domingo, 30 de octubre de 2011

Cuidar a Abu Mazen y atravesar la Primavera Árabe

Ron Ben Yishai



En el debate sobre la situación estratégica, incentivado por el ministro de Defensa, Ehud Barak, se intentaron analizar los acontecimientos previstos en el marco de la “Primavera Árabe” y su influencia en la situación político-de seguridad. Para ello, convocó a representantes destacados de todas las estructuras identificadas en los medios con el nombre de: “organismos de evaluación” que presentaron cada uno a su turno, los hallazgos y conclusiones. Ese debate no fue el fin del proceso.

Para llegar a conclusiones prácticas se requiere otro, o dos mas, eslabones de agitación mental con la participación de los dirigentes, a cargo de la toma de decisiones en el nivel político y de seguridad. En esa etapa intentarán examinar qué medidas de seguridad y políticas puede, y debe, el Estado de Israel tomar, a la luz de los acontecimientos en la región, a fin de defender los intereses indispensables y avanzar en ello y, lo que es no menos importante en ese contexto sobre aquello sobre lo cual el Estado de Israel debe abstenerse. En ese contexto, revolotea en el aire el interrogante sobre el reactor nuclear iraní. Para mayor exactitud si, en general, y bajo qué circunstancias y momento atacarán las FDI a Irán.

No es secreto que, Netanyahu y Barak, asi como otros ministros junto a los funcionarios del sistema de seguridad del pasado y el presente, se debaten en ese interrogante desde hace más de un año y las ideas van de aquí hacia allí. Según parece, Netanyahu y Barak, apoyan de principio el ataque pero aún no decidieron el momento apropiado. Por el contrario, varios ministros y funcionarios del sistema de seguridad (en el pasado y el presente) no se consideran convencidos que, un ataque israelí, frustrará la amenaza. Y tampoco están convencidos que, el logro, sea igual al daño y a las pérdidas que serán provocadas como consecuencia de la reacción, por parte de Irán y sus países aliados en la región. Una de las conclusiones primeras, a las que llegaron los participantes de la evaluación de situación es, justamente, optimista: son bajas las probabilidades que cualquier elemento árabe, incluido Hezbollah, promueva una guerra contra Israel en el mediano plazo ( es decir, en el próximo año o dos, los árabes estarán ocupados en sí mismos como en sus ejércitos). Las revueltas debilitaron las economías de los países donde tuvieron lugar y, ahora, requieren de ayuda por parte de países de occidente y de países petroleros árabes. Todo ello impide iniciativas aventureras.

Una conclusión optimista más consiste es que, en el largo plazo, hacia el final de la década actual, existe una considerable posibilidad que los procesos de democratización, que comenzaron en el mundo árabe, maduren y surjan regimenes atentos a las necesidades de sus pueblos. El sentido consiste en que, la lucha contra Israel, no llene sus agendas de prioridades.



Se trata de dos puntos de luz principales frente a la actual situación. El resto no predice buenas noticias. En especial, la clara tendencia al fortalecimiento de elementos islamistas, ya sea como consecuencia de revoluciones que triunfaron o de la amenaza que representan para los regimenes árabes que sobrevivan. Esos movimientos no están hechos de la misma piel. Existen, entre ellos, más moderados, por ejemplo, en Turquía y Bosnia. En los otros, en Libia por ejemplo, hay un componente extremista religioso y militante, mordaz en su ideología y sus acciones, cercano en su concepción a la Jihad Mundial, en la versión de Bin Laden. Sin embargo, la mayoría de los movimientos islámicos fuertes en el mundo árabe son sunnitas en la versión de Los Hermanos Musulmanes; es decir, movimientos de carácter radical en sus concepciones religiosas, pero pragmáticas en su práctica. En sus agendas de prioridades aparece, en primer lugar, el beneficio de los ciudadanos a la Jihad (Guerra santa). No es que renuncian a la realización de la Jihad pero están dispuestos a rechazarla si provoca un gran sufrimiento a los ciudadanos o amenaza con destruir sus instituciones sociales y gubernamentales. Hamas pertenece a esa corriente.

Dos temas principales para todos los movimientos islamistas: la aspiración ideológica de cumplir con un estado, de acuerdo a los preceptos musulmanes en sus países y la aspiración de borrar a Israel del mapa regional.

Lo peor es que la oposición a la existencia de Israel es, también, el campo común sobre el cual existe consenso entre los islamistas y los organismos y partidos laicos y liberales, que conducen la ola de levantamientos en el mundo árabe.

Un fenómeno preocupante más, señalado por los organismos de inteligencia en el contexto de lo denominado “Primavera Árabe”, es la creación de “regiones sin control” como consecuencia del debilitamiento del gobierno central. “Esas regiones”, por ejemplo, la mitad de Sinaí, sobre el cual Egipto perdió el control de seguridad, representa un refugio e invernadero para los organismos terroristas y un destino seguro para el tráfico de armas y material destructivo de todo tipo. Una zona de ese tipo, sin control, va creciendo en el ámbito norte de la frontera entre Siria y Líbano y pone en riesgo, no solo al régimen en Damasco y Beirut, sino también en Israel.

Otra zona, que amenaza con salir del control del régimen de Damasco, es la frontera entre Israel y Siria. Libia entera es, de hecho por ahora, una región sin control.

Esas evidencias tienen algunas derivaciones inmediatas y no simpáticas para Israel. La más importante es la amenaza que representan para los acuerdos de paz que tenemos con Egipto y con Jordania. No hay necesidad de explicar por qué esos acuerdos de paz, aún siendo fríos y desdichados, representan un bien estratégico, de seguridad y económico para Israel ni por qué debe hacerse todo lo posible, y lo considerable, para mantenerlos. Cabe destacar que, cualquier escalada en la tensión en la frontera con uno de esos países, costará –y de hecho ya lo hizo- miles de millones para el aportante impositivo israelí.

