lunes, 1 de septiembre de 2025

De The Atlantic

 ¿Por qué Irán atacó Australia?


Por Arash Azizi
Agosto 28, 2025

Australia no es conocida por buscar peleas. Prioriza el comercio y tiene relaciones diplomáticas con casi todo país en el mundo—incluso con la aislada Corea del Norte. Pero el martes, hizo algo que no había hecho desde la Segunda Guerra Mundial: expulsó a un embajador.
Cerrando la embajada iraní, el gobierno australiano declaró persona non grata al Embajador Ahmad Sadeghi y le ordenó a él y a otros tres funcionarios iraníes irse en el plazo de tres días. Además, designó organización terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.
La firmeza de las acciones de Canberra es una medida de la gravedad extrema del comportamiento de Irán. De acuerdo con el Primer Ministro Anthony Albanese, las fuerzas de seguridad australianas tienen “información creíble” vinculando a Irán con varios ataques contra los judíos australianos el último año. Irán es acusado específicamente por organizar un acto de incendio contra un restorán kosher en Sydney en octubre pasado y otro contra la sinagoga Adass Israel en Melbourne en diciembre.
Me interesé en estos ataques cuando ocurrieron el año pasado, porque sospeché que Irán estaba involucrado. Uno podría pensar que los ataques fueron muy torpes y de aficionados para haber sido la obra de un aparato estatal. Pero aquellos de nosotros que hemos rastreado las actividades del CGRI en el extranjero a lo largo de los años reconocimos el manual de juego: la milicia funciona con una red descentralizada de actores criminales, incluidos carteles de drogas y sindicatos del crimen, tanto como ladrones de poca monta aquí y allí. Sus objetivos han incluido durante mucho tiempo a civiles judíos comunes—el incidente más conocido en este sentido fue el bombardeo en 1994 de un centro comunitario judío en Buenos Aires, el cual asesinó a 85 personas y sigue siendo el ataque terrorista más letal en la historia argentina.
En los últimos años, Irán ha intentado (y en la mayoría falló) atacar objetivos judíos o israelíes en Sudáfrica, Kenia, Chipre, Turquía, Alemania, los Países Bajos, y Suecia—prácticamente en cualquier lugar que podría alcanzar. Muchas de estas conspiraciones fueron improvisadas y llevadas a cabo con poco dinero; el régimen alienta a sus adherentes mundiales a tomar cada oportunidad que puedan, aun cuando sus posibilidades de éxito son limitadas. El punto es intimidar a los judíos y al Occidente y exhibir las capacidades asimétricas de Irán.
El razonamiento del régimen iraní aquí es desconcertante a primera vista. El país se está arriesgando al oprobio diplomático y más aislamiento sólo para conducir ataques mal ejecutados contra civiles que no presentan amenaza para él. Pero como mucho más en la política iraní, la lógica está ligada a las divisiones internas del país. Los elementos que organizan los ataques son ideológicos. Ellos buscan pulir la imagen de Irán como un actor agresivo y revisionista, determinado a desestabilizar el Occidente y no restringido por las preocupaciones prácticas. Dentro del régimen, esta facción compite con un grupo más pragmático que prioriza el comercio y busca mejorar las relaciones con el Occidente. Los que están tras los ataques contra los objetivos australianos pueden incluso ver sus actividades como teniendo un doble uso: Al atacar sinagogas y restoranes en países occidentales, ellos intimidan a sus enemigos mundiales y ayudan a obstaculizar la agenda diplomática de los pragmáticos en casa.
Los ataques incendiarios han ayudado ciertamente a dejar en claro que los disidentes iraníes y otros críticos de la República Islámica en Australia han estado presionando por algún tiempo acerca del alcance maligno de Teherán. Muchos grupos iraníes en Australia han aplaudido la rápida acción de Albanese, entre ellos los republicanos australianos iraníes de centro-izquierda, los que agradecieron al gobierno y dijeron que sus medidas "realzan significativamente la seguridad y de nuestra comunidad y de todos los australianos.”
La académica australiana Kylie Moore-Gilbert pasó dos años en prisión en Irán bajo cargos poco sólidos antes de ser liberada, en un intercambio de prisioneros en el año 2020. Con manejo fluido del idioma persa y bien versada es han hecho sonar las alarmas durante años acerca de "ser vigilados, amenazados, y acosados por agentes de la República Islámica en las marchas de protesta, reuniones comunitarias, en línea, e incluso fuera de sus propias casas." Ella destacó que esta semana, el gobierno pareció "descubrir repentinamente su resolución, aparentemente de la noche a la mañana."
Paradójicamente, la pérdida de la embajada de Irán en Canberra dañará incluso a los intransigentes que ayudaron a su desaparición. Aun con todo lo que odian al Occidente, los islamistas iraníes adoran operar en sus suelos, y los vínculos diplomáticos facilitan eso. Con su democracia liberal abierta y conveniencia del idioma inglés, Australia ha sido una base atractiva para los agentes iraníes que buscan impulsar la agenda de la República Islámica. Esto ha sido especialmente así desde el año 2012, cuando el entonces gobierno de centro-derecha de Canadá cortó lazos diplomáticos con Irán, reduciendo la huella del país en la anglosfera.
