jueves, 10 de octubre de 2013

Semanario Hebreo, Esc. Esther Mostovich de Cukierman El Talmud en la Universidad de la República

Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman Corría el año 2001 cuando las clases de “Talmud y Derecho” comenzaron en el Centro de Postgrados de la Facultad de Derecho, Universidad de la República. ¡Este curso ya cumple trece años! Vamos a festejarlo como se merece: renovándonos en las clases del año 2013. ¡Hay tanta Historia e historias poco conocidas dentro y alrededor de la Ley Hebrea! No nos va a alcanzar la vida para estudiarlas todas. El desafío de investigarlas y enseñarlas, es apasionante. Y quisiera tratar de explicarles qué quiero decir con esas palabras. ¿Qué significa “Talmud”? Estudio. El Talmud es una colección de libros (1) que recogen por escrito un camino de ley que llega desde el pasado y va hacia el futuro. Hay dos grandes vías, Halajá, (la Ley, o el camino ) que organiza las sentencias de jurisprudencia hebrea, y Hagadá , (relatos) que señala el mismo camino con cuentos, ejemplos, reales o legendarios, que envuelven a veces una aventura, una sonrisa, un sueño, o tal vez una lágrima . Pero el texto va mucho más allá. Pretende transmitir , entre otras cosas, el resumen de todos los conocimientos de quienes lo componen , todo lo que los rabíes sabían de la vida y de las ciencias, porque todas ellas se aplican para comprender las Leyes bíblicas : medicina, matemáticas, geografía, astrología, astronomía, física, química, medicina, sicología, sexología, botánica, ciencias naturales. Incluso interpretación de los sueños, que en ese entonces se consideraba una ciencia. Sin decirlo expresamente, el Talmud de Babilonia (2) quiere ser la suma y resumen de todos los conocimientos humanos. Podría decirse que es la primer gran Enciclopedia Universal que conoció el mundo occidental. Hay algo más. El Talmud enseña por lo que dice y también por lo que deja sin decir. Abrimos un tomo del texto y no hay ninguna introducción al tema, ya estamos presentes en una discusión, como si llegáramos al teatro en la mitad de una función. Claramente nos hemos zambullido en una conversación que ya empezó en algún momento anterior. ¿Cuándo empezó? Eso nos lleva a investigar. En esas páginas se escuchan los dichos y jurisprudencias de muchos maestros, que han vivido a lo largo de unos miles de años y todas esas enseñanzas se traen a la discusión en tiempo verbal presente. Todos dicen al lector, sus palabras, sin darle ninguna importancia al lugar y fecha en que cada uno de los maestros ha vivido. ¿Por qué? Quien es curioso, tendrá que averiguarlo. En muchos casos, ni siquiera figura el nombre del autor de esos mensajes, sólo se escuchan sus voces. A veces, se traen sus opiniones nombrándolos simplemente Jazal, “nuestros sabios de ilustre memoria”, o mencionando “se ha dicho”. Y todas esas voces nos hablan a nosotros. Sin decirlo, nos invitan a formar parte de su discusión. El tiempo ha dejado de importar. Estamos dentro del Talmud, todos estamos presentes. La mesa de rabíes considera cada tema, uno por uno. A menudo, al conversar, se van por las ramas, recordando frases del Tanaj (Biblia) datos científicos, midrashim (interpretaciones rabínicas), anécdotas, refranes, temas diversos que pueden llegarles a la mente por la libre asociación de ideas. El estudiante a veces se pierde en todos esos vericuetos, pero si tiene paciencia y sigue leyendo, en todos los casos, varias páginas más adelante, los rabíes retornan a la pregunta inicial y deciden por mayoría de votos, la solución que aceptan en el caso planteado. Esa queda como jurisprudencia precedente y obligatoria, pero no como la única posible. ¿Por qué? Porque si los tiempos cambiantes lo hacen necesario, el juez posterior podrá poner en práctica las opiniones que en el texto del Talmud, quedaron en mínoría y fueron dejadas de lado. Siempre será “el Juez que estuviere en tus días” (3) el que dirá la respuesta del asunto. El texto enseña remedios antiguos, cuya eficacia conocían por la práctica y hoy en día la medicina actual podría revisar para ver si siguen siendo buenas ideas o no, como puede ser que el peor dolor es el dolor de muelas y para adormecerlo se puede aplicar la pulpa de una cabeza de ajo machacado sobre el diente y la encía que lo rodea, (4) o que para