martes, 28 de junio de 2011

UNA POLITICA EXTERIOR REPUBLICANA


21/6/11
Por Bret Stephens

Por qué se debe posicionar el Partido Republicano en lo que respecta a la política exterior de los Estados Unidos?
Bajo Barack Obama, el impulso manejando las decisiones extranjeras más importantes de la política ha sido consenso: consenso en las Naciones Unidas, donde la administración ha sido especialmente reacia a utilizar su poder de veto, consenso con la Liga Árabe, cuyos puntos de vista llevaron a la acción contra Libia, pero pasividad hacia Siria; consenso en lo que respecta al control de armas con Rusia, o las sanciones a Irán. En forma reveladora, el único éxito indiscutible de política exterior del presidente -matar a bin Laden- fue una acción puramente unilateral.
El Partido Republicano debe tener un lema diferente para América Latina y el mundo: credibilidad. La credibilidad de nuestras promesas, y de nuestras amenazas. La credibilidad del dólar, y de nuestra deuda. La credibilidad de nuestras armas, y de nuestra voluntad, cuando es tomada la decisión, de utilizarlas con efecto decisivo. El epigrama romano que se ha convertido en el lema no oficial de la Infantería de Marina lo resume muy bien: "No hay mejor amigo; ni peor enemigo." En lo que respecta a presidentes y credibilidad (o falta de ella) probablemente nadie lo hará peor que James Buchanan, quien en su mensaje final ante el Congreso declaró que la secesión era ilegal, mientras agregaba que nada podía ser hecho para evitarla. Entonces, nuevamente, en materia de política exterior el Sr. Obama está estableciendo algunos puntos de referencia propios.
No es creíble insistir en que un Irán nuclear es "inaceptable" y luego anunciar planes para la contención de un Irán nuclear. No es creíble aumentar 30000 soldados para Afganistán - y después dar a los talibanes una fecha determinada para el inicio de nuestra retirada. No es creíble intervenir en Libia bajo bases humanitarias - mientras se promete que Moammar Gadhafi no es un objetivo (falsamente, como resultó).
No es creíble afirmar que el nuevo tratado START con Rusia no hace nada por limitar las defensas de misiles de EEUU, sólo para ser contradecido rotundamente en el punto por el ministro de Asuntos Exteriores ruso en la ceremonia de intercambio de documentos de ratificación. No es creíble la promesa de mejores relaciones con Europa - y luego aturdir a Polonia y la República Checa abandonando abruptamente planes de construir bases de defensa antimisiles allí. No es creíble para la administración apoyar la decisión de Ben Bernanke de inundar el mundo con dólares y luego denunciar a China por manipular su moneda.

No es creíble exigir en cuestión de días que Hosni Mubarak de Egipto, un aliado de 30 años, se baje, pero no hacer esa demanda, después de meses de agitación, a Bashar Assad de Siria, un enemigo. No es creíble asegurar a Israel que EEUU no esperará que negocie con un gobierno palestino que incluya a Hamas, y luego presionar a Israel a adoptar fórmulas de negociación de Obama aún cuando Hamas negocia las condiciones de su entrada en el gobierno. No es creíble la promesa de apoyo a la democracia en América Latina, y luego castigar a Honduras por detener un golpe de estado chavista mientras se despliegan todo tipo de excusas para retrasar la ratificación de un acuerdo de libre comercio con Colombia. Yo probablemente me he perdido unos pocos temas. Ustedes entienden la idea.
Entonces, cuál es una alternativa creíble de los republicanos ante el desfile de horrores de Obama?
No ayuda que los republicanos en el Congreso estén paralizando a la propia presidencia yendo por la Resolución de Poderes de Guerra, uno de los peores abusos del Congreso de la era post-Watergate. No ayuda, ya sea escuchar a Newt Gingrich y Michele Bachmann regurgitando, como lo hicieron en el debate de New Hampshire, los temas de conversación de Moammar Gadhafi sobre los rebeldes de Libia que son herramientas de al Qaeda.
Lo que ayudaría es un republicano que diga: el fracaso del Sr. Obama en Libia no es que el intervino para detener los asesinatos en masa, sino que el intervino tan a medias. Sería de gran ayuda explicar que la muerte de Bin Laden no quiere decir misión cumplida en Afganistán y que una brusca retirada de EEUU simplemente recargaría a los talibanes a ambos lados de la frontera afgano-pakistaní. La credibilidad exige que las guerras deben ser combatidas hasta una conclusión o no en lo absoluto.
Estados Unidos sería creíble si desistiera de echar más vino diplomático dentro de la jarra pinchada que es el "proceso de paz" entre israelíes y palestinos. O si tomara medidas serias para ayudar a derrocar al régimen de Assad, privando así a Irán de su principal aliado en el mundo árabe y su vínculo con Hezbollah en Líbano. O si abandonara sus incipientes esfuerzos por negociar con los talibanes y en su lugar publicara los nombres de los líderes de los talibanes en la lista de ataques de los aviones no tripulados. O si aumentara dramáticamente el tamaño de la Marina de los EEUU para contrarrestar la acumulación naval de China. O si desistiera de toda la retórica sobre que puede resolver sus problemas presupuestarios cortando más el gasto del Pentágono.
Esta lista también sigue. En política exterior, como en tantas otras cosas en la vida, la credibilidad es la moneda que los países utilizan para lograr resultados sin recurrir a medios más drásticos. El presidente Obama, derrochador en muchas maneras, ha sido particularmente inútil aquí. Una política exterior republicana sería un intento sostenido por recuperar el capital desperdiciado.

Fuente: The Wall Street Journal- Traducido por Marcela Lubczanski especialmente para el blog de OSA Filial Córdoba-
Foto: Presidente Ronald Reagan, el entendió la credibilidad.

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