TEXTO QUE NECESITO PARA SEGUIR…
¿Realmente no escuchas esa voz?
Puede, ser, no lo descarto, tal vez soy yo quien escucha sonidos extraños.
El mundo me aturde, la realidad me estremece, y no por la cantidad de vehículos o por la multitud de gente y sus teléfonos móviles.
¡Concluyentemente no!
Me aturde la voz que me pregunta: ¿pero qué haces? ¿no ves que esto puede terminarse en cualquier instante?
Me impresiona la voz que me interroga y que me indaga: ¿pero realmente lo que haces es lo que viniste a hacer al mundo? ¿no estarás perdiendo y desperdiciando tu tiempo?
Me deslumbra el asombro que me provoca seguir, tantos años, sin poder aún comprender ni siquiera el sentido de una flor, o de un grupo de aves migratorias atravesando el cielo de mi ciudad.
Me sorprende ver caminando a una gran cantidad de personas, de aquí para allí, yendo y viniendo, como si estuvieran cómodas, seguras, placenteras, recorriendo las calles que son cornisas, las veredas que se extienden junto al abismo más recóndito e insondable.
Sí, definitivamente son voces que yo escucho, y que no permiten que mi alma se distraiga o se duerma.
Experimento mi alma extranjera, extraviada en calles conocidas, intentando descifrar el Sentido del drama urbano, del sufrimiento propio y ajeno, y el de esa tremenda fuerza que me lanza siempre hacia delante, como si la respuesta me esperara allí, al final del camino.
¿Tal vez después del camino?
Experimento mi única certeza: el intento de comprender al mundo, reclinado sobre letras y versículos, de los que bebo lo más bello y lo más puro.
Lo indecible, lo inenarrable.
La esperanza de la Esperanza.

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