jueves, 27 de noviembre de 2008

REFLEXIONES



Para pensar...

Mi nombre no es importante.

¿Quién soy?

Soy el último judío.

Es el año 2124, el lugar es el Instituto Smithsoniano.

Estoy en una jaula de exhibición. La gente pasa al lado mío, clavando sus miradas, señalando y a veces riendo.

En las paredes están colgadas las reminiscencias de la cultura judía: un Talit, una Torá, libros del Talmud, etc.

Cada día que pasa me pregunto cómo fue posible que catorce millones y medio de personas que vivieron hace poco más de un siglo, pudieran desaparecer.


Mi padre y abuelo me contaban sobre las comunidades judías de los siglos XIX y XX, de las grandes poblaciones de Los Ángeles, Nueva York y Chicago; sobre organizaciones judías como la Bnei Brith, Tzedaká y muchas otras.

Recuerdo a mi padre contándome qué tan próspera era la persona judía. Todo esto se ha desvanecido y ha desaparecido.

Analizo las razones, recuerdo los eventos y busco una respuesta, y creo que sé como desaparecieron los judíos. Son pequeños eventos que sucedieron gradualmente:

Familias que dejaron de asistir a los servicios sabáticos, dejaron de enviar a sus hijos a escuelas hebreas y a sus clases de Bar Mitzvá. Dejaron de prender velas para Shabat...

Mi abuelo decía que sin embargo eran buenos judíos. Iban a los servicios de Iom Kipur, tenían sedarim de Pésaj cada año. La historia nos cuenta que esto también terminó.

Ir a los servicios de Kol Nidré dejó de ser un honor y pasó a ser una tarea pesada. Hacer el séder era una tarea forzada. Los rituales del judaísmo empezaron a desvanecerse.

Este fue el primer paso.

Estuve leyendo sobre un rabino que pedía a los judíos, dejar de lado todas las diferencias a fin de asimilarse. Con el tiempo el judío llegó a ser igual. El judío estaba al mismo nivel que el gentil.

Con esta lucha por la igualdad todas las diferencias fueron dejadas de lado. Los judíos ya no ponían mezuzot en sus puertas. Si se les preguntaba si eran judíos o no, respondían de mala gana o decían que no.

Se desarrolló un Judaísmo no religioso en América. Ellos no podían darse cuenta que eso no podía existir. El Judaísmo necesita de los judíos, pero los judíos también necesitan del Judaísmo.

Uno sin el otro están muertos.

¿Por qué fue que esta gente no vio esto?

Entonces llegó el último suspiro. Esto fue hace cincuenta años. Las Naciones árabes se rearmaron. Querían destruir a Israel y actuaron. Con dos bombas, tres millones de israelíes fueron destruidos y la tierra carbonizada.

Cuando la noticia se esparció por el globo, el resto de los judíos se preguntó: ¿Qué pude haber hecho para evitar la masacre?

Sin embargo mas de 150 años antes, un hombre hizo una matanza de seis millones de judíos, y mi padre me contó que la gente juró que "nunca iba a olvidar".

Los judíos de todo el mundo daban donaciones para Israel y hacían votos por el progreso de todos los judíos.

Con el tiempo las donaciones dejaron de hacerse, las promesas y los juramentos fueron olvidados. ¡Qué olvidadizo puede ser un pueblo! Cuando el judío perdió su orgullo, su religión e Israel, ellos perdieron todo.

Yo soy el último judío. En menos de 20 años yo también moriré. Nunca más habrá un judío en este planeta.

Mi Di-s, ¿en qué momento te abandonamos?

FUENTE MESILOT HA TORA

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