lunes, 16 de septiembre de 2013
Alá rey
Dibujo de Arianne Faber
No conoce uno ninguno de los países de Oriente Medio, y a los dos días que pasé hace años en Tánger y en Tetuán no se les puede llamar casi ni viaje. Lo que vi entonces o me gustó mucho o no me gustó nada, en todo caso salió uno de allí con un propósito no por irrelevante menos firme: jamás viviría en un país en el que las mujeres que se ven por la calle o van solas, sin mezclarse con los hombres, o van tapadas o directamente no se las ve. Entrar en un café se convertía siempre en una experiencia desagradable, teniendo que ver a todas horas a unos tíos por lo general de mirada vidriosa y sin afeitar manoseando un rosario.
Preguntaba:¿"¿Y aquí las mujeres qué hacen?". "Las mujeres están donde tienen que estar, en su casa, pero no crea usted", añadían, "allí, en su casa, gozan de entera libertad". De las cosas que me gustaron mucho en Tetuán, una fue el burrero donde guardaban las bestias quienes acudían a sus puestos en la medina. En ningún otro lugar podría sentirse nadie más cerca de la España del siglo XVI, como si nos hubiéramos transportado a ella por arte de magia. Me decía: "El Zocodover de Toledo, en el que Cervantes dijo haber encontrado el manuscrito del Quijote, sería poco más o menos como esta medina, los mismos olores a canela y clavo, las mismas chilabas y balandranes, los mismos rezos melismáticos del muecín...". Y aquí quería llegar: por nada del mundo desearía uno tener que volver a la España de Cervantes, a merced de los curas, de la Inquisición y del rey y sus nobles y servidores. Con el Quijote tenemos de sobra. Y de la misma manera que sentimos la ondulación de la sensualidad, sintió también uno en Tetuán la opresión en el pecho, como los galeotes, y el azote de sus leyes y costumbres...
Hace poco el papa Francisco se refirió a esto precisamente, a la necesidad de separar Estado e Iglesia. Los grandes políticos se caracterizan por hacer de necesidad virtud, y el Papa en realidad está recordándonos que la Iglesia católica, que él dirige, está siendo hostilizada y martirizada en muchos de los países (Pakistán, Líbano, Argelia, ahora Egipto) en los que los musulmanes han conseguido apoderarse del Estado o están en ello, es decir, en aquellos en los que se quiere sentar a Alá en un trono, con la espada en la mano, tal y como Cristo Rey imperó hasta ayer, como quien dice
En las religiones del libro, mulás, curas y rabinos tradicionalmente se parecían bastante, y si cambiaban, es decir, si mejoran algo, no solía ser de buena gana, sino porque la sociedad civil les arrebataba el poder, a veces con grandes padecimientos. El modo en que ha sido desalojada del gobierno la Hermandad en Egipto no ha sido en absoluto democrática, cierto, claro que las leyes que promulgó el Partido Nazi, que también alcanzó el poder en unas elecciones, tuvieron por objeto precisamente acabar con la democracia. A uno le gustaría que los niños vinieran de París y no tras desgarros dolorosos y sangrientos, y vivir en lugares en los que las leyes las dictan los hombres y no los curas, y en los que las mujeres pueden hacer lo que quieran, sin tener que pedirle permiso ni a los curas ni a unos hombres por lo general viejos, gordos e intransigentes que se pasan la vida en un café dándole vueltas a un rosario. Y todo ello pacíficamente, sí, pero...
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