lunes, 14 de julio de 2025

 EL MOMENTO PERFECTO PARA EL CAMBIO DE REGIMEN EN IRAN

Estados Unidos recuerda las lecciones de Irak en el 2003. La situación actual es más comparable con la de 1991.

Por Seth Cropsey
Julio 8, 2025

¿Qué quiere hacer realmente el Presidente Trump con Irán? La semana en que EE.UU. atacó los sitios nucleares del país, él publicó en Truth Social que “si el actual régimen iraní es incapaz de HACER A IRAN GRANDE NUEVAMENTE, ¿¿¿por qué no habría un cambio de régimen??? ¡¡¡MIGA!!!” Pero desde entonces él ha estado presionando por poner fin a la guerra entre Israel e Irán.

El instinto detrás de la publicación del Sr. Trump fue el correcto. Si no se les pone impedimentos, los gobernantes yihadistas de Irán reconstruirán su programa nuclear. El viceministro del exterior de Irán dijo a NBC News el 3 de julio: “Nuestra política no ha cambiado acerca del enriquecimiento." Para impedir que Irán logre sus ambiciones, Estados Unidos debería aprovechar su ventaja y trabajar abiertamente con Israel y los estados del Golfo para socavar al régimen.

La frase “cambio de régimen” pone entendiblemente nervioso a los estadounidenses. Desde el colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos ha luchado para equiparar la capacidad militar con propósito político coherente. Washington no definió un objetivo político claro durante su larga campaña en Afganistán. El objetivo debería haber sido mantener un gobierno afgano en Kabul que negaría a al Qaeda y al Talibán un refugio a un bajo costo para Estados Unidos y sus aliados. El objetivo estadounidense en cambio, se volvió una transformación imposible del país. No es sorpresa que esto fallara.
Comparada con esta incoherencia, la decisión del Sr. Trump de atacar el programa nuclear de Irán y luego orquestar un cese del fuego rápido parece un golpe maestro estratégico. El programa nuclear de Teherán siempre se ha tratado de desarrollo de armas, y paralizarlo era el movimiento correcto.
La amenaza iraní para Estados Unidos, sin embargo, es más amplia. El apoyo de Irán a sus satélites terroristas pone en peligro la estabilidad regional y las vidas estadounidenses. La ayuda iraní con las exportaciones petroleras ilegales de Rusia reduce la capacidad de EE.UU. de presionar a Moscú respecto a la guerra en Ucrania. Debido a que China también depende fuertemente del crudo iraní y ruso, mantener a Irán a raya daría a Estados Unidos más influencia sobre Beijing.
Irán sigue siendo una amenaza peligrosa, y la pregunta política es si eliminar esa amenaza requiere deponer al régimen actual ahora en lugar de esperar a que se calme. La historia sugiere que el momento de actuar es ahora.
Muy como el Sr. Trump se propuso hacer con sus ataques contra Irán, en la Guerra del Golfo de 1991, Estados Unidos utilizó fuerza desbordante para lograr un objetivo político claramente definido: la liberación de Kuwait de la conquista iraquí. Estados Unidos casi no sufrió ninguna pérdida y recibió amplio respaldo internacional. Estados Unidos humilló tan minuciosamente a Saddam Hussein que las fuerzas estadounidenses podrían haberlo sacado del poder. Pero el Presidente George H.W. Bush se negó a hacerlo, temiendo a la inestabilidad regional.
La amenaza iraquí para las vidas estadounidenses persistió. Después de la Guerra del Golfo, EE.UU. descubrió que la CIA y la Agencia Internacional de Energía Atómica habían subestimado el progreso en armas nucleares de Irak en la década de 1980. Los inspectores de la AIEA determinaron que, sin la Guerra del Golfo, Irak podría haber constriudo un dispositivo nuclear a principios de la década de 1990, aunque enviarlo en un misil habría llevado mucho más tiempo. Irak mantuvo también la infraestructura de armas químicas y biológicas hasta la década de 1990. Después que los actores internacionales supervisaron la destrucción del arsenal de misiles Scud de Irak después de la Guerra del Golfo, Saddam insistió en producir misiles propios. En 1994, Irak amenazó nuevamente a Kuwait. Saddam probablemente planeaba invadir, de acuerdo con fuentes iraquíes de alto rango. Los rápidos despliegues militares estadounidenses lo disuadieron. Pero Irak siguió siendo una amenaza para los intereses estadounidenses, dados sus planes regionales, su apoyo al terrorismo internacional, y el interés en armas destructivas.
