sábado, 1 de julio de 2017

La ONU contra Israel: una historia larga y ominosa

Por Pablo Molina 

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"El desprecio a los derechos del Estado judío como miembro de pleno derecho de la ONU es una constante que la organización internacional, cuyo objetivo proclamado es promover la cooperación pacífica y el entendimiento entre las naciones, ha venido ominosamente observando desde su creación"
El desprecio a los derechos del Estado judío como miembro de pleno derecho de la ONU es una constante que la organización internacional, cuyo objetivo proclamado es promover la cooperación pacífica y el entendimiento entre las naciones, ha venido ominosamente observando desde su creación.
Buena parte de los otros 194 Estados miembros tratan a Israel con indiferencia o rechazo, pero hay casos de auténtico odio, sobre todo en entre los musulmanes. Tan sólo el paraguas estadounidense –bastante ajado, por cierto, durante el mandato de Obama– impide que se tomen decisiones aún más lesivas contra el Estado judío y lo que representa.
Todo esto no son solo opiniones. Son conclusiones extraídas de los datos oficiales recopilados eneste estudio de Joshua Muravchik para la Friends of Israel Initiative, donde se muestra con todo lujo de detalles la discriminación de la que es objeto Israel en el seno de la ONU.
Israel, por ejemplo, jamás ha formado parte del Consejo de Seguridad. Es más, se le ha negado ya no la plaza, sino la mera posibilidad de presentar su candidatura. Otro ejemplo: en numerosos comités y organismos subalternos de la ONU, que dan trabajo a cientos de personas, no hay un solo ciudadano de Israel, la única democracia de todo Oriente Medio. En cambio, abundan los representantes de países que padecen regímenes ultrarrepresivos, incluso o sobre todo en los supuestamente destinados a promover la libertad, la igualdad y los derechos humanos.
En la ONU, terroristas israelófobos como Yaser Arafat han sido profusamente jaleados. En 1974, el terrorista palestino se plantó en la ONU acompañado de su propio servicio de seguridad, dirigido por Alí Hasán Salame, responsable de la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich, perpetrada sólo dos años antes y en la que fueron salvajemente asesinados once miembros de la delegación israelí. Solo el líder palestino ha tenido el privilegio de dirigirse a la Asamblea General de la ONU sin ser jefe de un Estado miembro. Para más inri, lo hizo… ¡armado con una pistola!
Al habla Muravchik:
Sorprendentemente, cuando finalizó su despiadada diatriba, la Asamblea se puso en pie con la más sonada ovación que se hubiera vivido jamás en la ONU. Con esta respuesta, los delegados de la ONU demostraron que, bien por ideología, bien por miedo, estaban preparados para respaldar acríticamente la causa de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), fuera cual fuera el coste para Israel.
En los meses que siguieron, esta nueva orientación se puso de manifiesto en una serie de medidas concretas, muchas de las cuales siguen vigentes. La más notable fue la resolución de la Asamblea General que declaraba el sionismo “una forma de racismo”. La votación fue aplastante: 72 países a favor, 35 en contra y 32 abstenciones.
(…)
De manera sorprendente, la Comisión de Derechos Humanos fue aún más allá al afirmar que el terrorismo palestino (es decir, la “resistencia a la ocupación israelí” por “todos los medios disponibles, incluida la lucha armada”) era no solo “legítima”, sino incluso encomiable: un medio para “alcanzar (…) uno de los objetivos y propósitos de la ONU”.
Este organismo de la ONU exhibe su sesgo antiisraelí desde el mismo momento de su constitución, y dedica un punto fijo de su agenda a las violaciones israelíes de los derechos humanos. De esta manera, el orden del día de la comisión consta de dos partes: una dedicada a (vilipendiar a) Israel y la otra a los otros 194 Estados miembros. No puede sorprender que las resoluciones aprobadas en la primera década de existencia de este ente contra Israel fueran más numerosas que las dedicadas a todos los demás países en su conjunto.
Israel es, además, el único país que padece un organismo especial de la ONU dedicado exclusivamente a vigilar su respeto a los derechos humanos. Hay decenas de países –muchos de ellos árabes o musulmanes– donde el respeto a los derechos humanos es una entelequia, pero ninguno tiene el dudoso honor de contar con un órgano especial para monitorizar sus actuaciones cotidianas. El Estado judío, sí. El organismo en cuestión se denomina, de manera bien gráfica, la Comisión para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino, y su composición no puede ser más reveladora:
De los veinte Estados miembros elegidos para este comité, dieciséis eran tan firmes partidarios de la causa árabe que no tenían relaciones diplomáticas con Israel. Dieciocho habían votado a favor de la resolución que calificaba al sionismo como una forma de racismo, con lo que juzgan que la mera existencia de Israel constituye una violación de los derechos humanos. La OLP, que no era un Estado miembro, ni siquiera un Estado, sino una autoproclamada organización revolucionaria aún dedicada al terrorismo, no podía ser miembro del comité. Pero sorprendentemente fue invitada a participar formalmente en sus trabajos y formó parte del comité de redacción que elaboró su primer informe.
Hay otros dos entes dedicados exclusivamente a censurar las acciones israelíes en su conflicto con los palestinos. En efecto,
la ONU tiene tres órganos especiales, la División de Derechos Palestinos, el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino y el Comité Especial para Investigar las Prácticas Israelíes que Afectan a los Derechos del Pueblo Palestino y otros Árabes de los Territorios Ocupados, dedicados a promover la causa palestina y criticar a Israel. No existe ningún organismo similar para cualquier otro pueblo o conflicto.
La obsesión con el Estado judío lleva a hacerlo objeto de ataques por cuestiones como la discriminación a la mujer, a pesar de que la situación de la mujer en Israel es homologable a la de cualquier democracia occidental y está a años luz de lo que ocurre en sus vecinos árabes y musulmanes. La ONU, cuando se trata de Israel, parece atender sólo a los derechos de las mujeres palestinas, severamente reprimidos… por los propios gobernantes palestinos (Autoridad Palestina y Hamás). En el Índice de Desigualdad de Género, elaborado por la propia ONU, Israel está entre los 20 mejores países; mejor que el 80% de los miembros de la Comisión sobre la Situación de la Mujer, incluidos todos los Estados que votaron a favor de criticar a Israel.
Por supuesto, al hablar del antiisraelismo de la ONU hay que hacer referencia a la UNRWA, la agencia para los refugiados palestinos, los únicos del mundo que cuentan con una organización dedicada exclusivamente a ellos (los demás son responsabilidad de Acnur). La UNRWA acumula críticas cada vez más contundentes por haberse convertido en ariete de las campañas antiisraelíes y dejar en segundo plano su vertiente humanitaria, precisamente su objetivo fundacional.
El propio secretario general de la ONU, António Guterres, comparte con sus antecesores la visión de que la organización discrimina profundamente a Israel en su funcionamiento ordinario. En una de sus comparecencias más recientes declaró:
Israel tiene que ser tratado como cualquier otro Estado miembro, con exactamente las mismas reglas. (…) Israel tiene el derecho innegable a existir y a vivir en paz y con seguridad con sus vecinos (…) La forma moderna de antisemitismo es negar la existencia del Estado de Israel.

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