser una esperanza vana. Hezbola está a la defensiva. La influencia iraní está bajo amenaza en Irak. Los hutíes hasta hace poco se estaban absteniendo desde la última ronda de combates. Y las fuerzas armadas de Irán no pudieron impedir la destrucción de la mayoría de su poder militar convencional, tanto como de su liderazgo civil y líder supremo.
Los ataques de Irán contra sus vecinos del golfo y contra la navegación neutral han restaurado la auto-confianza de los intransigentes del país. La destrucción del liderazgo civil ha empoderado a las facciones más radicales del régimen. Y la resiliencia de las milicias del régimen y el apoyo clerical en medio del fracaso y la destrucción han reforzado la convicción de los intransigentes que ellos pueden mantenerse en el poder indefinidamente contra los ataques estadounidenses renovados.
Finalmente, no deberíamos subestimar la sensación de alegría y reivindicación que una ola de antisionismo y odio al judío ha dado a los corazones y mentes oscurecidos del actual liderazgo de Irán. Su resistencia y desafío, creen ellos y sus aliados en Líbano y más allá, están volviendo la marea global contra la odiada "entidad sionista." Ellos esperan que Estados Unidos muy pronto se vuelvan contra Israel, y la más santa de las guerras santas puede finalmente empezar.
Ellos concluyen que el Sr. Trump—preocupado por sus números en caída en las encuestas y las elecciones de medio término que se avecinan, presionado por el ala de Tucker Carlson del Partido Republicano— no osará atacar a Irán con toda su fuerza.
El Sr. Trump por su parte se puede estar sintiendo más confiado y menos reacio a asumir riesgos de lo que los líderes iraníes creen. Las amenazas de asesinato de Irán es muy probable que lo enfurezcan en lugar de acobardarlo. Con Rusia debilitado por su incapacidad de poner fin a la guerra en Ucrania, y China enfrentando preocupaciones económicas y ansiosa por un acercamiento con EE.UU., los compañeros revisionistas de Irán no se han apresurado a salir en su ayuda. Los ataques de Irán contra sus vecinos han profundizado su odio a su régimen. El esfuerzo de Irán por presionar a EE.UU. disparando a buques neutrales e incluso amigos en el Golfo Pérsico tiende a aislar a los mulahs. El Sr. Trump probablemente encontrará más fácil construir apoyo en el extranjero y en casa para una guerra para proteger los suministros petroleros deteniendo el bloqueo del estrecho por parte de Irán del que construyó para una guerra preventiva contra su programa nuclear.
La guerra es casi siempre una sucesión de sorpresas, muchas poco placenteras. Esto es especialmente así cuando los líderes no convencionales se involucran en un conflicto irreprimible. Los diplomáticos e inversores deberían estar advertidos. Tanto el Sr. Trump como el régimen iraní pueden estar sacando sus ejemplos de la respuesta de John Paul Jones cuando se le preguntó si estaba listo para rendirse. "Señor," declaró él supuestamente, "Ni siquiera he empezado a luchar."
Ambas partes podrían querer detenerse, pero ven demasiado que perder de hacer un acuerdo válido.
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