jueves, 6 de febrero de 2025

DEL WSJ

 LA NUEVA SOCIEDAD DE TRUMP Y NETANYAHU

Ellos pueden encontrar terreno común en una política de restaurar la fuerza israelí y la disuasión estadounidense.

Por David Wurmser
Febrero 3, 2025
traducido Marcela Lubczanski
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se reúne esta semana con el Presidente Trump en un tiempo de agitación en la relación entre Estados Unidos e Israel. Los dos tienen una oportunidad de establecer los contornos de un nuevo marco estratégico.

Desde que lanzó su respuesta a los ataques del 7 de octubre del 2023 por parte de Hamas, Israel ha redefinido la dinámica del Medio Oriente. Ha contenido la plaga del poder iraní, la cual se difundió a lo largo de la región por cerca de cinco décadas, y se estableció como una potencia regional—tal vez una sin un rival claro. La administración Trump planea apoyar estos acontecimientos a través de un novedoso marco de política exterior: Estados Unidos reducirá su huella global, empoderará a sus aliados y realzará su propia fuerza.

Durante la mayoría de los últimos 16 años, los gobiernos de Obama y Biden complicaron y debilitaron la posición de Israel en el Medio Oriente. Su temor a la escalada y enredo—y la creencia que las ideologías más radicales de la región podían ser domesticadas—los llevaron a buscar una serie de ceses del fuego que salvaron a los enemigos mortales de Israel, dejaron que los conflictos se enconen, y encadenaron contínuamente al estado judío. Esto, a su vez, reforzó la reputación regional de Estados Unidos como un aliado pérfido.

La estrategia de Obama-Biden también profundizó el involucramiento del ejército de EE.UU. en el Medio Oriente. Cuanto más ató Washington a Israel y otros aliados, más tuvo EE.UU. que llenar la brecha de seguridad. En el 2016, el Presidente Obama instó a una coalición liderada por Arabia Saudita a no capturar el puerto Hodeidah controlado por los hutíes en el Mar Rojo, afirmando preocupaciones humanitarias. Esto ayudó a retrasar los planes de los Emiratos Arabes Unidos de capturar el puerto en el 2017. En el 2022, bajo presión de la administración Biden, las facciones aceptaron un cese del fuego que dejó a los hutíes en control del puerto. Dos años después, ellos están aterrorizando el Mar Rojo, forzando a Estados Unidos a incrementar sus operaciones en la región.

El enfoque de Obama-Biden siguió un consenso sostenido por las élites estadounidenses que se remonta al final de la guerra entre Israel y Egipto en 1970, cuando EE.UU. presionó a Israel para que ejerza restricción después que Egipto el cese del fuego. La idea era que Estados Unidos reforzaría la paz demandando la pasividad estratégica de Israel a cambio de mayor apoyo, protección y fondos estadounidenses. El cambio de Israel a una defensa más reactiva fue desastroso. Egipto y Siria lanzaron un ataque sorpresa en la Guerra de Iom Kipur de 1973. Pero en lugar de abandonar su enfoque reactivo, Jerusalén lo continuó, volviéndose más dependiente de EE.UU. para armas y fondos. El concepto fracasó nuevamente de forma catastrófica el 7 de octubre. Ahora Israel ha regresado a su asertividad, iniciativa y autosuficiencia anteriores a 1970. El retorno del Sr. Trump a la Casa Blanca reforzará la nueva estrategia de Israel.

El retorno del Sr. Trump a la Casa Blanca reforzará la nueva estrategia de Israel. Su política de Estados Unidos primero se basa en dos pilares. En primer lugar, él promete “ninguna guerra nueva.” En segundo lugar, busca reconstruir el respeto global por Estados Unidos. Tal poder y resolución, combinados con la promesa de una respuesta intensa cuando es retado o acosado, pueden disuadir la guerra.

Sin embargo, la primera prioridad del Sr. Trump podría contradecir a la segunda. Si el mundo cree que Estados Unidos es fundamentalmente adverso a la guerra, sus enemigos pueden no sentir el temor y respeto que apuntalan la disuasión. Esto es particularmente así con grupos terroristas radicales tales como Hamas y al Qaeda, que valoran tan poco la vida que son impermeables a las amenazas occidentales.

El Sr. Trump puede alinear los dos objetivos convirtiendo a los aliados poderosos en la vanguardia de la defensa occidental. Washington durante años ha permitido que muchos de sus aliados sean estratégicamente pasivos a cambio de mayor inversión militar y financiera. El deseo del Sr. Trump de cambiar esta dinámica es la razón por la que él está demandando que los países europeos incrementen su gasto en defensa para que puedan contrarrestar de forma independiente las amenazas para el continente.

El cambio estratégico de Israel hacia la fuerza se alinea con la visión global del Sr. Trump. Pero establecer esta nueva relación requiere que Israel surja de la guerra actual no sólo como un aliado estadounidense sino como un poderoso defensor de los valores occidentales. En el corto plazo, el apoyo más grande que puede dar Estados Unidos a Israel son armas y cobertura diplomática. En el largo plazo, Estados Unidos debe proporcionar apoyo moral firme para la supervivencia y legítima defensa del pueblo judío en su patria. 

La alternativa es una retirada estadounidense de la región, lo que invitaría al ataque y engendraría una percepción global de decadencia estadounidense. O Estados Unidos podría revertir hacia las políticas de las casi últimas seis décadas, cuando aumentó su participación mientras demandaba la debilidad israelí. Ningún camino ha llevado a la estabilidad regional, ni redujo la participación de Estados Unidos en el Medio Oriente, ni aseguró los intereses estadounidenses, ni realzó el respeto global por Estados Unidos. 

Los esfuerzos estadounidenses por atar a Israel, proteger a sus enemigos y compensar la debilidad israelí con sus propias fuerzas han llevado a más enredo y restringieron la capacidad de Israel de vencer a sus enemigos. En el Medio Oriente, ningún aliado es identificado más como un símbolo del Occidente que Israel, tampoco ningún país es tan capaz de combatir y defenderse aun sin tropas estadounidenses en el terreno. Los Sres. Trump y Netanyahu seguramente discutirán políticas específicas. Lo más importante, ellos forjarán una nueva e innovadora relación entre Estados Unidos e Israel que garantice la fuerza de Israel y haga uso de ella para promover los intereses de Estados Unidos.

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