Cuando suena el Shofar nos declaramos responsables ante Dios. Nos hacemos cargo de lo que hemos hecho mal y de lo que no hemos hecho bien.
El Shofar es un cuerno de carnero. Y al escuchar el Shofar recordamos el sacrificio de Yitzhaq. Y le pedimos HaShem que considere lo que hizo nuestro padre Abraham como un mérito para todos nosotros, sus descendientes.
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