martes, 25 de febrero de 2014

Hezbolá, dividido geográficamente


Fuente: Now- Traducido por El Med.io

Por Hanin Ghadar

21/2/14
 
El pasado fin de semana, Hezbolá realizó unas concesiones sin precedentes a sus oponentes libaneses durante la formación de un nuevo Gobierno. Sin embargo, en Siria no se ha hecho ninguna oferta de ese tipo: actualmente, la política iraní en la región es la de crear la ilusión de que existe un consenso nacional en el Líbano mientras se centra, en lo militar, en defender el régimen de Asad. Conforme a esto, los dirigentes políticos de Hezbolá se portan bien en el Líbano mientras trasladan a la mayoría de sus altos cargos militares al otro lado de la frontera.
Pese a todos los compromisos políticos adoptados por Hezbolá en el Líbano, el Partido de Dios sigue siendo un objetivo que arrastra a todo el país al abismo. Las explosiones de anteayer en Bir Hasán son la última represalia por la implicación militar de la organización en Siria. Pero, aún más importante, son también un signo de que, aparte de la formación del Gobierno y de las recientes detenciones de miembros de Al Qaeda en el Líbano por las Fuerzas Armadas nacionales, hay poco que se pueda hacer para detener la violencia, aparte de una retirada completa de Siria por parte de Hezbolá. No hay otra opción.
Hezbolá lo sabe, así que, en un intento por distanciar sus operaciones militares en Siria de sus maniobras políticas en casa, el partido ha decidido hacer ciertas concesiones. En primer lugar, en la designación de un nuevo Gobierno renunció a los ministerios de Defensa, Interior y Telecomunicaciones, considerados vitales para sus operaciones. En segundo lugar, el martes pasado se produjo la inesperada pero significativa visita de Wafiq Safa, director de seguridad interna del partido, al recientemente designado ministro del Interior, Achraf Rifi, enemigo de la organización desde hace tiempo, lo que ha sido considerado una importante iniciativa en pos de la reconciliación. Hace tan sólo unos meses, Hezbolá había acusado a Rifi de ayudar y financiar a “terroristas” en el Líbano, los mismos a los que acusa de ataques contra los electorados del partido. Ahora, el nuevo ministro no es sólo un compañero de Gabinete: el Partido de Dios parece tratarlo como aliado para la seguridad interna, lo que supone una gran diferencia respecto a su discurso durante el conflicto de mayo de 2008.
Pero el cambio en la postura de Hezbolá es una consecuencia directa de los acontecimientos acaecidos en Yabrud, donde ha intensificado su campaña. Y si el partido pierde Yabrud, se hundirá aún más en el conflicto sirio, cada vez más sectario.
El compromiso y la colaboración, por tanto, son sólo una cuestión interna libanesa por lo que respecta a Hezbolá. Entretanto, el partido ha trasladado toda su fuerza militar a Siria, donde el consenso, evidentemente, no forma parte de su comportamiento.
Toda la información procedente tanto de fuentes diplomáticas como de fuentes internas de Hezbolá coincide en que éste ha decidido dividir geográficamente el partido. Si bien no hay diferencia sustancial entre sus alas política y militar, Hezbolá ha optado por una división más táctica y logística de sus fuerzas al reservar su rama política para el Líbano mientras traslada a sus oficiales militares de alto rango a Siria, junto a más de 7.000 combatientes.
Todo lo que Hezbolá necesita del Líbano es cierto grado de legitimidad para cubrir sus operaciones militares en Siria. En otras palabras: el partido sólo quiere mantener cierto control sobre las instituciones estatales de seguridad libanesas.
El problema, sin embargo, es que, oficialmente, Hezbolá sigue formando parte de esas mismas instituciones. En la práctica, el nuevo Gobierno equivale al respaldo libanés a la implicación de Hezbolá en Siria. Y que las bombas sean cada vez más frecuentes es señal de que habrá más, y de que, potencialmente, podrán ir dirigidas a otros barrios de Beirut, al sur y a la Bekaa. Parece que el partido, junto al nuevo Gobierno y a las instituciones del Estado, puede hacer poco para evitar nuevos atentados.
No deberíamos ignorar el hecho de que el nuevo Gobierno se formó dos días después de que se iniciara la batalla de Yabrud. Cuanto más se involucre militarmente Hezbolá en Siria, más compromisos hará en el Líbano.  Pero no nos dejemos engañar. Cuando Hasán Nasrala, secretario general de la organización, nos dice que elcreciente número de víctimas civiles es un coste que el partido está dispuesto a asumir, quiere decir esto: que su compromiso con el régimen sirio es inquebrantable.
No importa cuántos compromisos ofrezca Hezbolá; seguirá habiendo atentados suicidas contra baluartes del partido y contra otras áreas chiíes. Ni el ministro del Interior, ni Hezbolá, ni todo el aparato de seguridad podrán impedirlo. Y los civiles seguirán pagando el precio de las aventuras del partido en el extranjero.