Eliezer Ayalon tenía sólo 13 años. Una noche, en el gueto de Radom, tras un intenso abrazo, su madre lo miró a los ojos y le dijo: "Si alguien tiene probabilidades de salvarse, eres tú. Así está destinado a ser. Tendrás una vida dulce". Le entregó como símbolo una taza de miel.
Esa misma noche, su madre, su hermano mayor y su hermana fueron enviados al campo de exterminio de Treblinka. Seis meses después, se llevaron a su padre y su otro hermano.
Eliezer sobrevivió a los campos de Blizyn, Plaszow, Mauthausen, Melk y Ebensee.
Tuvo una vida dulce como le indicó su madre. Falleció en el año 2012, en Israel, tras haber dedicado sus últimos años a contar lo vivido en la Shoá. Se destacó por su mirada optimista y vital. En una de sus últimas charlas dijo: "Tengo dos hijos, cinco nietos y un bisnieto. Tres generaciones nacidas de las cenizas del Holocausto. Soy el hombre más feliz del mundo. Sé que puedo reir, amar y ver el lado bueno de las cosas”.
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