lunes, 14 de mayo de 2012

Ilan Pappe y la elección de El País

Ilan Pappe y la elección de El País por Masha Gabriel 2 de Mayo de 2012 El diario español El País volvía a publicar el 28 de abril de 2012 un artículo de Ilan Pappe en el que una vez más da rienda suelta a su activismo anti-israelí, haciendo prevalecer la ideología sobre la verdad. En Paz, partición y paridad, el historiador recurre a la manipulación de datos para emplearlos a favor de su causa y utiliza las páginas de El País para su cruzada personal. Lejos de cualquier matiz, el artículo de Pappe no es sino una catarata de acusaciones contra el estado de Israel en la que la terminología empelada por el autor demuestra su posicionamiento desde el maniqueísmo más visceral: “la desposesión de los palestinos”, “limpieza étnica”, “prisión al aire libre”, “los villanos de esta historia”, “maquiavélica treta”, “abusando, humillando y destruyendo las vidas y los derechos de todo un pueblo”, “esclavos de una burocracia diabólica”, “responsables de abusar, deshumanizar y destruir los derechos y las vidas de los palestinos”... Pero poco o nada es verdad. En esta ocasión Pappe tiene el arte de hacer que algo normal parezca sospechoso. Inicia su artículo denunciando un supuesto plan secreto israelí para controlar Cisjordania antes de la guerra de los Seis Días, y dándole unas connotaciones conspirativas. Según él el plan Shaham: “tenía como objetivo principal adiestrar al Ejercito en el control de Cisjordania cuando —llegado el momento— se ocupara militarmente.” El problema es que por mucho que se empeñe la pluma de Pappe en hacer aparecer este plan como una muestra más de la perversión israelí preparada a conquistar territorios en su glotonería colonialista, esto no es nada extraño ya que los servicios militares de todos los países del mundo han diseñado planes de defensa en caso de que una guerra tuviera lugar. Obviamente, estos planes son siempre secretos, no sólo en la “conspirativa Israel” que habita en la mente de Pappe, aunque a veces, se filtran a los medios. Así países como Estados Unidos tienen sus planes de contingencia, o la misma España contaba con el Plan Ballesta en caso de conflicto con Marruecos. Por cierto que también los países árabes tenían planes con respecto a Israel, pero son archivos, que a excepción de Jordania, no han sido desclasificados. Aunque teniendo en cuenta la amenaza de 1948 de “arrojar a todos los judíos al mar”, no parece difícil imaginar que no auguraban nada bueno para los israelíes. Asegura Pappe que: “El plan —cuyo nombre en clave era Shaham— dividía a Cisjordania en ocho distritos con el fin de facilitar la aplicación sobre ellos de una normativa estrictamente militar.” El plan no dividía nada, sino que respetaba las divisiones de Cisjordania ya existentes anteriormente: Jenin,Nablus, TulKarem,Jerusalem,Jericho,Beth Lahemy Hebron. Por otra parte, Pappe explica que: “En mayo de 1967 el mencionado plan se puso en marcha permitiendo que los respectivos gobernadores militares de cada uno de estos ocho distritos pasaran a ser lo que el coronel Elimech Avner no tuvo reparos en calificar como “monarcas absolutos” pues, desde el principio, no dudaron en aplicar las regulaciones de la normativa militar enteramente a su gusto.” ¿Mayo de 1967? Extraño, teniendo en cuenta que la Guerra de los Seis Días (durante la cual Israel toma la administración de Cisjordania de manos de los Jordanos) no empieza hasta junio. Por cierto, que a pesar de que Pappe pretenda hacerla aparentar como una guerra colonial ansiada por los israelíes, la guerra de junio del 67 es una guerra defensiva por parte de Israel, enfrentada a un casus belli. Pero como un artículo de Ilan Pappe no es un artículo completo si no hay algún asomo de comparación entre los israelíes y los nazis, Pappe aprovecha la oportunidad que se le brinda para añadir que: “Por cierto, muchas de estas regulaciones habían sido introducidas durante el mandato británico y —en aquella época— habían sido calificadas como “nazis” por los propios líderes sionistas.” No entraremos en la burda comparación, pero sí hay que subrayar que todas las reglas aplicadas por los israelíes tras tomar el mando de Cisjordania son las reglas existentes desde el mandato británico, bajo el nombre de Regulación de Defensa, que tampoco fueron abolidas por los jordanos durante sus años de control. Entre otros motivos contemplados para no cambiar las leyes existentes está que según la legalidad internacional, Cisjordania no era anexada a Israel, con lo cual el estado “administrador” no tenía derecho a cambiar las leyes existentes. Es interesante leer las memorias de algunos implicados en el plan Shaham que explican cómo una vez al mando de Cisjordania, “no sabíamos qué clase de estructura administrativa queríamos” (Shlomo Gazit – Primer comandante de la comandancia civil). Luego el Plan Shaham no había sido diseñado con tanta precisión, ni probablemente sea tan relevante como Pappe pretende insinuar. Poco después, Pappe explica la verdadera intención de su artículo, cuestionar “la validez de la ideología sionista”. Según él: “Esta ideología