viernes, 15 de mayo de 2026

 *Por qué Jerusalem?.59 años de una ciudad milenaria*

Por Natalio Steiner

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Jerusalén no es una ciudad cualquiera. Es nuestra luz, nuestra esperanza, nuestro corazón palpitante. El Ministerio israelí de Jerusalén y Patrimonio trabaja durante todo el año —laicos, religiosos, judíos y musulmanes, jóvenes y adultos— conectándose nuevamente con el lenguaje de Jerusalén.
Por generaciones, el pueblo judío soñó con llegar a Jerusalén y rezó por ella. “Si te olvidare, Jerusalén…” fue mucho más que un verso bíblico: fue el símbolo de una esperanza milenaria. Durante siglos, aun en los momentos más oscuros del exilio, Jerusalén permaneció viva en la memoria colectiva judía.
Hace 59 años, la ciudad fue reunificada. Desde entonces, Jerusalén volvió a convertirse en el centro espiritual, histórico y nacional del pueblo judío. No se trata solo de un lugar físico: Jerusalén es una experiencia, una identidad y una conexión emocional profunda.
La ciudad no pertenece únicamente a quienes viven en ella. Jerusalén es patrimonio de todo el pueblo judío y también un espacio abierto para millones de personas de todas las religiones y culturas. Aquí conviven tradición y modernidad, espiritualidad y creatividad, historia y futuro.
Quien camina por Jerusalén siente que cada piedra tiene una historia. Sus callejones, mercados, sinagogas y barrios cuentan relatos de generaciones enteras. La ciudad es también un motor de innovación, cultura y turismo, y continúa desarrollándose mientras preserva su esencia única.
La hermosa transformación
En Jerusalén se impulsan numerosos proyectos de renovación urbana, restauración histórica y desarrollo comunitario. La ciudad se expande y florece, manteniendo un delicado equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo.
Jerusalén no es solamente una capital política. Es un símbolo universal. Es la ciudad hacia la cual se elevaron plegarias durante miles de años y desde la cual continúa irradiándose inspiración hacia el mundo entero.
Como escribió el poeta Yehuda Amijai:
> “Jerusalén es un coro.
Cada uno escribe su parte.
Y juntos forman una melodía que nunca abandona el mundo”.
Y por eso, vale la pena volver a abrazar Jerusalén una y otra vez.

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