MONTEVIDEO PORTAL, POR ANA JEROZOLIMSKI
También en Paysandú
Con una mezcla de estupor y profundo dolor, recibimos el martes la terrible noticia del ataque sufrido por David Fremd (55), referente de la colectividad judía de Paysandú, que trágicamente sucumbió poco después de ingresado a la sala de operaciones, a las graves heridas que le infligiera el asesino con varias puñaladas, a la puerta de su negocio. Los judíos uruguayos, en Paysandú, Montevideo e Israel, dondequiera que se encuentren, quedaron-quedamos- consternados por la información. Primero, sobre el apuñalamiento. Luego, por la confirmación de lo irreversible: la muerte de David.
El golpe central, claro está, fue para la familia y los amigos cercanos de David, de todos aquellos que lo conocían personalmente. También, evidentemente, para la colectividad judía local, ya más que centenaria en Paysandú. La familia Fremd es una de las más identificadas con la judeidad sanducera, veterana en el lugar, pilar de la comunidad, y la víctima y su hermano Mario, son desde hace mucho respetados y conocidos comerciantes en el centro de la ciudad. Pero la tragedia impactó también a sanduceros no judíos, que expresaron su horror ante los medios y en las redes sociales.
Estos, destacaron la normalidad de la vida judía en Paysandú, del ser parte de la sociedad en general, como toda comunidad integrada, que mantiene sus tradiciones y costumbres, pero al mismo tiempo, es parte también del todo, del país, del departamento, de su ciudad.
Así fue siempre también con la familia Fremd y con las otras familias judías locales.
Más allá del dolor por una muerte injusta, de lo que se siente al saber del sufrimiento que pasan en estos momentos su familia, está la preocupación y la rabia a nivel comunitario y nacional. Si bien no ha habido pronunciamientos oficiales de las autoridades policiales, ningún comunicado formal, todo indicaría que el asesinato de David Fremd habría sido un ataque antisemita con trasfondo de radicalismo islámico.
Fuentes policiales en Paysandú nos confirmaron directamente que elementos hallados en el domicilio del asesino en un allanamiento ordenado por el juez, indican claramente que se estaba convirtiendo al Islam o ya se había convertido. Y nos consta por otras fuentes que el hombre practicaba los rezos, ayunos y otras reglas del musulmán devoto, lo cual por cierto es más que legítimo, mientras sea eso, devoción a Dios, y no el uso de Alá para matar. Según informaciones en la prensa, el individuo habría dicho a la policía al confesar, que Alá le habría ordenado matar a un judío.
Pero basta con mirar algo más público y no clasificado, su perfil en Facebook, para comprender de quién se trata. El individuo ni siquiera coloca su nombre original en español en su perfil, sino que usa únicamente, en letras árabes, su nombre islámico: Omar Abdallah. Escribe y lee en árabe, lo cual evidentemente no es ni pecado ni problema, cuando el contenido es respetuoso de la ley y la sociedad. Pero en su caso, es reflejo de un acercamiento al Islam extremista, lo cual habría sido el escenario en el que se nutrió de una incitación que llevó al asesinato, este martes, en Paysandú.
La investigación en curso pretenderá, cabe suponer, poner las cosas en el contexto exacto , para entender cómo pudo ocurrir esta tragedia y qué medidas hay que tomar de aquí en más. La gran pregunta, nos atrevemos a estimar, es si se trató de un fanático que actuó solo o si es parte de algo más grande que es imperioso conocer y frenar.
Lo seguro ya ahora es el problema central ante el fanatismo: los "locos" no son las víctimas de su locura. Son los cuerdos que se cruzan en su camino los que pagan por su extremismo. Y por eso, la sociedad debe saber protegerse. Toda la sociedad, no solamente los judíos. Tanto cuando el extremismo es antisemitismo de origen islámico o de otras fuentes, simple prejuicio. En todas sus formas, se trata de un fenómeno peligroso.
Siempre lo dijimos y lo seguimos pensando: Uruguay no es un país antisemita, pero eso no significa que no haya en su población quienes, a nivel individual, sí lo sean. Y son inadmisibles en una sociedad democrática. Si a ello se agregan vientos que soplan desde otros lares, como el islamismo radical, el resultado es letal.
Resulta inevitable unir en el pensamiento, aunque hay por cierto diferencias de fondo, el asesinato en Paysandú, con la recurrencia terrorista en múltiples atentados palestinos contra Israel. Si bien en estos últimos hay también otros elementos, la incitación radical es sin duda uno de ellos.
El martes, las terribles noticias sobre lo acaecido en Paysandú, llegaron cuando en Israel estaba culminando una jornada dura, resumida en tres atentados en Jerusalem, Petaj Tikva y Tel Aviv, que cobraron la vida de un turista norteamericano, dejaron a doce civiles heridos de armas blancas y dos policías con heridas graves de armas automáticas, además de los tres palestinos atacantes, abatidos, muertos.
Casi medio año transcurrió desde el comienzo de esta "ola" de terrorismo, llámese o no tercera intifada, desde que en la víspera de Rosh Hashaná, año nuevo judío, murió Alexander Levlovich en un ataque con piedras a su coche en Jerusalem. Desde entonces, 34 personas murieron en atentados terroristas y 390 resultaron heridos. Hubo 198 acuchillamientos o intentos de cometerlos, 80 ataques con armas de fuego y 40 embestidas con coches.
Más allá de análisis políticos que puedan hacerse sobre cada situación en particular, el mundo todo está expuesto desde hace años al Islamismo radical, a la distorsión de la sincera fe en Alá y su conversión en fuente de odio al distinto.
Claro que sorprende e impacta que ello haya llegado también a la tranquila Paysandú, inclusive si se trata de un hombre que actuó en forma aislada y no de una organización. La justicia y la policía lo determinarán. Pero en realidad, no había motivos para creer "aquí no puede pasar". Puede pasar dondequiera que el mal decida instalarse. Hay que estar alertas. Siempre.
Quisiéramos confiar en que David Fremd haya sido la última víctima del fanatismo.
Bendita sea su memoria.

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