El nuevo atentado en Jerusalén nos recuerda que el método del asesinato por atropello no se inventó ni en Niza ni en Berlín, sino en las calles de Israel. Sin embargo, mientras que los actos terroristas en Europa provocan una conmoción inmediata y una oleada de solidaridad razonablemente sincera, con los muertos en Israel siempre hay la necesidad de matizarlos.
Así, lo que en París, Berlín o incluso Estambul es un asesino ciego por el odio y el fanatismo se convierte, unos kilómetros más allá, en un pobre inocente al que le empujan las circunstancias, la penosa situación económica y, sobre todo, "la ocupación".
En esta ocasión el ejemplo perfecto de esta rastrera justificación del crimen lo ha dado El Periódico de Cataluña, con una tan indescriptible como repugnante columna de Joan Cañete Bayle, coordinador de la sección de Opinión del rotativo, es decir, no se trata de un colaborador externo incontrolado.

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