viernes, 14 de noviembre de 2025

DEL WSJ

 MEDIO SIGLO DE ANTISEMITISMO EN LA ONU

La resolución "Sionismo es Racismo" de 1975, fue repelida en 1991, pero su espíritu está vivo y coleando.

Por John Bolton
Noviembre 9, 2025

La Organización de Naciones Unidas cometió el peor error en su historia, hace 50 años el lunes, y todavía no se ha recuperado. La Asamblea General adoptó la Resolución 3379, declarando que “El Sionismo es una forma de racismo y discriminación racial." Por una votación de 72 a 35 con 32 abstenciones, la Resolución 3379 destrozó la reputación de la O.N.U. a lo largo de Estados Unidos y más allá.

Impulsada por la Unión Soviética, sus satélites y países anti-occidentales del Tercer Mundo, la resolución “Z/r” tenía la intención de deslegitimar al Estado de Israel. Este mismo enfoque había sido desplegado en la ONU contra la Sudáfrica del apartheid empezando en 1962 y llevando a sanciones económicas, creciente aislamiento y presión internacional contra el gobierno dominado por los blancos. Atravesar ese mismo camino contra Israel obviamente estaba en el juego.

En ese día siniestro en 1975, llegó una muestra de virtud de Daniel Patrick Moynihan, el embajador estadounidense ante la O.N.U. Su discurso, probablemente la declaración estadounidense más importante hecha jamás en esos precintos, resuena hasta este día por su claridad moral y prueba que Estados Unidos de América no vacilará en hablar claro en su propio nombre y por sus aliados. Algunos podrían llamar poco diplomáticos a los comentarios de Moynihan. Otros dicen que él simplemente dijo la verdad.

El dijo: “Estados Unidos se pone de pie ante la Asambea General de las Naciones Unidas y ante el mundo que no reconoce, no tolerará, jamás consentirá este acto infame.... Se ha dado a la abominación del antisemitismo la apariencia de sanción internacional. La Asamblea General hoy otorga amnistía simbólica, y más, a los asesinos de los seis millones de judíos europeos."

Desde el inicio, por lo tanto, Estados Unidos rechazó la patraña que el “antisionismo” de alguna manera no es antisemitismo. La Resolución 3379 no fue meramente una crítica de esta o aquella política o acción israelí. Rechazó la legitimidad del concepto fundacional de Israel como la patria del pueblo judío. En cuanto a la responsabilidad de la O.N.U., Moynihan hizo hincapié en que "si no hubiera ninguna Asamblea General, esto nunca podría haber sucedido."

Pasaron largos años bajo esta nube, pero cuando la U.R.S.S. empezó a colapsar y el "Tercer Mundo" perdió cualquier coherencia que haya tenido alguna vez, crecieron las demandas de repeler la “Z/r.” En septiembre de 1991, el Presidente George H.W. Bush dijo a la Asamblea General que el rechazo inminente era crucial para Estados Unidos de América. Nosotros trabajamos implacablemente, a través de todo canal diplomático, para hacerlo. Nuestra posición fue clara: Sionismo no es racismo.
El 16 de diciembre de 1991, por un voto de 111 contra 25 con 13 abstenciones, la Asamblea General revocó la Resolución 3379. La Unión Soviética votó por repeler la resolución que había desatado 16 años antes—uno de sus últimos actos antes de disolverse dos semanas después. El entonces Senador Moynihan y muchos ciudadanos y ciudadanos privados que habían hecho campaña por esta justicia simple estaban en la Sala de la Asamblea General. Nosotros nos sentimos reivindicados, optimistas acerca del futuro de Israel en el sistema de la O.N.U.
Estábamos equivocados. El antisemitismo disfrazado como antisionismo se volvió tal vez más sutil, pero su hedor persistió, sus objetivos últimos intactos. Algunos ejemplos (de una vasta letanía) durante los años que siguieron probaron el punto. En el 2001 en la inaptamente nombrada Conferencia Mundial Contra el Racismo en Durban, Sudáfrica, las delegaciones estadounidense e israelí abandonaron la reunión para protestar por la reaparición de un documento igualando al Sionismo con el racismo.
El Consejo de Derechos Humanos de la O.N.U. fue reformado supuestamente en el 2006, pero George W. Bush, creyendo absolutamente inadecuadas las “reformas,” rechazó y se negó a volver a unirse. Sus reservas han sido confirmadas por los incesantes esfuerzos anti-israelíes del consejo. A través de innumerables “relatores especiales” y trabajando con muchas oficinas de la O.N.U. creadas durante décadas para presionar a Israel, el consejo produce anualmente más resoluciones atacando a Israel que al resto del mundo entero.
De manera muy perversa, varios organismos de la O.N.U. han tratado de dirigir a la Corte Penal Internacional, promocionada erróneamente por sus defensores como descendiendo del tribunal de crímenes de guerra de Nuremberg, a enfocarse en Israel. Ni Israel ni Estados Unidos se han unido a la Corte Penal Internacional. Lejos de amedrentarse, los adversarios de Israel han evadido este mero tecnicismo permitiendo a la Autoridad Palestina acceder al tratado de la Corte Penal Internacional como un "estado," confiriendo por lo tanto jurisdicción sobre crímenes supuestamente cometidos en la Franja de Gaza. Esto equivale a una sucesión de una fantasía legal tras otra, no existiendo ni un estado palestino ni territorio definido. No obstante, los fiscales hambrientos de publicidad de la Corte Penal Internacional tuvieron la excusa que necesitaban para iniciar investigaciones y filtrar acusaciones de comportamiento israelí impropio, incluyendo, increíblemente, genocidio.
Ningún otro miembro de la O.N.U., ni siquiera entre la turba orgullosamente autoritaria, recibe tal condena y acoso. Los que se preguntan por qué, tras 80 años, la O.N.U. no puede organizarse, no tienen que buscar muy lejos la respuesta.
El Sr. Bolton se desempeñó como asesor nacional de seguridad de la Casa Blanca entre los años 2018-19, embajador ante la O.N.U. entre los años 2005-06, y subsecretario de estado para asuntos de organización internacional entre los años 1989-93.
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