El resultado de la vacilación de EE.UU. en 1991 fue que Estados Unidos se embrolló en otra guerra más compleja y difícil después de una década de sanciones y bombardeo intermitente. En el año 2003 Estados Unidos invadió Irak. Como antes, la victoria estadounidense fue rápida. Una fuerza relativamente pequeña llegó a Bagdad y eyectó a Saddam del poder. Pero los problemas y un compromiso con la "democratización" quimérica llevaron a un vacío de poder y a una insurgencia, la que destruyó la voluntad estadounidense por las grandes intervenciones en el extranjero.
Así como el problema de Irak persistió después de la Guerra del Golfo, la amenaza de Irán persiste después de Operación Martillo de Medianoche. La administración Trump no puede repetir los errores del 2003, ocupando un país sin ningún plan serio. Pero no debería repetir el error de 1991 tampoco. El régimen iraní seguirá siendo una amenaza para Estados Unidos hasta que dirigentes diferentes ocupen Teherán. Si el Sr. Trump deja a los clérigos a cargo, Estados Unidos finalmente tendrá que lidiar con un conflicto aun peor—como tuvo que hacerlo en Irak.
Si Irán es dejado a su suerte, hay poca posibilidad de una transformación interna. El líder supremo de Irán, ayatola Ali Khamenei, todavía vive, como muchos funcionarios de alto rango.
Los ataques contra posiciones estadounidenses en Catar e Irak es improbable que sean el fin para un régimen que normalmente pronuncia "Muerte a Estados Unidos." La única forma de eliminar esta amenaza es eliminar su fuente ideológica—el régimen liderado por Ali Khamenei.
Ahora es el momento perfecto para tomar como blanco al Sr. Khamenei y decapitar así al régimen en Teherán. Los ataques aéreos por parte de Israel y EE.UU. han hecho serio daño. La acción israelí contra los hutíes, Hezbola y Hamas, junto con el colapso del régimen de Assad, también han debilitado al Eje de la Resistencia. 
Eliminar al líder supremo encendería una lucha de poder dentro de Irán. Es improbable que tal medida lleve a un gobierno representativo, pero ese no debería ser el objetivo. La ausencia del Sr. Khamenei probablemente elevaría a un régimen liderado por el ejército que podría ser convencido—a través de un llamado a la autopreservación—de desmantelar su programa nuclear y poner fin a sus guerras indirectas. Tal plan requeriría de la coordinación con Israel. Estados Unidos debería posicionar por adelantado activos para perseguir los restantes misiles balísticos de Irán si la reacción de Teherán lo justifica. Estados Unidos debería garantizar que las potencias europeas vuelvan a instalar las sanciones contra Irán. Por último, Estados Unidos debería trabajar con los estados del Golfo, Israel y Turquía para crear una política para un Irán luego de Khamenei que podría ofrecer incentivos a cambio del buen comportamiento de Teherán.
Aunque atacar los sitios nucleares de Irán fue un triunfo, el reto de transformar ese éxito táctico en una victoria estratégica sigue estando. Dejar a los clérigos yihadistas a cargo, garantizaría un enfrentamiento futuro que es mucho más peligroso.
El Sr. Cropsey es presidente del Yorktown Institute. El se desempeñó como oficial naval y como subsecretario adjunto de la Armada, y es autor de "Mayday" y "Ceguera Marina."
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