Shabat Shalom u Meboraj!!!!!
En Parashat Va ietzè ,la Torà relata que_ siguiendo el consejo de sus padres- Iaakov partió de la Tierra de Israel y fue a buscar una esposa en la ciudad de Jarán. A continuación, el versículo dice: Vaifgá bamakom - se encontró con “el Lugar”. Este uso inusual de la palabra makom (lugar) nos enseña que camino a Jarán, Iaakov se dio cuenta que había olvidado detenerse en el Monte del Templo, donde habían rezado su padre y su abuelo. Para rectificar su error, giró de inmediato y volvió al sitio del futuro Beit HaMikdash.
El atributo de Iaakov era emet (verdad) y él estaba comprometido con la búsqueda de esa verdad, incluso si eso implicaba una travesía ardua y peligrosa. O si implicaba reconocer sus errores. Podemos apreciar la increíble fortaleza de carácter de Iaakov cuando contrastamos su reacción con la de su hermano Esav.
En la parashá de la semana pasada, Esav le vendió a Iaakov la primogenitura a cambio de un plato de lentejas, pero su arrogancia no le permitió admitir que había actuado de forma tonta e impulsiva. Por eso, en vez de arrepentirse, se sumergió en más mentiras y rechazó su primogenitura expresando desprecio hacia ella.
La capacidad de reconocer los propios errores y defectos es lo que eleva a la persona. Lo que nos condena no son tanto los errores que cometemos, sino la forma en que reaccionamos ante ellos, y esa es la importancia de la teshuvá. Cuando Dios ve que estamos decididos a embarcarnos en Su camino, Él nos espera a mitad del camino, viene en nuestra ayuda y hace milagros para nosotros. Por eso, cuando Iaakov admitió su error y expresó su deseo de volver, Dios acortó su camino y el Monte del Templo apareció ante él. Iaakov encontró “el Lugar”.
Esta capacidad de admitir el emet, reconocer los errores propios y hacer teshuvá es lo que distingue a las personas grandiosas del resto del pueblo.
( Beit Hillel)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.