viernes, 13 de mayo de 2011

Osama logra sus vírgenes


Por Robert Spencer

Osama bin Laden ha llegado al gran burdel del Paraíso que aguarda a todo buen yihadista.

Barack Obama explicaba que el cerebro yihadista había sido abatido en "una operación selectiva llevada a cabo en Abbottabad, Pakistán: "Un pequeño grupo de estadounidenses llevó a cabo la operación. Tras un tiroteo, abatieron a Osama bin Laden y se llevaron su cadáver bajo custodia".

Obama también dijo que la muerte de bin Laden es "el avance más significativo hasta la fecha" en la guerra de América contra al-Qaeda.

Sin duda es significativo. Osama bin Laden era muy popular en el mundo islámico. Tras los atentados del 11 de Septiembre, las camisetas de Obama, las gorras y hasta las muñecas y figuras de acción se vendían a manos llenas en muchos países musulmanes, desmintiendo el mito de los medios de comunicación de que el 11 de Septiembre fue la acción de una reducida minoría de fundamentalistas que habrían retorcido y secuestrado el islam, y que eran despreciados por la gran mayoría de los musulmanes. Los sondeos llevados a cabo en todo el mundo islámico siempre demostraron la existencia de una solvente cantidad de apoyo a bin Laden y, por encima de todo, de respeto hacia su persona como muyahid religioso.

Pero en realidad, aunque la muerte de bin Laden es buena noticia, y desde luego representa un golpe psicológico a los yihadistas y un impulso al ánimo de los estadounidenses, no va a cambiar nada realmente.

El papel de al-Qaeda en la yihad global y el papel de Osama bin Laden dentro de al-qaeda se han exagerado enormemente. Al-Qaeda no es el único grupo islámico yihadista ni el único grupo defensor de la supremacía islámica que funciona en la actualidad, y Osama bin Laden no era un líder carismático cuyo movimiento se vaya a derrumbar sin él. Las exageraciones de su papel, en la práctica, son resultado de la resistencia general a afrontar la realidad de que la yihad global es un movimiento movido por una ideología, no por una personalidad importante, y que esa ideología tiene su origen en el islam.

Barack Obama resumía esa resistencia en su discurso de anuncio de la muerte de bin Laden. "Los Estados Unidos no están -- y no van a estar nunca -- en guerra con el islam", anunciaba Obama. "Bin Laden no era un líder musulmán. Era un asesino múltiple de musulmanes". Osama bin Laden en persona se habría sorprendido de ser caracterizado como "no un líder musulmán" (y por un líder que no es probable que sea musulmán). Después de todo, en su misiva de 2002 dirigida al pueblo estadounidense para explicar sus móviles y objetivos, escribía: "Lo primero a lo que os llamamos es al islam".

Bin Laden explicaba en su misiva a los estadounidenses que "es a esta religión a lo que os instamos; el referente de todas las religiones anteriores... que es la religión de mostrar amabilidad al prójimo, establecer justicia, conceder derechos y defender al oprimido y al perseguido... es la religión de la yihad por Alá para que la palabra y la religión de Alá reinen en todas partes".

Esta perspectiva del islam no es exclusiva de bin Laden. Millones de musulmanes la comparten en todo el mundo, y eso no acaba con la muerte de Osama. Estados Unidos no está -- y nunca va a estar -- en guerra con el islam, como dice Obama, pero elementos significativos del islam están -- y siempre van a estar -- en guerra con Estados Unidos. Nada de lo sucedido durante aquel tiroteo en Abbottabad va a cambiar eso, y el constante hincapié por parte de Obama en al-Qaeda igual que si se tratara de un colectivo singular y excéntrico de musulmanes no-musulmanes origen de todos los problemas no hace sino perpetuar el espejismo que ya ha conducido a tantos errores políticos garrafales.

Hasta que Barack Obama y los demás líderes occidentales se enfrenten al hecho de que Osama bin Laden trabajaba dentro del amplio marco de las enseñanzas islámicas, serán siempre pillados por sorpresa ante la venida de los nuevos bin Laden, y las nuevas al-Qaeda, en todo el mundo. ¿Cómo es que todos estos particulares y colectivos tan distintos malinterpretan el islam de la misma manera todos a la vez? Hasta que las autoridades estadounidenses puedan responder correctamente a esa pregunta, no van a hacer ningún progreso, sin importar el número de cerebros de al-Qaeda a los que persigan y maten en Pakistán.

De manera que Osama bin Laden, tras años de silencio interrumpido por misteriosas intervenciones trasladadas a los medios (¿cómo? ¿Por quién?), se une por fin al Generalísimo Franco entre las filas de los muertos presentes entre nosotros. Es buena noticia en su justa medida, que no viene a ser gran cosa. He brindado con una bebida haram en brindis por la feliz noticia. Y luego vuelta de trabajo. La yihad va a seguir, y yo también, y también, espero, la vida cotidiana.Diario de America

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