jueves, 4 de octubre de 2012

Netanyahu se centra en Europa para incrementar la presión al régimen iraní

Una vez descartado un ataque a las instalaciones nucleares en Irán hasta por lo menos la próxima primavera, la estrategia israelí pasa ahora por lograr un endurecimiento de las sanciones europeas al régimen de Teherán, según confirman diversas fuentes. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, tiene previstos una serie de encuentros con líderes europeos en las próximas semanas, en los que entre otros asuntos tratará el tema iraní, según confirma su portavoz, Mark Regev. La idea es que, ante la constatación de que las sanciones están haciendo mella en la economía y aumentando la presión social sobre el Gobierno iraní, los europeos refuercen su programa de sanciones en las próximas semanas, explica una fuente diplomática israelí. MÁS INFORMACIÓN Netanyahu centra en Irán su intervención ante la ONU Obama: “Haremos lo necesario para impedir un Irán nuclear” Irán se queja del doble rasero con su programa nuclear Netanyahu insiste en que se marque una “línea roja” para frenar a Irán Los israelíes quieren que las nuevas sanciones se dirijan directamente a pilares del régimen como la guardia revolucionaria y a amplios sectores de la industria, afirma la misma fuente. Un reciente informe interno del ministerio de Exteriores israelí, filtrado a la prensa indicaba que las sanciones podrían estar provocando una fuerte tensión social y política en Irán, más allá del impacto económico. El texto, destinado a las cancillerías europeas, abogaba también por una nueva ronda de sanciones. El propio ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, predijo incluso recientemente un escenario para Irán parecido al del Egipto revolucionario. “Las manifestaciones de la oposición que tuvieron lugar en Irán en 2009 volverán con mayor fuerza. En mi opinión habrá una revolución al estilo Tahrir”, dijo en una entrevista publicada el pasado domingo por el diario Haaretz. Uno de los problemas sin embargo es que al margen de que los europeos consiguieran ponerse de acuerdo acerca de una nueva ronda, lo que ni siquiera los israelíes tienen claro es cómo lograr que las sanciones acaben por afectar no sólo a la economía o la política, sino también al programa nuclear iraní. “Hasta ahora, las sanciones han tenido un impacto en la economía del país, pero desafortunadamente no han afectado al programa nuclear”, estima Regev. Israel considera una amenaza para su existencia los avances de Teherán en el campo de la energía atómica, mientras que Irán insiste en que sus progresos tienen un fin exclusivamente civil. Dirigir la mirada ahora a Europa responde a la constatación de que de una manera u otra las sanciones están funcionando, pero sobre todo, a que a Israel le ha quedado claro que no puede contar con Washington para llevar a cabo un ataque militar, al menos de momento. El presidente estadounidense, Barack Obama, centrado en la campaña para su reelección, discrepa con Netanyahu sobre la supuesta urgencia de una agresión militar. Mientras los estadounidenses eligen a su nuevo presidente el mes que viene y a la espera de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca tome posesión y decida cuál será su estrategia iraní, Netanyahu parece haber decidido centrarse en Europa para redoblar la presión. El primer ministro israelí tiene previstos sendos encuentros con jefes de gobierno de Italia y de Alemania en las próximas semanas, en los que la cuestión iraní ocupará un espacio destacado. La intervención de Netanyahu ante la asamblea general de la ONU la semana pasada fue precisamente la escenificación del cambio de posición israelí. Políticos y analistas coinciden en Israel en que el discurso dejó claro que no habrá un ataque unilateral israelí antes de las elecciones estadounidenses y por lo menos hasta después de la primavera de 2013. Sus palabras generaron sin embargo enorme confusión en los círculos conocedores del dossier iraní sobre los términos del ultimátum israelí, que el primer ministro esbozó ante la Asamblea General. A pesar de la supuesta claridad del discurso y del dibujo infantil en el que se apoyó Netanyahu, los términos de la exposición desconcertaron a los expertos que no se ponen de acuerdo sobre qué momento del desarrollo nuclear iraní constituye la famosa línea roja —más allá del plazo temporal de “la primavera o el verano”— y que debe a juicio de Netanyahu servir de ultimátum previo a un ataque. Es decir, reina la confusión sobre cuál es el nivel de enriquecimiento de uranio que Israel considera inaceptable.