CÁMARA DE REPRESENTANTES-comite central israelita
El acto tuvo una significación extraordinaria que destacan las agencias internacionales y los medios de prensa de muchos países. Desde aquí, queremos sumarnos al homenaje a la memoria de ese estadista y formular algunas consideraciones.
Yitzhak Rabin fue un guerrero y, al mismo tiempo, un pacificador. Luchó en pro de la existencia del Estado de Israel y, luego, para defender esa existencia. Llegó a ser el general más joven de Israel, con treinta y un años, y fue jefe de Estado Mayor de su país durante la Guerra de los Seis Días.
Ya retirado de la vida militar, fue embajador en los Estados Unidos de América, donde adquirió una experiencia que luego le fue muy útil en su actuación política que, precisamente, comenzó a su retorno, llegando a ser primer ministro, por primera vez, entre 1974 y 1977. Ya entonces comprendió que era necesario tomar iniciativas que condujeran a la paz con los Estados árabes y a soluciones para el problema con el pueblo palestino. En ese sentido, en su primera gestión de gobierno logró el entendimiento con Siria para el cese del fuego estable en los Altos del Golán.
Luego debió abandonar su cargo por diversas razones y recién regresó quince años más tarde, para ser primer ministro por segunda vez, entre 1992 y 1995. En esta segunda etapa, inició desde el primer momento negociaciones secretas con la Organización para la Liberación de Palestina, conducida por Yasir Arafat, lo que para muchos, en aquel momento -en Israel y fuera de allí- era prácticamente impensable.
Finalmente, esas negociaciones fructificaron en la celebración de los acuerdos de Oslo, firmados en setiembre de 1993, en la ciudad de Washington, estableciendo entendimientos entre la Autoridad Palestina y el Estado de Israel que, al cabo de cinco años, habrían de conducir a la existencia de un Estado palestino en relaciones de paz con Israel. Al año siguiente, en 1994, Rabin condujo las negociaciones que culminaron en la celebración de un acuerdo de paz con Jordania.
Es importante señalar que estas iniciativas fueron acompañadas por una decisión de este primer ministro valiente y corajudo de disponer el cese de la política de asentamientos israelíes en tierras ocupadas. Esto fue generando una oposición intensa al interior de Israel, que en algunos sectores se radicalizó y terminó cuando un fanático extremista le diera muerte al cabo de un acto -celebrado en la plaza donde se le recordó el sábado pasado-, en defensa de la paz. Después de que miles de jóvenes se habían reunido, habían cantado y bailado y lo habían escuchado hablar en favor de la paz, cuando se retiraba el primer ministro, le dispararon desde atrás, matándolo.
Su figura adquirió así el carácter de un verdadero símbolo, de alguien que, por un lado, había defendido a Israel y al pueblo judío con las armas en la mano y, al mismo tiempo, había entendido que había que buscar la paz con los árabes, particularmente con los palestinos, y estaba dispuesto a entregar territorio por paz para llegar a esa solución.
Creo que, desde ese punto de vista, la actuación de Rabin es verdaderamente ejemplar; es una referencia a tener en cuenta en la búsqueda de soluciones de paz estable en Medio Oriente.
La celebración del pasado sábado -se recordó su figura, su esfuerzo a favor de la paz y, al mismo tiempo, se reclamó respeto y tolerancia por quienes piensan distinto en Israel, por quienes tienen visiones acerca de la paz que no son las mismas que las del gobierno- tiene un profundo significado democrático, un significado de respeto y tolerancia por la opinión ajena, de rechazo de toda forma de fanatismo, para que no vaya a producir nuevas muertes, como dijo una de las oradoras, la exministra Tzipi Livni, que es una de las figuras importantes de la oposición en Israel.
Desde aquí sumamos nuestra voz al homenaje de Rabin y, como ciudadano de un país que en su momento apoyó la decisión de las Naciones Unidas de promover la creación de dos Estados en Palestina -el Estado de Israel, el del pueblo judío y, al mismo tiempo, un Estado árabe-, manifestamos que sigue siendo esa la solución, el camino a recorrer y, para recorrerlo, el ejemplo de Yitzhak Rabin seguramente será una referencia insoslayable.
Solicito que la versión taquigráfica de mis palabras se curse al Ministerio de Relaciones Exteriores, a la Embajada de Israel y al Comité Central Israelita en el Uruguay.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.