sábado, 2 de agosto de 2025

 ESTA PUEDE SER LA GRAN HORA DE LA DIASPORA JUDIA.

La creciente oleada de apoyos internacionales al reconocimiento del Estado palestino marca un punto de inflexión en el escenario geopolítico contemporáneo. Lo que antes parecía un gesto simbólico, hoy se perfila como una política concreta de varios gobiernos que buscan reactivar la vía diplomática hacia una solución justa y duradera. 

Si bien el escenario internacional es adverso desde la perspectiva Israeli,  - especialmente por las crisis humanitaria en Gaza, la falta de un acuerdo de liberación de nuestros rehenes en cautiverio del Hamas, y la lejanía de un acuerdo de cese de fuego y fin de las hostilidades – se abren oportunidades (quizás únicas) de transformar la tragedia que vivimos en una renovada esperanza.

Lejos de adoptar una postura de confrontación, algunos países han optado por posicionamientos equilibrados, que combinan el respaldo a un futuro Estado palestino con el respeto al derecho de Israel a existir en seguridad. Un ejemplo significativo de esta actitud es el expresado por el primer ministro de Canadá, Mark Carney. En su declaración oficial, Carney afirmó: “Canadá ha sostenido durante mucho tiempo su compromiso con una solución de dos Estados: un Estado palestino independiente, viable y soberano, que conviva junto al Estado de Israel en paz y seguridad”. Subrayó que esa solución negociada “ya no es sostenible” y que “la posibilidad de un Estado palestino literalmente se desvanece ante nuestros ojos”, como resultado directo de la catástrofe humanitaria en Gaza, la expansión de asentamientos israelíes y la amenaza de declarar unilateralmente la soberanía Israeli sobre los territorios ocupados. 

Al mismo tiempo, dejó claro que el reconocimiento canadiense estará sujeto a condiciones: reformas profundas dentro de la Autoridad Palestina, incluyendo elecciones generales en 2026 sin la participación de HAMAS y la desmilitarización del futuro Estado.

A pesar de lo que que pueden sostener detractores , no se trata de dar un premio a Hamas por su virulento ataque contra Israel el 7 de octubre de 2023, ni de alentar acciones de terrorismo en Israel o en el resto del mundo. Por el contrario, se trata de debilitar definitivamente al extremismo, deslegitimar su retórica de odio y empujar a la causa palestina hacia un camino institucional, pacífico y responsable. 

El reconocimiento de un Estado palestino no es una concesión a la violencia, sino una apuesta por la paz. En la medida en que se exija la desmilitarización, la reforma política y el respeto a la legalidad internacional, se estará promoviendo un modelo opuesto al que Hamas representa.

Este nuevo escenario global se constituye como la GRAN HORA DE LA DISPORA JUDIA, cuya opinion adquiere una relevancia singular. 

No se trata solo de un momento político, sino de un desafío ético, identitario y moral para millones de judíos en todo el mundo. La diáspora judía no llama al reconocimiento del Estado palestino, SINO EXIGE DE ISRAEL DICHO RECONOCIMIENTO. No desde la hostilidad ni la presión externa, sino desde el compromiso profundo con los valores históricos del pueblo judío: la justicia, la dignidad humana, la memoria del sufrimiento y la búsqueda incesante de la paz. 

Esta demanda no representa una desafección con el Estado de Israel, sino una forma de interpelarlo desde dentro, desde una conciencia colectiva que no se siente ajena a su destino, aunque esté fuera de sus fronteras.

En este sentido, se vuelve imperativo alejarse de las políticas gubernamentales de Benjamín Netanyahu, marcadas por la ocupación, el autoritarismo y la fragmentación interna. Superar ese modelo es condición necesaria para abrir una nueva etapa en la construcción del Estado, basada en el respeto mutuo, la legalidad internacional y la justicia duradera. Una etapa que contemple tanto la seguridad de Israel como la legitimidad de las aspiraciones nacionales palestinas, en un marco de responsabilidad compartida y visión de futuro.

Este momento histórico también pone de relieve un principio fundamental: el derecho —y para muchos, el deber— de los judíos del mundo a expresarse sobre el presente y el futuro político de Israel y Palestina. La pertenencia al pueblo judío trasciende la ciudadanía estatal. Expresarse no es una intromisión, sino una manifestación legítima de una responsabilidad compartida. El conflicto no es ajeno a quienes, desde generaciones, han contribuido a forjar una identidad judía global, basada en la ética, la reflexión crítica y la solidaridad universal. La historia no les exige silencio, sino conciencia. La paz duradera no será posible sin reconocer la pluralidad de voces que componen el mosaico judío contemporáneo.

En este sentido, la hora actual no solo exige decisiones diplomáticas, sino también un despertar moral. La voz de la diáspora judía no puede ni debe ser marginal. Lejos de oponerse a Israel, esta voz aspira a fortalecer su legitimidad a través de una política coherente con los valores que le dieron origen. Reivindicar el derecho del pueblo palestino a un Estado no es negar el derecho de Israel a existir, sino afirmar que la seguridad y el reconocimiento mutuo solo serán posibles si ambos pueblos pueden vivir libres, dignos y en paz.

Muchas veces se ha dicho, con amarga ironía, que “los palestinos nunca pierden una oportunidad de perder una oportunidad”. No perdamos ahora nosotros la nuestra. NO PERDAMOS NOSOTROS LA OPORTUNIDAD de demostrar que el pueblo judío, incluso en la diversidad de sus voces, puede ser coherente con su historia, lúcido ante la encrucijada y valiente frente al futuro.

Imagen : PPeace Now

PD: No se trata de un documento de inocencia politica, sino un llamado al apoyo del Estado de Israel en una de sus horas mas dificiles en la historia moderna.



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