EL RECHAZO DE IRAN A REDUCIR EL PROGRAMA NUCLEAR ENCENDIO LA MECHA SOBRE LA CRISIS DE LA MONEDA
El gobierno se apega al programa a pesar de las sanciones occidentales paralizantes, a medida que las protestas continúan y Trump advierte contra una represión sangrienta.
Por Benoit Faucon
Enero 2, 2026
Los primeros rumores surgieron el 28 de diciembre. Los comerciantes en los centros comerciales cerca del bazar de Teherán cerraron sus puestos, quejándose por no ganar lo suficiente para cubrir sus cuentas. El rial, la moneda de Irán, se había desplomado a un mínimo histórico contra el dolar, y la inflación estaba aumentando nuevamente. Los estudiantes, preocupados de si pueden encontrar buenos trabajos, pronto se unieron cuando las protestas comenzaron a extenderse, dejando al gobierno iraní al borde de lo que podría volverse otra represión.
El Presidente Trump entró en la controversia el viernes, diciendo en Truth Social que Estados Unidos vendría en ayuda de los manifestantes si más eran asesinados, aunque no dijo como.
Irán no es un candidato típico para una crisis monetaria. Es rico en petróleo, con una población educada y una reserva de divisas brillante. La cuestión es que sus problemas económicos tienen una fuente política específica: sus líderes no contemplarán reducir su programa nuclear, el cual ellos dicen es para producir energía económica, pero que Estados Unidos y sus aliados temen sea una tapadera para desarrollar un arma atómica.
Los analistas políticos dicen que un compromiso es necesario para aliviar las sanciones occidentales y proporcionar las herramientas que Irán necesita para hallar una salida a la crisis. Pero las conversaciones entre Teherán y Washington acerca de restringir el programa de enriquecimiento de uranio de Irán han hecho poco progreso. Se han estancado por completo desde la guerra de 12 días con Israel en junio que vio a las fuerzas israelíes y estadounidenses devastar los programas atómico y de misiles de Irán, tanto como sus defensas aéreas.
Excluyendo un acuerdo por su programa nuclear, “es probable que Irán siga avanzando con dificultad hacia la insolvencia económica más pronunciada, recurrentes ciclos de protesta, y una dependencia predeterminada en la fuerza en lugar de la reforma para mantener el control," dijo Sanam Vakil, directora del programa Medio Oriente y Africa del Norte en Chatham House, una think tank en Londres.
Hasta ahora, hay poca evidencia si es que hay alguna, que Teherán dará marcha atrás en sus ambiciones nucleares.
Irán ha sufrido años de mal manejo económico. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, de línea dura, controla mucha de la economía y mucho del presupuesto gubernamental. Los sistemas de clientelismo asignan empleos, contratos de obra pública, préstamos baratos y acceso a moneda extranjera, vaciando a la clase emprendedora. Los iraníes jóvenes están cada vez más frustrados. La República Islámica tiene un alto nivel de inscripción universitaria, pero uno de cada 4 de sus jóvenes está desempleado. Los problemas ambientales tales como la escasez de agua que empeora, están sumando a la presión, como lo está haciendo el resentimiento creciente entre las mujeres del país contra lo códigos de vestimenta femenina estrictos.
Pero es el período posterior inmediato de la desastrosa guerra con Israel el que trajo el hundimiento rápido del rial iraní y, con él, la última crisis para el régimen.
La moneda ha perdido un 60% de su valor contra el dolar desde entonces, llevando la inflación a nuevas alzas. La inflación de los alimentos tocó el 64% en octubre, según el Banco Mundial, el segundo nivel más alto en el mundo después de Sudán del Sur. Un agente de bienes raíces en la ciudad céntrica de Shiraz dijo que el precio de una bolsa de 22 libras de arroz importado premium aumentó un 15% la semana pasada, y su almacenero le advirtió que está a punto de aumentar otro 6% pronto.
