"Mira, explícame una cosa. ¿Por qué los judíos tienen tantos problemas con los musulmanes? Durante siglos pudieron vivir seguros bajo el islam, que los protegía. ¿No es eso ingratitud? Primero fuiste a casa de otro y luego se la arrebataste".
He escuchado esta pregunta demasiadas veces. Y siempre la respuesta es la misma: se trata de una pregunta basada en premisas erróneas, una que invierte la realidad, transformando la opresión en un favor y la ocupación en hospitalidad.
Más allá del hecho de que el 20 % de la población de Israel es árabe y goza exactamente de los mismos derechos que el resto —algo que nunca sucedió para los judíos en ningún país islámico—, la cuestión de "vivir seguros bajo el dominio musulmán" es un asunto de perspectiva. Porque esa seguridad no era un regalo; era un pacto de sumisión. Los judíos, al igual que los cristianos, eran *dhimmis*: protegidos, sí, pero protegidos a condición de reconocer la superioridad del islam, pagar un impuesto especial, abstenerse de construir nuevas sinagogas o manifestar su fe, y evitar ocupar cargos públicos o portar armas. Eran ciudadanos de segunda clase en una tierra que ya no les pertenecía, pues "Siria del Sur" —la tierra donde los judíos habían vivido durante milenios— se había convertido en territorio islámico por derecho de conquista.
Ya he hablado sobre lo absurdo del argumento de que "pagabas y eras libre"; bajo esa lógica, lo mismo se aplicaría al dinero de una extorsión. Si pagas, estás protegido. Pero también estás subyugado. Y la diferencia entre protección y subyugación es la diferencia entre un ciudadano y un súbdito.
Pero aquí quiero resaltar una inversión de la realidad aún más profunda. No son los judíos quienes tienen un problema con los musulmanes; es el islamismo —específicamente los Hermanos Musulmanes— el que tiene un problema con los judíos. En parte porque son judíos —y el antisemitismo es una parte integral de la narrativa islamista— y en parte porque, bajo el principio de *Dar al-Islam* (la "Casa del Islam"), una tierra conquistada por el islam no puede perderse. Una vez que un territorio ha entrado en el *Dar al-Islam*, nunca puede salir de él, aunque sus habitantes no sean musulmanes y lleven allí tres mil años. Es el mismo principio que llevó a ISIS a reivindicar la península ibérica y Sicilia. Para ellos, esas tierras fueron conquistadas por el islam y, por tanto, siguen siendo islámicas para siempre. No importa que hayan pasado siglos, que las poblaciones hayan cambiado o que la historia haya seguido derroteros distintos. En la lógica islamista, la conquista es eterna.

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