domingo, 15 de abril de 2012

Amigos en prisión, enemigos en la calle


ESCRITO POR HENRIQUE CYMERMAN JERUSALÉN CORRESPONSAL PARA LA VANGUARDIA. CALALUNYA. ESPAÑA 0 COMENTARIOS

El apoyo a El Asad divide a los drusos del Golán, ocupado por Israel, que siempre se han sentido sirios

Es un microcosmos de la guerra sangrienta que sufre Siria. Los 20.000 drusos de los altos del Golán, ocupados por Israel desde 1967, siempre se han considerado ciudadanos sirios y mantienen vínculos políticos y económicos con la madre patria.

En los últimos meses también aquí, en los pueblos drusos de Machdal Shams, Buqata, Ein Qania o Mas'ada, ha surgido una fuerte oposición al régimen de Bashar el Asad. Cientos de personas salieron a la calle el viernes pasado para decirle al rais "game over", se acabó el juego. Frente a esta marcha, que portaba banderas de la Siria libre, otro grupo encabezado por los ancianos drusos celebraba los 65 años de la fundación del partido Baas y gritaba: "Bashar para siempre". Los dos grupos chocaron, rompiéndose mutuamente los carteles durante varias horas, hasta que finalmente se separaron con un balance de varios heridos.

A veces hay parientes en los dos bandos enfrentados. O incluso viejos compañeros de celda en una cárcel israelí.

Los revolucionarios están encabezados por los carpinteros y ex presos Wiham Amasha, de 31 años, y Amal Awdat, de 35. El carismático Wiham, nacido en Buqata, entró por primera vez en la cárcel israelí a los 16 años y ha pasado entre rejas 14 años, casi toda su vida adulta. Fue acusado de lanzar bombas sobre fuerzas militares hebreos, de agredir a supuestos colaboradores de Israel y, más recientemente, de organizar el secuestro de un soldado desde la cárcel.

"En prisión me declaré en huelga de hambre contra el régimen sirio, que no es más que una dictadura sangrienta y que continúa matando todos los días a cientos de seres humanos", acusa.

Su compañero Amal, que pasó siete años y medio en la cárcel, organizó una fiesta de bienvenida a Wiham cuando este, junto a otros mil presos, fue intercambiado por el soldado israelí secuestrado en Gaza, Gilad Shalit, liberado el pasado octubre. Sólo una parte de la población drusa acudió a la plaza central de Buqata para recibir a Wiham. Muchos le boicotearon por su apoyo a la revolución. "Cuando llegué a Buqata, tras 14 años de cárcel, sentí como si hubiese salido de la tumba, como si hubiese vuelto a nacer. Pero parte de mis hermanos me traicionaron", lamenta.

La más dolorosa, asegura Wiham, fue la ausencia de su compañero de celda y maestro, Asem el Weli, pintor y caricaturista de 45 años con el que compartió absolutamente todo en la cárcel de Beersheba. Asem encabeza la manifestación pro Asad y se niega a encontrarse cara a cara con su antiguo amigo. "Quien fomenta la revolución en nuestro país son países retrógrados como Qatar o Arabia Saudí, que con el dinero del petróleo intentan desestabilizar el régimen", afirma.

Tras horas de intentos de persuasión, Wiham y Asem aceptan verse cara a cara, con la condición de que sea en un lugar neutral: el estudio de televisión de un periodista druso. Se observan mutuamente con gran nerviosismo y en medio de un silencio sepulcral. Cuando el dibujante define a Bashar como un médico inocente y progresista, el joven Wiham estalla: "Te respeto personalmente y en los últimos años de cárcel añoré tus consejos de hermano mayor. Pero El Asad es un criminal que debe ser juzgado por un tribunal en Damasco que le haga pagar por cada gota de sangre derramada".

El diálogo de sordos continúa durante largos minutos entre incontables cigarrillos y litros de un explosivo café. El dibujante opina que sólo El Asad podrá encabezar reformar políticas.

De repente, ambos miran dos pantallas de televisión en la pared que reflejan realidades opuestas: en la primera, un canal árabe vía satélite muestra los cuerpos de 13 personas ejecutadas en Homs por los soldados de El Asad; en la otra, la cadena oficial siria emite imágenes bucólicas de una tranquila plaza de Damasco.

Wiham ríe con aire irónico y dice: "El pueblo nunca le perdonará los asesinatos de más de 2.000 personas en las últimas semanas. Más de 10.000 en un año".

Asem dibuja una caricatura en la que acusa al ministro de Exteriores turco -con cuerpo de ratón- de querer sacrificar a El Asad para "volver a crear el imperio otomano". Se la regala a Wiham y exclama: "Estas fosas comunes son propaganda inventada por EE.UU., por Israel y por los países del Golfo. Lo que más me duele es que el mundo musulmán, entre otros Turquía, nos esté clavando un puñal en la espalda".

Antes de dejar Machdal Shams acudimos al carnicero Hasan Fajaradin, uno de los más fieles defensores de la familia Asad. Las fotos del presidente sirio ya no están colgadas en la pared y cuando le preguntamos dónde están corre a un cajón y las pone sobre la mesa. Mientras descuartiza un cordero, resume: "El problema es que Bashar es un doctor muy culto y delicado". La foto de El Asad se salpica de sangre y Hasan la limpia con una toalla. "Si estuviese en el poder su padre, Hafez, hace tiempo que las fuerzas subversivas estarían aplastadas".

http://www.lavanguardia.com/internacional/20120410/54283321762/amigos-prision-enemigos-calle.html