Será difícil para los planificadores económicos de Teherán frenar la caída. Durante años, las sanciones internacionales han restringido la capacidad de Irán de operar con bancos y comerciar con el resto del mundo. Tampoco puede acceder al grueso de sus reservas de moneda extranjera mantenidas en el extranjero; los bancos internacionales no permitirán transferencias a Teherán debido a las sanciones.
“Sin acceso a las reservas, la presión artificial sobre el rial no disminuirá,” dijo Esfandyar Batmanghelidj, ejecutivo principal de la think tank Bourse & Bazaar, enfocada en Irán.
A la riqueza petrolera de Irán no le está yendo muy bien tampoco. Posee la cuarta reserva de petróleo crudo más grande del mundo y la segunda reserva más grande de gas natural, pero se le impide exportar la mayoría de ello debido a un embargo petrolero estadounidense.
Al gobierno despojado de dinero en efectivo ahora se le están agotando las opciones para proteger a su población del impacto de las sanciones, dijo Sina Toossi, miembro principal no residente en el Center for International Policy, una think tank.
El jueves, el presidente iraní Masoud Pezeshkian dijo que su gobierno dejaría de distribuir monedas extranjeras a tasas subsidiadas, lo que a menudo beneficia a empresas conectadas al régimen. El gobierno se ha visto obligado a cortar los subsidios a los precios del combustible para conservar los fondos necesarios para ayudar a los más pobres. También obligó a un banco principal a ir a la quiebra debido a sus deudas insostenibles.
Muchos comerciantes que importan bienes extranjeros simplemente han dejado de hacer negocios. El mercado central de Teherán, el bazar, ha estado en gran medida cerrado desde el domingo. Los comerciantes dijeron que la moneda en caída rápida significa que ellos asumen grandes pérdidas en cada venta.
Con las protestas acumulándose, el gobierno ha cerrado temporalmente las universidades y escuelas citando el clima frío, una medida que los analistas dijeron era un esfuerzo por contener las manifestaciones pero que está sumando a la sensación de crisis.
El gobierno ahora se encuentra en un dilema. Bajo la guía del líder supremo Ali Khamenei, el régimen ha insistido en que no renunciará a la capacidad de enriquecer uranio. Las demandas estadounidenses que lo haga han hecho descarrilar las conversaciones de Washington con Teherán y han impedido que se reinicien las negociaciones. A principios de esta semana, Trump dijo que Irán sería atacado rápidamente si intenta reconstruir su programa nuclear tras la guerra de los 12 días.
Muchos iraníes están vinculando su calidad de vida empeorada con la insistencia de su gobierno en continuar el programa nuclear. Una encuesta de octubre del 2024 encontró que el 78% de los iraníes ven la política exterior de Teherán como la causa de sus problemas económicos, de acuerdo con el Middle East Institute, la think tank de Washington que encargó el estudio. Un 47% de los iraníes quieren que Teherán detenga el enriquecimiento de uranio para impedir otra guerra, mientras que el 36% quiere que continúe el programa, de acuerdo con un sondeo en noviembre de Gamaan, un grupo investigador radicado en Países Bajos.
Pero aunque las autoridades han dicho públicamente que escucharán las demandas de los manifestantes respecto a la economía, el parlamento de Irán, el ejército, el aparato de seguridad y el poder judicial se han vuelto crecientemente dominados por los intransigentes. Hay poco espacio para nuevo pensamiento.
Hasta ahora las protestas y cánticos sobre “muerte al dictador” carecen de la masa crítica y deserciones de alto nivel que podrían llevar al cambio de régimen, dijo Toossi. Los servicios de seguridad también parecen preparados para reprimir la actual ola de disenso, como lo hicieron durante protestas previas en los años 2017, 2019 y 2022. Siete personas han sido asesinadas hasta ahora en la última agitación, de acuerdo con Human Rights Activists in Iran.
Queda por verse, no obstante, cuantos sacudones puede absorber el sistema antes de empezar a desmoronarse, dijo Roozbeh Aliabadi, consultor iraní en la empresa de asesoría geopolítica Global Growth Advisors.
“La lealtad se vuelve más difícil cuando la mesa de la cena familiar se está vaciando," dijo él.
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