martes, 15 de julio de 2025

del NEW YORK TIMES (ARTICULO DE BRET STEPHENS)

 PARA ISRAEL, SER UN GANADOR ES RENTABLE

Los avances diplomáticos en el Medio Oriente son el resultado de las victorias militares.

Por Bret Stephens
Julio 8, 2025

Prime Minister Benjamin Netanyahu of Israel arrives to meet with House Speaker Mike Johnson (R-La.) on Capitol Hill in Washington, on Tuesday, July 8, 2025. (Eric Lee/The New York Times)
El Primer Ministro Benjamin Netanyahu de Israel llega para reunirse con el Presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson (R-La.), en el Capitolio en Washington, el martes, Julio 8, 2025. (Eric Lee/The New York Times)


Un error de concepto central sobre la política de Israel desde el 7 de octubre es que el país ha favorecido la acción militar a expensas de la diplomacia. La verdad es que son las victorias decisivas de Israel en el campo de batalla las que han creado oportunidades diplomáticas que han estado fuera del alcance durante décadas — y habrían permanecido así si Israel no hubiese ganado.

En Beirut el lunes, Tom Barrack, el embajador estadounidense ante Turquía y enviado especial a Siria, dijo que él estaba “increíblemente satisfecho” por la respuesta que obtuvo del Presidente Joseph Aoun de Líbano respecto a las propuestas estadounidenses para desarmar a Hezbola, supuestamente a cambio de ayuda financiera crucial después de una crisis económica de seis años. El gobierno de Aoun es el primero en la historia del país en hacer progresos en desarmar los bastiones de Hezbola cerca de la frontera con Israel — una condición básica para que Israel se retire de cinco puestos de avanzada militares que todavía ocupa en el sur de Líbano.

Hezbola no es un grupo que se irá en silencio — no si tiene alguna otra opción. Pero es debido a que Israel lo destruyó como una fuerza de combate eficaz el año pasado que ahora es posible para el estado libanés poseer nuevamente la forma más básica de soberanía, un monopolio en el uso de la fuerza dentro de sus fronteras. Y es sólo debido a la victoria de Israel que hay una perspectiva realista de un acuerdo de paz entre Jerusalén y Beirut como parte de unos Acuerdos de Abraham expandidos.

Hay una historia similarmente esperanzadora en Siria, donde la semana pasada la administración Trump levantó las sanciones contra el gobierno del Presidente Ahmad al-Sharaa. Estados Unidos ha estado un paso adelante de Israel en volverse cordial con al-Sharaa, quien otrora dirigió una filial de al-Qaida y a quien algunos líderes israelíes todavía ven como un yihadsta oculto. Ahora hay informes de conversaciones entre Jerusalén y Damasco, dirigidas a un acuerdo de paz de facto.

Aún queda por verse adónde irá esto. Pero es improbable que los insurgentes de al-Sharaa pudieran haber llegado al poder si Israel primero no hubiese destruido a Hezbola, privando al régimen de Bashar Assad de uno de los brazos militares más efectivos. Y ni Jerusalén ni Damasco podrían haber estado dispuestos a conversar si Israel primero no hubiese destruido muchos de los arsenales de armas restantes de Siria en diciembre, dando a al-Sharaa un incentivo para buscar un resultado diplomático y a Israel la confianza que no enfrentaría otra amenaza para su norte.

Luego está la Franja de Gaza. Después de la cena del Presidente Donald Trump en la Casa Blanca con el Primer Ministro Benjamin Netanyahu de Israel el lunes, los funcionarios israelíes sugirieron que estaban cerca de un acuerdo que pausaría el combate a cambio de la liberación de más rehenes por parte de Hamas. Trump ha especulado que un acuerdo podría ocurrir esta semana.

Esto está sucediendo no debido a que el gobierno de Netanyahu o lo que queda del liderazgo de Hamas se han dado cuenta de pronto que ha habido demasiada devastación y sufrimiento en Gaza. Ha habido, y a todos les interesa ver que termine. Pero los llamamientos humanitarios, aunque sinceros, o las presiones morales, aunque sean fuertes, no han contribuido casi en nada a detener el combate. Las guerras no terminan porque Greta Thunberg se sube a un barco.

Lo que ha contado es el cálculo de la fuerza. Del lado de Hamas, su creciente flexibilidad diplomática es casi completamente un resultado de su proximidad con la derrota total. De acuerdo con la BBC, un funcionario de Hamas ha descripto en privado una situación en la cual el 95% del liderazgo está muerto y Hamas ha perdido el control del 80% de su territorio. Muchos residentes de Gaza se han vuelto contra Hamas, saqueando las oficinas de su cuartel general de seguridad y recurriendo cada vez más a los clanes locales en busca de alimento y protección. Estas son las condiciones bajo las cuales los miembros restantes de Hamas pueden finalmente aceptar deponer sus armas y partir al exilio, creando al fin la posibilidad de un fin permanente al combate, nueva gobernancia y reconstrucción muy necesaria.

Del lado de Israel, la flexibilidad diplomática tiene tres autores. El primero es el entendible agotamiento del público israelí con 21 meses de combate. El segundo es la presión de Trump para llegar a un acuerdo — y el afán de Netanyahu por complacerlo.

Pero ningún factor habría sido suficiente si Israel no hubiese conseguido su éxito militar sobre Irán, coronado, desde un punto de vista israelí, por la participación de Estados Unidos en la campaña.

Israel humilló de un plumazo a su adversario más formidable (y patrón principal de Hamas), demostrando no sólo su capacidad, sino también su valentía para enfrentarse directamente a los mulahs y sobrevivir intacta a sus represalias. Publicitó sus capacidades ante Arabia Saudita, la cual puede ahora estar más dispuesta a unirse a los Acuerdos de Abraham — no por un deseo misericordioso de paz sino por un interés firme en consolidar los lazos militares, económicos y tecnológicos con el estado judío. Creó al menos la posibilidad que Irán elija renunciar a sus ambiciones nucleares por temor a verlas destruidas nuevamente. Y su victoria dio a Netanyahu la mano ganadora sobre los socios de su coalición de extrema derecha, permitiéndole firmar un acuerdo que probablemente no causaría que su gobierno colapse.

Los críticos de la política israelí han argumentado que el costo de sus victorias militares se encuentra en su aislamiento en la escena mundial o en el desprecio en el cual es tenida por personas como Zohran Mamdani y Tucker Carlson. Tampoco hay dudas que el odio a Israel ha hecho mucho para contribuir al antisemitismo creciente, aunque es igualmente cierto que el antisemitismo se encuentra en la raíz de mucho del odio a Israel.

Entonces, nuevamente, Israel no existe para aplacar los sentimientos de sus detractores y difamadores. Existe para proteger la vida judía y defender la dignidad judía en un mundo muy intencionado en destruir ambas. Si la diplomacia ahora tiene una posibiidad de tener éxito, es porque en la geopolítica, como en la vida, ser un ganador es rentable.

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