domingo, 23 de noviembre de 2008

La Diplomacia Epistolar de Irán


La victoria electoral de Barak Hussein Obama ha encantado a individuos, grupos y naciones. En Estados Unidos, negros, judíos, y gays le dieron cada uno más del 70% de sus votos. En Kenia, su familia a la distancia posó para la prensa internacional en una reunión de alegría. En Israel, una tribu beduina adujo estar familiarmente vinculada al presidente electo. Incluso en Teherán hombres se mostraron en público portando calcomanías de Obama sobre sus ropas.Políticamente, una de las manifestaciones más interesantes emanó de allí mismo; del palacio presidencial. Casi inmediatamente luego del resultado electoral, Mahmoud Ahmadinejad envió una carta a Barack Obama. A diferencia de la larga carta enviada a George W. Bush en mayo del 2006 (en la que mencionó a Jesús nueve veces y a Dios once veces para terminar invitando al presidente estadounidense a servir a Allah), la misiva menciona a Dios y a los profetas de manera mucho más moderada y se abstiene de hacer proselitismo. No obstante, es muy probable que consideraciones teológicas hayan estado presentes en la mente del presidente khomeinista al escribirla. Tal como el comentarista político iraní expatriado Amir Taheri ha señalado, en el siglo VII Alí ibn Abi-Talib predijo que un “hombre negro alto” al mando “del más grande ejército en la tierra” tomaría el poder “en Occidente” y traería una “clara señal” del Tercer Imán, Hussein. En su profecía, Alí dijo de este personaje: “los chiítas no deberían tener duda alguna que él está con nosotros”. Daniel Pipes ha observado que en árabe, Barack Hussein significa “la bendición de Hussein”. En farsi, Obama significa “él está con nosotros”. Así, las profecías en las que cree el establishment clerical iraní podrían -en la óptica de éstos- ver su realización inminente en el ascenso de Barack Obama al poder.Si ella ha sido la razón del nuevo ejercicio epistolar iraní está más allá de nuestro alcance a determinar. Lo políticamente relevante es la existencia de la carta, el contenido de la misma, y la reacción que ella produjo. Ella representa la segunda comunicación escrita formal iniciada por Teherán hacia Washington en los últimos 29 años. La carta tiene un tono petulante en la que sermonea al gobierno de EE.UU.: “La gente espera una respuesta clara e inmediata a la presión para el cambio fundamental en las políticas del gobierno norteamericano, tanto internas como externas…ese debiera ser el objetivo y base de todos los futuros programas y acciones de su gobierno”. Le prescribe las áreas que deberá atender, desde “energía” hasta “servir al pueblo”, desde la “crisis económica” hasta la “imagen del país”, desde “erradicar la pobreza y la discriminación” hasta “renovar el respeto por los individuos, su seguridad y sus derechos”. En lo que puede interpretarse como una referencia a la cuestión nuclear, sostiene que “las naciones del mundo esperan un fin a las políticas basadas en la belicosidad, invasión, patoterismo, chicana, la humillación de otros países por medio de la imposición de exigencias injustas y tendenciosas”. Le atribuye a terceras partes lo que en realidad es un anhelo iraní, al decir “ellas quieren que el gobierno norteamericano mantenga sus intervenciones dentro de las fronteras de su propio país”. En una evidente referencia a los judíos norteamericanos, sin nombrarlos explícitamente, dice “Espero que Ud. elegirá honrar los reales intereses del pueblo y la justicia y la equidad por sobre el apetito insaciable de la minoría egoísta”. En una alusión a Israel, que acaba de marcar su sesenta aniversario, menciona que en el Medio Oriente hay una “expectativa de que las acciones injustas de los últimos 60 años darán lugar a una política que estimule los derechos plenos a todas las naciones, especialmente a las naciones oprimidas de Palestina, Irak y Afganistán”. Después de auto-congratular a su país como “la nación de Irán gran constructora de la civilización y buscadora de la justicia”, la epístola termina invocando a Dios y a los sagrados profetas y predicando “amor y amabilidad” entre otros clisés.Esta carta obligó al presidente-electo a abordar la relación con Irán en su primera conferencia de prensa post-electoral. En ella, Obama dijo que revisaría el texto y respondería apropiadamente. También dijo que el apoyo iraní a agrupaciones terroristas debía cesar y que el desarrollo de armas nucleares era inaceptable. Esto motivó que el vocero del Parlamento iraní, Alí Larijani, a la vez ex negociador de asuntos nucleares con Occidente, tildara a la respuesta de “no moverse en la dirección correcta”. Ahmad Tavakoli, parlamentario conservador aseguró que las “respuestas arrogantes” de Obama no servían a la dignidad del país.La inoportuna misiva de Ahmadinejad enviada a Obama el mismo día de su victoria nos recuerda cuan inevitable será para la próxima administración demócrata lidiar con este espinoso asunto. El affair motivó un debate en la comunidad de expertos. Robert Satloff ha observado que Washington posee cinco mega-relaciones con socios en la región -Israel, Egipto, Arabia Saudita, Turquía e Irak- interconectadas por la cuestión iraní. “Una pronta definición de una política hacia Irán es esencial”, opina. Patrick Clawson cree que Washington tratará con Teherán al menos para descomprimir la noción de que la ausencia de progreso se debe a la reticencia norteamericana a dialogar con la república islámica. Al mismo tiempo, él advierte que un acercamiento a Irán reforzará la imagen de los “duros” ante la opinión pública iraní a meses de las elecciones presidenciales de junio próximo, además de generar intranquilidad en los países del Golfo Pérsico y obviamente en Jerusalém. David Makovsky sugiere que aún si tratativas con Irán fracasaran, ello legitimaría el recurso a otras opciones. En todo caso, Barack Obama tiene un amplio margen de acción. Su campaña se centró en la esperanza y el cambio. Como ha sido observado, al carecer de un pasado, él prometió el futuro. Para los estadounidenses, el “cambio” se refirió a la situación en Irak, el año pasado, y a la crisis financiera, éste. El año entrante podría significar cualquier otra cosa. De este modo, el nuevo presidente tendrá espacio para elegir a qué áreas aplicar el cambio y a cuales no a partir de enero. En torno a los aciertos y errores de la administración Bush respecto a Irán, una buena política de Obama consistiría en mantener la decisión de no dialogar con Teherán, reforzar las hasta el momento débiles sanciones diplomáticas, y respaldarlas con la amenaza del uso creíble de la fuerza ante la no-cooperación de ese país. Si y cuando la república islámica haya cambiado sus modales, Obama podrá enviarle a Teherán una carta de agradecimiento.Por Julián Schvindlerman. Comunidades

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