viernes, 25 de abril de 2014

“El mismo pensamiento en tres mandatos divinos”

e de Lubavitch23/04/2014
Enseñanza del Rebe de Lubavitch
Enseñanza del Rebe de Lubavitch
Transcribimos a continuación la explicación a la Parashá Kedoshim del Rebe de Lubavitch,  Menajem Schneerson Shlita (Likutei Sijot, Tomo 1 - Pág. 255), publicada por Jabad Lubavitcn, (Enseñanza Semanal 863) manteniendo la trasliteración original de las palabras hebreas.


El mismo pensamiento en tres mandatos divinos

“Santos sean” (Vaikrá 19:2)


En la Torá todo es absolutamente exacto. Incluso diferentes preceptos que aparecen en la Torá en una misma secuencia, deben poseer un contenido en común. A la luz de ello debemos encontrar la relación entre los tres mandatos Divinos que aparecen uno tras el otro en el comienzo de nuestra Parashá, a pesar de que a simple vista son totalmente diferentes: "Santos sean "; "Un hombre a su madre y a su padre temerán "; "a mis Sha­bat han de cuidar".
Con la orden "santos sean " nos exige Di-s identificarnos de entre las naciones del mundo (Santidad- Kedushá- significa ma­car la diferencia, separar, como también está dicho en el final de nuestra Parashá: "y seréis sagrados para Mí... y os He separado de entre los pueblos ".
¿Con qué debemos marcar la diferencia? Si esto se refiere a nuestra obligación de vivir en base a lo que dice la Torá y sus pre­ceptos, no es apropiado el término de marcar la diferencia, destacar, separar, puesto que las demás naciones directamente no tienen relación con la Torá, entonces de un princi­pio no participan de algo en común como para marcar, destacar, una diferencia. Está claro entonces que este precepto se refiere a aquellos aspectos en los cuales hay similitud entre quién es judío y quién no lo es, y ahí nos ordena la Torá "santos sean", destáquense y marquen la diferencia con las naciones del mundo.
Siempre santos
Esta indicación de la Torá se refiere a los aspectos neutros de la vida, que no son pre­ceptos religiosos ni tampoco cosas pro­hibidas- como ser comer, beber, comerciar, etc. En estos campos, a simple vista no se ve diferencias entre el judío y el no judío. Ambos se alimentan para preservar la salud corporal, trabajan para ganar el sustento, se dedican a las necesidades en común de los humanos.
Sin embargo, la Torá nos encomienda: "santos sean "- es vuestro deber introducir santidad también en estos planos; también en los quehaceres cotidianos hay una parti­cularidad propia de los judíos. Y esto es que: también lo cotidiano, lo natural, debe realizarse con un objetivo espiritual ulterior-Leshem Shamaim- por ejemplo, alimentarse para que el cuerpo esté sano y pueda cumplir con los mandatos de Di-s, y a su vez santificándose también en lo permitido ( "santifícate en aquello que te está permitido ") y no dar rienda suelta en aquello que es lícito disfrutar.
Al interrogante de cómo es posible ser santos también al estar dedicados a los temas mundanos, la Torá nos responde de inme­diato con las palabras "pues Yo Soy Santo". El judío, dondequiera que se encuentre, está unido al Altísimo, sobre Quien decimos: "Tú Eres Santo . Y de esa santidad se nutre uno de fuerzas para generar una atmósfera donde brilla la Presencia Divina también du­rante la comida, los negocios y las demás ocupaciones cotidianas de este mundo.Transmitir a los niños
A ello sigue la segunda orden: "un hom­bre a su madre y a su padre temerán". La santidad del judaísmo que engloba a todos los aspectos de la vida de un judío, debe ser transmitida también a la generación siguiente. No debe darse uno por satisfecho con que él mismo sea santo, sino que debe asegurarse de que esa santidad pase también a sus hijos.
Luego viene la tercera ordenanza del texto: "Ya Mis Shabat han de cuidar". Con ello, la Torá completa las indicaciones de esta instrucción. Este precepto viene a res­ponder de dónde sacamos las fuerzas para un desafío tan grande como el de santificarse a sí mismo y simultáneamente velar por el traspaso de la santidad también a las gene­raciones futuras. Y la respuesta a ello es el Shabat.El Shabat como aviso recordatorio
La visión general de la relación "Di-s-mundo " es que "Di-s abandonó a la Tierra " y la dejó en manos de la naturaleza y los fac­tores de influencia terrenales. En contra­posición a ello, el Shabat convierte en palpable y visible a la visión de la fe judaica en la renovación y manejo permanentes del mundo por parte del Creador.
La observancia del Shabat es la señal del pacto existente entre nosotros y el Altísimo, y nos recuerda siempre, que también la natu­raleza está bajo el dominio absoluto de Hashem. El Shabat proporciona la capacidad de imbuir de santidad a todos los aspectos de la vida cotidiana y compenetrar con esa conciencia también a nuestros hijos.


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