lunes, 14 de octubre de 2013
PIRATAS JUDÍOS EN EL CARIBE
Fuente: Beit Ha Anusim
9/10/13
Por Rabino Nissan Ben Avraham
LOS EXPULSADOS DE ESPAÑAjews_of_caribbean_042_700
Los judíos expulsados de España se habían refugiado en Portugal para verse forzados a bautizarse menos de cinco años más tarde. De allí, escapaban como buenamente podían, en dirección a los Países Bajos, especialmente a la ciudad de Ámsterdam, que pronto se convirtió en la Nueva Jerusalén.
Pero otros, aprovecharon la nueva situación burlando la frontera hispano-lusitana y regresando, ahora como ‘nuevos cristianos’, a su antigua patria. Los llamaban “los portugueses”, a pesar de hablar perfectamente la lengua castellana e incluso haber nacido en el reino de Castilla.
Los encontraremos en los archivos de la Santa Inquisición, cuando ésta vaya descubriendo las familias que siguen guardando prácticas judías en secreto, y ejecute en la hoguera a sus miembros en multitudinarios ‘Autos de Fe’.
LOS “PORTUGUESES”
Pero también algunos de aquellos que no practicaron el judaísmo, o que no fueron descubiertos por la Inquisición, llamaron la atención y la envidia de sus vecinos ‘cristianos viejos’. A diferencia de los últimos, a quienes les gustaba sentarse en las tabernas tomando unas tapas, los ‘portugueses’ aprovechaban muy bien su tiempo y su ingenio para recuperar sus haciendas perdidas en la expulsión, y tal vez de esta forma vengarse de aquellos que se las habían comprado medio gratis en los tres meses que tuvieron para despacharlas antes de la expulsión. Algunos se establecieron en la Calle de las Sierpes, en Sevilla, no muy lejos de la Torre del Oro, donde llegaba el cargamento de las Indias, para ocuparse del creciente comercio en la zona.
Otros de ellos se embarcaron al Nuevo Mundo, donde había muchos valientes y muy crueles soldados, pero pocos mercaderes que se encargaran de mandar las enormes riquezas expoliadas de los ‘indios’ a la Madre Patria. Allí, creían encontrarse seguros, lejos de la Inquisición que se había impuesto en Castilla diez años antes del viaje de las Tres Carabelas.
LOS MERCADERES DEL NUEVO MUNDOimages (4)
Pero el Santo Oficio, no tardó en enterarse que según el mensaje del Inquisidor que visitó los lugares, “la ciudad de Lima está llena de judíos. Todo pasa por sus manos, de brocados a sayos, de diamantes a semillas de comino, a la más preciosa perla o el más vil negro de Guinea”. También en Potosí, en Bolivia, donde había una montaña de plata, según el reporte del Inquisidor “estaba todo el comercio casi exclusivamente en manos de los criptojudíos”.
No solo los inquisidores se quejaban, también los ingleses que acababan de ‘conquistar’ la isla de Santiago, que había sido propiedad de la familia de Colón, afirmaban que “los descendientes de los que crucificaron a Jesús bendito, se comen nuestro comercio y el de nuestros hijos. Compran toda la carga del navío mercante, la dividen conforme a las participaciones pagadas y distribuyen los productos a través de agentes en cada una de las colonias”.
Al principio su comercio era con sus hermanos judíos encubiertos de la Península, pero más tarde osaron traficar con judíos ingleses y holandeses (antes y después de las guerras y de los embargos, o burlándolos), a veces con navíos alquilados de sus propietarios judíos en Amberes o en Ámsterdam. Habían puesto en marcha el sistema de las ‘letras de cambio’ y todos acudían a ellos para comerciar con más seguridad.
VENTA DE INFORMACIÓN
Parece que este dominio del comercio, llevó a unos pocos de ellos a vengarse más cruelmente de los españoles que habían expulsado a sus bisabuelos, y que seguían persiguiéndolos en las Américas, poniendo la información de la carga de un navío determinado en conocimiento de sus enemigos holandeses o ingleses.
Tanto los ingleses como los franceses y los holandeses, ya desde el siglo dieciséis, todo el diecisiete y comienzos del dieciocho, envidiando el saqueo perpetrado por los españoles en el Nuevo Mundo y queriendo sacar ellos también su provecho, habían abierto una guerra. Con sus treguas más o menos respetadas por ambos bandos, la guerra se perpetró contra los centros españoles en América, desde Florida hasta Buenos Aires e incluso, al seguir los pasos de Magallanes, hasta la costa del Perú, que sufrió ataques ingleses y holandeses. Así, islas como Barbadas, San Cristóbal y Santo Tomás se convierten en nidos de bucaneros. Y sobre todo la isla de Santiago, ahora en manos inglesas y rebautizada como Jamaica, se convertía en el gran centro de los corsarios que atacaban sin cesar los puertos y los navíos españoles.
jews_of_caribbean_051_700LOS “PORTUGALES” DE JAMAICA
Parece que en esta isla, había ya un grupo de criptojudíos llamados ‘Portugales’. Los mismos, se habían instalado en la isla ya en el año 1510, en Sevilla su primera capital, la cual fue abandonada al cabo de dos décadas por ser insalubre. Seguramente, estos criptojudíos se trasladaron a la llamada Santiago, a la cual más tarde los ingleses denominaron Kingston.
Cuando el Lord Protector Cromwell, envió sus tropas al Caribe con la intención de instigar la Flota de las Indias españolas, parece que los criptojudíos jamaicanos intervinieron para que, después de su vergonzosa derrota en La Española, la ‘Expedición del Oeste’ conquistara la isla Jamaica. Dicho evento, causó el comienzo de la guerra anglo-española la cual perduró entre el 1655-1660.
BUCANEROS JUDÍOS
En fin, según parece, hubo incluso varios piratas, los hermanos Abraham y Moisés Cohen Henriques, Yaacov Koriel y David Abrabanel, judíos ‘portugueses’, al servicio de los holandeses o de los ingleses para luchar contra los españoles que habían expulsado a sus padres y que seguían persiguiéndoles con su Santo Oficio. Estos piratas guardaban el shabat y tenían sinagogas con suelo arenoso, navegando en naves llamadas La Reina Ester, el Profeta Samuel o El Escudo de Abraham, desde Recife (al nordeste de Brasil) hasta las Guayanas y las islas caribeñas.
Existen investigaciones sobre los judíos caribeños, verdaderos Bnei Anusim que regresaron orgullosamente a sus raíces judías. Pero sin duda, merecen un estudio mucho más detallado de cómo llegaron y cómo se establecieron en cada isla y cada comunidad y las actividades comerciales y religiosas que tenían. Nos alegraremos, por supuesto, de recibir noticias y nuevos datos.