por Douglas Murray • 5 de Noviembre de 2016

Salman Tasir (en el carte de la imagen izquierda) era el gobernador de la provincia paquistaní del Punyab cuando, en 2011, fue asesinado por un radical islamista por su defensa de la reforma de la estricta legislación islámica antiblasfema de aquel país. Imagen derecha: la Policía de Londres podría estar lanzando una investigación por 'delitos de odio' a cuenta de un libro difundido en una mezquita de la ciudad que explica que "todos los musulmanes deberían apoyar" al asesino de Tasir.
Si hay una pregunta que preocupe a la opinión pública en torno al asunto del islam radical es: "¿Cuál es el vínculo entre los extremistas y los moderados?". Los principales políticos del mundo occidental no son muy útiles para dar una respuesta, ya que insisten en que el islam radical no tiene nada que ver con el islam y en que los extremistas no pueden estar más alejados de los moderados. Sin embargo, la opinión pública tiene la impresión de que las cosas no son así.
A pesar de la sorprendente ausencia de debate público sobre los verdaderos perfiles de la discusión, la gente sabe que algo no cuadra en el análisis que ofrecen los políticos de la izquierda –y otros–. De hecho, no sólo percibe que sí hay cierta relación entre ambos (algo que niega el Partido Demócrata norteamericano, por ejemplo), sino que esa relación podría ser más estrecha de lo deseable. Un ejemplo se planteó hace poco en el Reino Unido en el lapso de tan sólo 24 horas.
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