lunes, 16 de septiembre de 2013
War never again!'
Escrito por Pilar Rahola para Mediterraneo Digital.com Publicado en Opinión tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente
Barak Obama, la responsabilidad sobre sus hombros
Barak Obama, la responsabilidad sobre sus hombros
En su aparente simpleza, el tuit del papa Francisco resumía un mundo de intenciones. Muchos, desde todas las orillas ideológicas, clamaríamos con él ese "war never again!, war never again!", repetido cual grito en la red. Y no sólo por defender la paz y rechazar la guerra, ya que en la historia de los conflictos, esos conceptos nunca son blanco y negro. ¿Cabía defender la paz ante Hitler? Ni Gandhi, adalid del pacifismo, promovió esa idea, porque sabía que los caminos de la paz también pueden ser siniestros. Sin embargo, cuando Francisco usa el "never again" no solo dice "no a la guerra", sino "no a la guerra, nunca más", y en el adverbio está la carga de la intención.
Ciertamente, ¿podemos volver a las andadas, lanzando bombas occidentales sobre las tierras de Oriente como si fuera el maná de las soluciones? Sin duda, el régimen de Asad es terrorífico y parece probable que haya usado su arsenal químico contra los enemigos, población civil incluida. Si añadimos que está sostenido por Irán, con Hizbulah de brazo armado, el cuadro es una galería de los horrores. Pero si ampliamos la mirada, el otro lado se asemeja en barbarie, y la idea de bombardear a los Asad para beneficiar a las guerrillas somalíes de Al Shabab, a los talibanes afganos y a sus amigos de Al Qaeda, apoyados por las dictaduras del Golfo... Esa perspectiva es el infierno de Dante. ¿Realmente esa es la solución? Porque podríamos preguntárselo a los libios, que vieron cómo bombardeábamos al esperpéntico Gadafi y ahora son gobernados por una pandilla de islamistas radicales que han sembrado el terror en el país. Y de Iraq, ni hablemos. Además, sólo cabe observar que un régimen tiránico como el saudí, financiador de la radicalización del islam en todo el mundo, estaría encantado con el bombardeo, y en cambio el actual Gobierno egipcio, con fuerte apoyo de los sectores civiles laicos, estaría en contra. Nada es lo que parece en esa zona del mundo y, desde luego, no sirve el maniqueísmo.
De ahí que la premura de Obama por subirse al avión de la guerra sume en la larga lista de errores de su política internacional. ¿De qué va a servir? Puede que calme a las dictaduras del petrodólar, encantadas de reducir la influencia iraní, pero difícilmente acabará con el régimen, además abrirá el melón de Irán y ampliará el polvorín de la zona. Y lo que es peor, no ayudará a la población siria, que caerá en manos de guerrillas islamistas. Aunque eso no importa a nadie, porque bien sabemos, desde los tiempos de Tucídides, que el drama de la población no cuenta en la geopolítica.
En cualquier caso, la guerra contra Siria no será el camino torcido de la paz, sino la antesala de una inestabilidad mayor, cuyo resultado, a medio plazo, puede ser catastrófico. Es lo que tiene hacer de bombero armado de gasolina en un fuego descontrolado, que uno puede acabar siendo el pirómano.
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