defiende sobre todo dos principios esenciales: el esfuerzo de controlar al máximo la Palestina histórica y el de reducir —también al máximo— la población palestina. O dicho de otra forma: se trata de conseguir el máximo de tierra con el mínimo de gente (palestina).” Más allá de lo sonoramente épico de su argumentación, Pappe falla al definir la “ideología sionista” que él tanto odia, ya que ésta no es más que un movimiento que reclama el derecho de los judíos a tener su propio estado en su tierra histórica. Hay que recordar una vez más, que no fue Israel quien inició las guerras contra sus vecinos. Al contrario, al aceptar la partición de 1947 Israel aceptaba la existencia de un Estado árabe soberano al lado de sus fronteras. Durante el discurso de Independencia de 1948, Ben Gurion lo dejaba claro en su llamamiento a los palestinos proponiendo “una oferta de paz y buena vecindad” y exhortándolos “a establecer vínculos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío soberano asentado en su tierra.” La respuesta fue una declaración de guerra de todos los países vecinos, y hasta no vecinos, como Iraq. En dicha contienda, Gaza pasó a manos de los Egipcios y Cisjordania a las de Jordania. No fue hasta 1967, en otra guerra defensiva, que Israel pasó a administrar esos territorios, y que tal y como ha declarado en numerosas ocasiones, está dispuesto a abandonar a cambio de un acuerdo de paz. Sin embargo, para Pappe, la realidad está ligada a una agenda política más que a unos hechos históricos. ¿Cómo sino se puede entender su siguiente afirmación? “En el año 1948 se consiguieron —casi— los dos objetivos. Esta victoria fue el resultado de una serie de circunstancias históricas y —cómo no— de una victoria en toda regla sobre las muy mal pertrechadas tropas palestinas. Como resultado de esta victoria, la mitad de la población palestina tuvo que salir huyendo, la mitad de sus ciudades y aldeas quedaron destruidas y el 80% de la Palestina histórica fue ocupada por el Estado Judío de Israel.” 1- No eran “muy mal pertrechadas tropas palestinas” sino cinco ejércitos árabes armados hasta los dientes: Líbano, Siria, Iraq, Egipto y Transjordania atacaron al recién proclamado estado, con ayuda de voluntarios libios, saudíes y yemeníes. ¿Es posible que el historiador ignore este dato? 2- Jamás esas tierras pertenecieron a los hoy llamados “palestinos” y en 1917, con la Declaración Balfour, los británicos acceden a devolver a los judíos el 100% del territorio, sin embargo en 1922, la Liga de las Naciones partió la llamada “Palestina histórica” en dos: otorgando aproximadamente el 80% para un Emirato de Transjordania y un 20% para los judíos. Posteriormente, en 1947, la ONU decidió volver a partir ese 20% destinado a los judíos en dos: 45% para los árabes y 55% para el Estado judío. Es decir que Israel representa aproximadamente un 11% de la “Palestina histórica”, mientras que el 89% restante ha quedado en manos árabes-palestinas. ¿Desconoce también estos hechos el historiador? No. Simplemente que su misión no es la de ceñirse a los hechos, sino la de endoctrinar a sus lectores. Hay que destacar en este sentido las palabras del propio Illan Pappe en una entrevista concedida en 1999 a Baudouin Loos para el diario belga Le Soir: "Admito que mi ideología influencia mis escritos históricos, ¿y qué?". Su compromiso con la militancia en detrimento de la verdad, ha hecho que incluso historiadores de su misma corriente revisionista, como Benny Morris, hayan afirmado de él: "Lamentablemente, mucho de lo que Pappe trata de vender a sus lectores es montaje." Incluso aquellos que comparten la ideología de este autor se han visto en difíciles situaciones por fiarse de sus escritos. Recientemente, Porter Speakman, Jr., productor del documental anti-israelí With God on our side, se disculpó públicamente, ya que se había basado en unas supuestas frases atribuidas por Ilán Pappe a David Ben Gurion. Esas citas no pudieron ser comprobadas ni siquiera en las fuentes que Pappe nombraba, y el productor se comprometió a suprimirlas en futuras ediciones de la película. ¿QUÉ QUIERE SER EL PAÍS? Entonces ¿por qué El País se empeña en difundir sus artículos? ¿Qué clase de prestigio pretende mantener con la publicación una y otra vez de este tipo soflamas ideológicas? ¿Editarán una contrapartida a la altura? ¿Algún otro historiador israelí, más afín a otra ideología, verá publicados con la misma asiduidad sus artículos sobre, por ejemplo, la identidad de los palestinos? ¿Escribirá mensualmente Efraim Karsh una columna de opinión acerca de la guerra del 48? ¿O Yoav Gelber acerca de las matanzas contra judíos anteriores al 48? Es más que probable que esto no suceda. Amparados en una supuesta libertad de expresión, El País ofrece su tribuna a reconocidos distorsionadotes de la realidad como Ilan Pappe, única y exclusivamente porque éste abraza una ideología que el diario parece querer compartir. Ha llegado la hora de que El País decida si quiere estar más cerca de periódicos de categoría o de páginas doctrinarias de Internet. Esa es la crisis del periodismo a la que se enfrenta.