SHABAT SHALOM
Ay del efecto que olvida a su causa.
Se condena a sí mismo a dudar de todos los hombres.
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Ay del hombre que olvida a quien le tendió una mano o le dio un buen consejo, cuando el camino se le presentaba incierto y oscuro.
Porque incluso un presente brillante jamás reemplaza al más oscuro de los pasados.
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Ay de quien olvida a quien amó, o a quien lo amó.
Porque el desamor es una pésima excusa.
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Ay de quien solicita ayuda ante las dificultades, pero se olvida de compartir sus éxitos y sus victorias.
Necesariamente será engullido por el transcurrir del tiempo.
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Ay del alumno que olvida o desestima a su maestro, porque finalmente descubrió que también éste no era más que un hombre.
Pasara toda su vida oculto entre los árboles de su paraíso imaginario.
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Cuando en la matemática de tu alma un defecto vale más que diez virtudes, y dos, más que veinte…, te condenas a vivir rodeado de mediocres.
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Por eso, recuerda siempre lo que te hizo Amalek en el desierto, cuando salías de Egipto, y te atacó por la espalda, cuando estabas desfalleciente y exhausto.
¡No lo olvides!

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