curarse el resfrío no sirve meterse en la cama y quedarse quieto sino que es mejor calentar el cuerpo haciendo trabajo físico . O que para conservar la salud hay que levantarse de la mesa antes de que uno esté lleno (5). Todo el contexto expresa una filosofía que pone al Señor en el centro y da a toda la tarea del ser humano, un objetivo para cumplir durante la vida: aprender y poner en obra todas las leyes de la Torá. No hay un mandamiento expreso en la Torá que ordene “Cree en el Eterno”. Sin embargo, sin expresarlo en palabras, todos los rabíes del Talmud enuncian lo que el sabio Maimónides recita en el siglo XII en su famoso Credo: “Ani maamin ve emuna Shlema”. Una traducción aproximada, podría ser “Creo con creencia completa” o “Creo con Fe plena”. Tan plena como un vaso lleno de agua, al punto que una sola gota más, haría derramar el líquido. Parte importante del Talmud se dedica a elaborar el culto hebreo, pero eso no es tema de la Universidad de la República. Estamos reconociendo un hecho: al elaborar los mandamientos bíblicos, los rabíes del Talmud establecen muchas cosas que son universales. Leyes para la vida en sociedad, principios éticos, valores básicos que han tenido enorme influencia sobre los regímenes legales de los países de Occidente. El Tanaj (Biblia) presenta en el mundo occidental la primera formulación de los Derechos Humanos y el Talmud rabínico elabora el primer desarrollo que fundamenta esos Derechos Humanos. El Talmud fue quemado en Europa y el Norte de Africa en los tiempos de intolerancia e inquisición, pero cuando se formaron las Constituciones y los Códigos legales de Occidente, allí entraron los valores éticos y la elaboración legal del Talmud. ¡Quemaron los libros pero no pudieron quemar las ideas! La sabiduría del Talmud se incorporó, por varias vías, a los principios legales de los países occidentales. Esa es una de las razones de por qué interesa estudiarlo en la Facultad de Derecho: el texto y sus comentarios son una de las fuentes del Derecho de Occidente. Hay más. Los hebreos fueron vencidos en las guerras de griegos y romanos. La Historia conocida es la escrita por los vencedores, el Talmud nos trae “la otra cara de la Historia”, contada por los hebreos, el pueblo vencido. El texto nos presenta episodios casi ignorados, una ventana abierta a los grandes personajes y a los más humildes, a la vida diaria de la época en que se elaboraron sus leyes. Verdadero tesoro, testigo de una época de la cual no tenemos casi, crónicas escritas. La forma de redacción del Talmud es otro elemento curioso. Leemos una tras otra, dos, tres, cuatro opiniones distintas sobre un mismo tema. Si uno quiere entender, queda atrapado, no hay otro remedio sino decidir con cuál opinión estamos de acuerdo. Eso plantea la necesidad de entender bien claramente qué diferencia hay entre la opinión de cada uno y abrirnos a la posibilidad de distintas soluciones para cada asunto. No hay una única forma para solucionar los problemas. Esa es toda una educación de vida. Lo que más atrae del texto es que los rabíes no plantean simples argumentos, con sus palabras realizan defensas apasionadas de su punto de vista. El Talmud enseña a estudiar con pasión y ahí, llega el desafío: si quieres seguir adelante en el estudio, tienes que compartirlo. ¡La pasión no se puede mantener viva en un ser consigo mismo! Cuando el docente pone pasión en su tarea de enseñar, esa no es carretera de una sola vía; el maestro se involucra con los alumnos y los alumnos se comprometen con el maestro. Los rabíes del Talmud ponen toda su energía y su pasión en el estudio de la Ley. ¿A quiénes le quieren enseñar? A “nosotros” en todas las generaciones. ¿Por qué? Contestar esa pregunta lleva a más preguntas y más respuestas. Esa es la llave del estudio. 1 El Talmud se compone de 6 series que a su vez se estructuran en 63 Tratados, cada uno dedicado a tema diferente. 2 Compuesto en Babilonia en el siglo VI e.c. 3 Deuteronomio, 17:9 4 Recién en los últimos años, la ciencia está analizando las propiedades del ajo. En el Instituto Científico Weitzman de Israel, han desarrollado medicamentos basados en el ajo, evitando que se rompan las minúsculas partículas que al quebrarse, esparcen al aire o dentro de la boca, el fuerte aroma. 5 Talmud,Tratado Gitin, (Divorcios), folio 70 a .