domingo, 15 de septiembre de 2013
Uypress, Ana JerosolimskiEntre los odios y la dimensión humana de las guerras
Estas líneas las escribimos en Antakya, una ciudad en la provincia de Hatay en el sur de Turquía, lindante con Siria, donde nos encontramos desde hace varios días para cubrir desde localidades pegadas a la frontera misma-como Reyhalin y Hacipasa-la situación de los refugiados sirios que cruzan la frontera buscando salvación.
Nos envió el diario "El Universal" de México, con el que trabajamos desde hace años como corresponsal en Jerusalem, cubriendo la zona.
Y nos sentamos a pensar cómo resumir aquí, cómo plasmar fielmente en el papel, el remolino de pensamientos y sentimientos que inspira ver lo que estamos viendo y captar la guerra en Siria a través de esta gente que la ha sufrido.
Y es terrible. Aunque no veamos a los muertos por armas químicas ni a las mujeres violadas ni a los heridos destrozados por el misil de un avión. Esta mañana, en camino a un centro de recuperación de heridos sirios -entre ellos el joven que aparece en la foto, que ha perdido la nariz y sufrido otras heridas varias- pensamos en las numerosas historias que hemos oído aquí esta semana. .Sobre el joven que asegura haber visto u oído sobre soldados del régimen sirio violando a jovencitas sunitas y a casi niñas. Sobre el más joven de los que reciben tratamiento en la clínica de rehabilitación, que nos muestra las heridas sufridas a causa de un proyectil que le disparó un batallón de iraníes ("hablaban en persa, y cuando les gritamos en árabe, no nos entendían", cuenta). Pensamos en sus padres que tienen cinco hijos varones, a él con su hermano mayor que lo cuida en Antakya en este centro, a otro internado en otra clínica y a otros dos luchando con el Ejército de Siria Libre "en la campaña..no sabemos ni dónde están ni si van a volver"...Y en las proporciones que el mayor pone al decirnos que "nosotros somos afortunados , porque estamos vivos y pudimos luchar..¿Qué tienen otros para decir?".