Irán tiene también extensos vínculos comerciales con Australia: En la década del 2010, varios ministros del gabinete australiano visitaron Irán, y el principal diplomático de Irán en la época, Mohammad Javad Zarif, llegó a Australia en el 2016. El caso de Moore-Gilbert generó significativa tensión entre los dos países desde el año 2018 al 2020, pero Teherán todavía parecía valorar sus lazos con Canberra. Anteriormente este año, Sadeghi se jactó del trabajo de su embajada allí, diciendo que Teherán estaba complacido de fortalecer lazos bilaterales y esperaba continuar haciéndolo.
Pero la buena fe diplomática de Sadeghi quedó en cuestión más de una vez desde el 2023, cuando fue nombrado en Canberra por el presidente de Irán en el momento, el intransigente Ebrahim Raisi. Como sus colegas de línea dura, a Sadeghi le importaban menos el comercio y los estudiantes que impulsar la agenda ideológica de Teherán. Más de una vez, Sadeghi elogió a los líderes de Hamas y Hezbola en redes sociales; en una publicación, él prometió la destrucción de Israel. Albanese le reprochó públicamente por estos mensajes, y la oposición australiana de centro-derecha pidió la expulsión del embajador. El año pasado, Sadeghi envió un mensaje directo a un australiano iraní en X, pidiéndole que borre sus "comentarios anti-iraníes" online.
Las autoridades australianas han estado al tanto por algún tiempo que Teherán vigila a la diáspora iraní en Australia. En el 2022, estalló en Irán el movimiento de protesta masiva que se volvería conocido por la consigna "Mujer, Vida, Libertad." La comunidad iraní de Australia de miles de integrantes llevó a cabo protestas en solidaridad. Pero ellos se encontraron enseguida bajo los ojos vigilantes de Teherán: En el 2023, una activista del movimiento iraní  Asociación Femenina Iraní en Australia recibió una advertencia en la forma de un pollo decapitado dejado en el umbral de sus padres. Otras recibieron llamadas amenazantes. En un discurso ese año, el ministro de asuntos internos de Australia confirmó que Teherán estaba espiando a los iraníes en suelo australiano. Una investigación del Senado concluyó recomendando registrar al CGRI como una organización terrorista.
Canberra no lo hizo entonces, pero esta semana ha tomado acciones definitivas. Irán respondió fingiendo negación. Su portavoz declaró al antisemitismo un fenómeno occidental sin ninguna relevancia para los musulmanes—y el Ministro del Exterior Abbas Araghchi dijo que él había acordado reticentemente con los comentarios recientes del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu que llamó a Albanese un “político débil.” Albanese ganó el reproche israelí en parte al prometer reconocer un estado palestino. Que él esté siendo insultado tanto por Israel como por Irán significa que el primer ministro australiano debe "estar haciendo algo bien," me dijo Moore-Gilbert.
Irán puede negar todo lo que quiera; es probable que pocos observadores le crean más que a Australia, dado el historial de la República Islámica. El mes pasado, Estados Unidos se unió a otros 13 países occidentales (incluidos Albania, Bélgica, Suecia, Canadá y España) en condenar los intentos iraníes de asesinar, secuestrar, y acosar a disidentes, periodistas y judíos en su suelo. Y tras la reciente guerra iraní-israelí, el régimen ha intensificado su antisemitismo público. El líder supremo de Irán, ayatola Ali Khamenei, atacó a los "iraníes que favorecen a los judíos por sobre su propio país" en un discurso anteriormente esta semana. Una transmisión en la televisión estatal el mes pasado incluyó un video musical prometiendo "erradicar a los judíos"; otra incluyó un sketch de comedia llamando a los judíos israelíes a "aprender como nadar," presumiblemente debido a que serían empujados al mar. Los libros por parte de autores judíos e israelíes siguen estando disponibles en la traducción persa, pero los censores ahora bloquean incluso la mención a los judíos o a temas judíos. 
Para aquellos en el estamento iraní que esperan salvar la imagen de Irán y recuperarse del bombardeo del verano, el golpe de Canberra llega en un momento terrible. Estos elementos pragmáticos están involucrados en negociaciones nucleares con los países europeos y tratando de impedir el retorno de las sanciones de la ONU que fueron levantadas en virtud de un acuerdo del 2015. El martes, Irán permitió que los inspectores internacionales regresen por primera vez en semanas. Los pragmáticos están tratando de detener la caída del país en las penurias o incluso prevenir otra guerra. Pero la atención de Canberra ahora está centrada en el lado desagradable y oscuro del régimen. Los intransigentes en el parlamento iraní están ocupados protestando por el retorno de los inspectores nucleares, y sus hermanos ideológicos, quienes ayudaron a organizar los ataques incendiarios el año pasado, sin dudas están complacidos con lo que han hecho para envenenar las relaciones de Irán con el Occidente.

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