, la soberanía y la identidad, como una amenaza mayor que los enemigos musulmanes yihadistas alrededor nuestro que están conjurados en destruirnos.
Entonces, mientras Irán estaba coordinando un ataque desde múltiples frentes, mientras Hamas se estaba entrenando abiertamente junto a la frontera de Gaza, Ronen Bar estaba asesorando al gobierno que Hamas sólo buscaba mejorar la situación económica en Gaza.
Sí, ustedes leyeron eso correctamente. Días antes del 7 de octubre, el más alto jefe de inteligencia de Israel estaba instando al gobierno a otorgar más permisos de trabajo a los gazatíes para que ellos pudieran ingresar a Israel debido al empleo, argumentando que Hamas sólo estaba interesado en la estabilidad económica para los gazatíes.
Ese pensamiento es lo que permitió directamente a los agentes de Hamas infiltrar Israel bajo la cobertura de "obreros civiles," reunir información en las comunidades judías sobre la frontera con Gaza, y mapear objetivos para la masacre del 7 de octubre. Los terroristas de Hamas sabían quién vivía en cada casa, cuántos hijos, quién tenía perros, quiénes eran los jefes de seguridad, dónde se almacenaban las armas, etcétera. Ellos sabían todo, gracias a los civiles de Gaza que trabajaban en las comunidades judías y actuaron como espías durante meses, o incluso años. (Una reflexión, para todos los que apoyan seguir empleando a trabajadores musulmanes árabes en comunidades judías en cualquier parte en Israel)
¿Cómo puede alguien en la posición de Bar cometer errores de cálculo tan catastróficos y no renunciar inmediatamente después de la falla del 7 de octubre?
¿Cómo puede el hombre que falló en defender a su propio pueblo darse la vueta y culpar por el ataque a sus compatriotas judíos, los mismos ciudadanos a los que no logró proteger?
Es porque partes del alto estamento de seguridad afianzado de Israel perdió de vista al verdadero enemigo. Ellos estaban, y algunos todavía lo están, atrapados en una ideología de décadas, una que prioriza apaciguar a un enemigo musulmán yihadista por sobre la fuerza y soberanía judías. Ellos tienen más desprecio por un judío que reza en el Monte del Templo que por un terrorista de Hamas que blande un RPG en Rafah.
Eso no es estrategia. Eso es locura moral.
Este patrón no es nuevo. Es el mismo pensamiento autodestructivo que llevó a los Acuerdos de Oslo, a la retirada de Líbano, y a la Retirada/Expulsión de Gaza en el 2005, cuando los mismos "expertos" en segridad prometieron que dar tierra a los terroristas traería la paz. En su lugar, trajo cohetes, túneles, y ahora, la matanza del 7 de octubre.
Y todavía, incluso después del baño de sangre del 7 de octubre, el mismo esquema de pensamiento persiste. Muchos de los mismos burócratas, fiscales y jefes de inteligencia no electos todavía dominan las instituciones más poderosas de Israel. Ellos continúan debilitando a los líderes electos, deslegitimndo a los judíos religiosos, y encubriendo las intenciones del enemigo, todo mientras se rehúsan a aceptar la responsabilidad por sus fallas.
A los que están tratando de darle sentido a esto, especialmente los amigos de Israel en el extranjero, esto no tiene que ver con política. Tiene que ver con la visión del mundo.
Una visión del mundo dice que la paz llega a partir de la restricción, auto-culpabilización, e interminables concesiones judías a nuestros enemigos, y de ocultar nuestra verdadera identidad como judíos en nuestra patria ancestral. La otra, la visión del mundo del Sionismo, la fe, y la realidad, dice que la paz llega a partir de la fuerza, orgullo, y soberanía judía absoluta sobre nuestra tierra.
El 7 de octubre demostró, de una vez por todas, qué visión del mundo es correcta.
Nuestro estamento de inteligencia y defensa debe someterse a un ajuste de cuentas moral y estructural total.
Necesitamos una nueva generación de líderes de las FDI y de inteligencia, los combatientes forjados en esta guerra, que se pongan de pie y tomen el mando tan pronto como sea posible. Los líderes no manchados por las fallidas ilusiones de la época de Oslo o entrenados por la doctrina progresista de Harvard de "gestionar el conflicto."
Estos nuevos comandantes entienden lo que la vieja guardia se negó a ver: el gran plan de Irán, ejecutado a través de Hamas, Hezbola, y sus satélites, no es nuevo, no es espontáneo, y ciertamente no es una reacción a los judíos rezando sobre el Monte del Templo. Es la culminación de décadas de intención estratégica y genocida de destruir a Israel y borrar al pueblo judío de nuestra tierra, basado en una ideología musulmana yihadista de 1,400 años.
Debemos rechazar esta cultura de negación y deserción, y restaurar un liderazgo arraigado en la fe, la verdad y la valentía.
Los judíos rezando sobre el Monte del Templo no son la causa de la guerra. Hamas, Hezbola, Irán, Turquía, Catar, Egipto y la ideología de la yihad lo son.
Y cualquier líder israelí, político, de seguridad o inteligencia, que no puede decir la diferencia no pertenece a la posición de proteger a nuestro pueblo.
La fuerza de Israel no llegará de disculparse ante el mundo o silenciar nuestra fe. Llegará de pararnos firmes, moralmente, espiritualmente, y militarmente, contra el mal que busca nuestra destrucción.
Los judíos actuando como el verdadero soberano en el Monte del Templo, con genuina libertad de rezo para todos y el objetivo trascendental de reconstruir nuestro Tercer Templo, no son lo que trae la guerra, es lo que trae paz.
Ese es el mensaje de fuerza que entiende el mundo musulmán yihadista: que el pueblo judío está nuevamente en su patria, que tomamos seriamente nuestro pacto y soberanía, y que nunca más apaciguaremos al terror islámico. El apaciguamiento invita al baño de sangre; la fuerza ordena respeto.
El camino a la paz en el Medio Oriente nunca llegará a partir de más concesiones, más "ceses del fuego temporarios," o más ilusiones de coexistencia con los que sólo los utilizan para reagruparse, rearmarse, y atacar nuevamente.
La paz verdadera sólo llegará cuando Israel se pare firme como la nación soberana que estaba destinada a ser, no temerosos de afirmar nuestros derechos sobre nuestro sitio más santo, de defender a 10 millones de ciudadanos israelíes, y de proteger a cada minoría bajo nuestro cuidado de las mismas fuerzas yihadistas que las han perseguido durante generaciones.
Debemos una vez más abrazar el espíritu que construyó esta nación: valentía sin compromiso, verdad sin miedo, creencia en Dios, y la convicción que esta tierra, cada pulgada de ella, es nuestra para que la defendamos y santifiquemos.
El 7 de octubre fue el precio de ignorar esas verdades.
Nuestra supervivencia depende de nunca ignorarlas nuevamente.
Estas son las verdades en que trabajamos cada día para iluminar a través de nuestro trabajo en el Pulse of Israel.
Am Israel Jai.
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