viernes, 11 de mayo de 2012

UNA LECCIÓN DE AMOR DE NUESTROS MÁRTIRES

Horario (Bs As) Encendido Velas de Shabat 11/May/12 17:47Hs. - Motzaei Shabat 12/May/12 18:41 Hs. Perasha Emor BS"D UNA LECCIÓN DE AMOR DE NUESTROS MÁRTIRES Como lo hemos mensionado, en nuestra perasha figura la Mitzvá de Kidush HaShem con las palabras: “Y Santificaré Mi Nombre dentro de los Hijos de Israel”. Rash”i explica que con la expresion “y me santificaré”, HaShem le dice a la persona: “Entraga tu vida y santifica Mi Nombre”. En relación a este tema, Rabi Eliahu Dessler ZTz”L escribió una carta cuyo texto es el siguiente: Había una ciudad pequeña en Europa central llamada Kélem. ¿Quién queda hoy en día que la haya conocido, y que haya palpado la Luz de la Verdad, que emenaba de sus grandiosos personajes? Muy pocos… ¿Quién existe, de aquella época de oro, que apresie realmente el valor incalculable de aquel lugar sagrado? Ni uno, quizás… En esa ciudad había una casa, llamada por todos: “La casa del estudio de Torá”. ¿Acaso alguien se imagina la Santidad que brotaba de cada uno de sus rincones? Todos sus Jajamim (Sabios judíos) y sus alumnos; todos los piadosos, guardaron para siempre la imagen de su gigantesca estatura espiritual, como nunca hubo algo igual… Desde aquella época decia la gente que conocía el lugar: “Esta casa siempre permanecerá en pie; hasta que venga Mashiaj. Porque así lo pidió su constructor delante del Rey del Mundo”. Sin embargo lamentablemente no fue así. Con la barbarie nazi le llegó el turno a la destrucción también a la “Casa de Estudio de Torá” de Kélem. ¿Por qué? Por causa del pecado de la generación. El mismo Bet Hamikdash (Templo Sagrado Judío) no se salvó de la presa de las llamas, en su momento. ¡Si el Bet Hamikdash, que estaba en Ierushalaim, se destruyó y no se construyó, ¿cómo va a mantener un lugar como ese fuera de los límites de Eretz Israel?. No obstante, debemos saber que no todas las destrucciones son igualmente definitivas. No todas las desapariciones son iguales. Hay muertes y hay muertes. Hay quienes estando vivos estan muertos, porque sus almas yacen sin vida dentro de sus cuerpos. Cuando mueren también sus cuerpos, se produce un exterminio total. Una persona que careció de valores, después de muerto ya no queda nada de él, casí como cuando su corazón latia. Ni estaba ni está tampoco ahora. Una muerte así es una destrucción total. En cambio cuando se va de este mundo un justo no es una destrucción, sino que la “vestimenta” (el cuerpo) se desprende, pero “el contenido” (el alma) queda, pues, como se ha mensionado, ésta es una parte de la Divinidad. La cubierta exterior de la persona se desprenda, pero cuando mas la persona haya hecho en su vida actividades espirituales, más habrá conseguido un “contenido” rico y sustancioso, y eso es lo que luego queda y sube hacia el Cielo. Cuando la persona abandona éste mundo, sólo cuenta con la santidad que acumuló en su vida terrenal. Si fue santo, santo seguirá siendo aún despues de muerto. Iaakob Abinu (Nuestro Patriarca) no murió, sino que sigue vivo eternamente. La regla es: Toda persona que haya asimilado “La Verdad”, no muere, sino que cuando su físico deja de vivir, sube su alma a una categoría Celestial, fortaleciendose y expandiendose. Por eso dijeron nuestros Jajamim: “Los Tzadikim (Justos), despues de muertos, son mas grandes que cuendo vivian”. Realmente, ¿cómo se fueron de este mundo los grandes Tzadikim; los ricos de corazón; los que lleveban en alto la bandera de La Verdad?. Recuerdo los años pasados… La noche de Simjá Torá en la “Casa del estudio de Torá”. Salian todos los Jajamim y los Rabinos de la ciudad a la calle, y bailaban entusiasmados y emosionados. Gritaban y cantaban la canción: “¡Dichosos de nosotros! ¡Qué suerte tenemos…!” Pasaron como cuarenta años… Llegaron los días aciagos del holocausto, y los Jajamim y los rabinos se reunieron en la “Casa del estudio de la Torá”, junto con sus familias, para elevar su clamos hacia el Cielo e implorar misericordia al Misericordioso. Esa vez, las Puertas del Cielo estaban cerradas. Y las puertas de la “Casa del Estudio de la Torá” se encontraban los asensinos… Se llevaron a todos : Hombres, mujeres y niños, a la misma calle donde antes bailaban en Simjá Torá. Y de ahí, directamente a los campos de exterminio… ¿Alguien se puede imaginar qué fue lo que hicieron aquellos Tzadikim mientra se dirigian a las fabricas de la muerte? ¡Se pusieron a bailar! Y en lugar de llorar y lamentarse, cantaban hasta quedarse afonicos: “¡Dichosos de nosotros! ¡Qué suerte tenemos…!” “Qué bueno que somos Iehudim…!” Así fueron cantando y bailando, entregados a un extasis de felicidad y regocijo, cada vez con más emoción, sin que nada ni nadie los haga desistir de su sentimiento, hasta llegar al campo de concentración. Allí entregaron sus vidas al Creador, apegados a Él, contentos de saber que cumplieron total y absolutamente, con la Mitzvá de Kidush HaShem. Los caminos de la verdad son muy profundos. Muy profundos… Quién puede encontrarlos… Y por eso tales caminos no muchos los conocen; sólo los escogidos… Sólo los Hombres de la Verdad… Mucho se preguntan: Bueno. Pues ¿qué se ganó con esas muertes? Todos aquellos Iehudim fueron exterminados (físicamente) por decreto, y se entregaron para cumplir la Mitzvá de Kidush HaShem. Eso ya lo sabemos: Pero los asesinos no lo hicieron por respetar la Voluntad Divina, sino porque quisieroin acabar con todos, sin hacer distinción entre devotos o ateos. Cada uno que haya nacido Iehudí, fue elegido para ser exterminado. ¿Qué significa todo esto? ¿Acaso se le dio a alguien la opción de no querer entregar su alma? ¡Realmente esto merece una explicación! Ciertamente, los Hombres de la Verdad, ellos sí sabían el porqué de todo: No era una prueba para saber quien sería exterminado y quien no. Tampoco era para que los Iehudim entregaran sus vidas cumpliendo la Mitzvá de Kidush HaShem públicamente. El motivo era mucho mas profundo de lo que nosotros pensamos, pues iba a revelar la acción más grande que la persona pueda imaginar: Todo eso ocurrió para mostrar quien tenía su corazón sincero, y quien se dispondría a entregar su alma a HaShem de todo corazón… Aquellos que así lo hicieron, no hubo en sus corazones ningún sentimiento ajeno al verdadero amor hacia HaShem. Cuando sus vidas se estaben yendo de sus cuerpos sentías alegría y contento… Porque sabían que de esa manerase apegaban a su Creador… (Ialkut Lékaj Tob – Emor)