domingo, 23 de abril de 2017

Daniel Karpuj
EL DÍA DEL HOLOCAUSTO: ¡NUNCA MÁS!
(empieza esta noche, con las primeras tres estrellas en el Cielo, y termina mañana, con las primeras tres estrellas en el Cielo)
Las palabras comienzan con una letra determinada, y terminan en otra.
Principio y fin.
Pero el horror que sufrió mi Pueblo no tiene límite alguno.
Por eso, las palabras sirven para aproximarse, para intentar, para expresar algo de, un mínimo, porque el pecho duele y es preferible sacarlo, para no morir de tristeza.
Porque la palabra “muerte” nada tiene que ver con el asesinato más horrendo de niños, adultos y ancianos, cuyo único pecado fue ser judíos.
Porque la palabra “hambre” nada tiene para decir acerca del hambre más atroz de un niño, muerto de frío, esperando su sopa de agua.
Porque la palabra “crematorio” se muere de vergüenza ante los hornos crematorios, en los que los monstruos nazis transformaron en nubes negras a seis millones de almas puras.
Porque…
*
Pero aquí estamos, ¡querido mundo!
Aunque muchos ni quieran, ni puedan creerlo.
Más vivos que nunca, creciendo, educando a nuestros niños, aportando Sabiduría, ciencia y tecnología a los cuatro rincones del planeta, y dueños de un país maravilloso y pujante, orgullo de todos los hombres de bien.
Sí, somos el mismo Pueblo de Israel, al que quisieron, y todavía quieren exterminar en cada generación.
*
Cuenta la Torá que Jacob, nuestro patriarca, peleó contra el ministro espiritual de Esaú, y lo venció.
Y por eso le fue agregado el nombre Israel.
Pero sus hijos, su Pueblo, peleó contra el Ángel de la Muerte, y lo venció.
Y por eso fue coronado con la Corona más sublime: la de la Eternidad.
RECORDAMOS Y LLORAMOS, PERO ELEGIMOS LA VIDA…
¡BENDITO SEA MI PUEBLO DE ISRAEL!

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