Por el momento, esos acuerdos son arbitrarios y más vulnerables que nunca en el pasado dado que los regímenes, en Egipto y Jordania, son muy sensibles a la presión de las masas en la calle y a las exigencias islamistas y, entonces, cualquier evento raro en el contexto israelí, puede incentivarlos a “abrir” el acuerdo de paz con Israel o dejarlo sin efecto.

Dos tipos de sucesos ponen en riesgo los acuerdos de paz y la relativa calma de seguridad de la que Israel goza ahora; uno, un atentado terrorista en los territorios, en las fronteras o en el exterior y los lanzamientos de misiles desde Gaza a Líbano. El otro, incidentes populares en Judea y Samaria, ya sea como consecuencia del asalto de Hamas sobre la Autoridad Palestina o por falta de estabilidad y deterioro económico y gubernamental del gobierno de Fatah, a cargo de Abu Mazen y Salam Fayyad. Esos dos tipos de sucesos pueden provocar un gran enfrentamiento, militar y político, en el que se vean involucrados no solo palestinos y Hezbollah sino también Egipto, Jordania y quizás Turquía. Israel es capaz de enfrentar situaciones así y las FDI están dispuestas para ello, si estallan o son provocadas por sorpresa. Pero queda claro que, ante cualquier incidente masivo, Israel pagará un precio en vidas, daños económicos y asilamiento político.

Entonces, el objetivo estratégico de Israel, en el actual período, es atravesar la época de peligrosa incertidumbre, creada por la Primavera Árabe, sin complicarse con enfrentamientos con los vecinos que puedan desembocar en una guerra. Si lo logramos quizás alcancemos un período mejor y menos explosivo cuando el mundo árabe sea más democrático y abierto. Una conclusión práctica es que Israel debe por ahora evaluar muy bien las consecuencias posibles de cualquier acción de eliminación o respuesta al terrorismo, ya sea que parta desde Sinaí, Gaza o Líbano.

Junto a ello, no debemos perder la alerta que nos proporciona largos períodos de calma y nos evita la perdida de vidas y el daño económico. Se debe saber cuándo actuar con proporcionalidad y contenidamente a fin de no encender la calle musulmana que arde y brota y, cuándo no hay alternativa clara se debe actuar, con firmeza y mucha fuerza a fin de eliminar la amenaza que se verá (o ya lo fue) materializada.

Otra conclusión es que Israel debe hacer todo a fin de mantener la estabilidad gubernamental de la Autoridad Palestina bajo la conducción de Abu Mazen y ayudar a Salam Fayyad a desarrollar el progreso económico en los territorios de Cisjordania.

Abu Mazen carece de heredero natural y, por el momento, no se perfila en Fatah alguien bajo cuyas alas, puedan la Autoridad y la organización ser reunidas. Salam Fayyad no es una opción dado que es considerado una semilla extranjera en Fatah y, si Abu Mazen baja de la tarima, desaparecerá también mientras la sociedad palestina en Cisjordania, caerá en un período de batallas e inestabilidad por la herencia. Quien se verá favorecido de todo ello, será Hamas que controlará Judea y Samaria.

Si bien Abu Mazen es un rival político difícil y negador serial de la negociación con Hamas, comprometida ideológicamente con la eliminación de Israel y la lucha armada, será mucho más difícil. Además, los organismos de evaluación, que conocen bien a Hamas y la situación en Gaza, determinan con firmeza que, incluso, después del trato por Shalit, no existe ninguna alternativa de llegar a un acuerdo con la organización. Ello, dado que, las organizaciones más combativas, desafían permanentemente al gobierno de Hamas y dado que quien determina, por ahora, la línea del movimiento en su totalidad es el Consejo Militar de la organización en Gaza; encabezado por Ahmed Jabri, Mohammed Def y Marwan Isa.

Esa evaluación, constituye el principal motivo por el cual, en las FDI y las comunidades de inteligencia, existe el casi total consenso en relación a la necesidad de cuidar los gobiernos de Abu Mazen y Salam Fayyad. Incluso así, podría – próximamente- Cisjordania levantarse. Sin embargo, sin ellos, los incidentes son solo cuestión de tiempo. Un funcionario israelí, que conversó recientemente con Abu Mazen y su gente, tuvo la impresión que, el presidente de la Autoridad Palestina, se encuentra firme en su decisión de renunciar sino puede llegar a un logro significativo en el área política. El trato por Shalit lo llenó de ira y frustración y, por eso, propone agilizar la conciliación con Hamas y llevar a cabo las elecciones en el curso de las cuales no presentará su candidatura. Por lo menos, será recordado como quien restituyó la unidad al pueblo palestino.

Eso lo que pretenden evitar la FDI y los servicios de seguridad por medio de una serie de gestos: el traspaso de los territorios vacíos de establecimientos judíos al norte de Judea. al control total de la Autoridad Palestina, el levantamiento de más barreras en la región de Judea y Samaria, mayoría absoluta para los hombres de Fatah en el grupo de prisioneros (559) que será liberado en dos meses, en el marco de la segunda etapa del trato por Shalit, traspaso de cuerpos de terroristas palestinos sepultados en el Valle del Jordán a manos de la Autoridad e, incluso, lobby en el Congreso norteamericano para evitar el retraso del dinero de ayuda por la presentación de Abu Mazen en la ONU.

“Cabe recordar que, ese dinero, financia a los servicios de seguridad palestinos que actúan contra Hamas”, dice una fuente destacada de seguridad.

Corresponde que Israel evalúe el apoyo a una declaración liviana del Consejo de Seguridad sobre el tema del Estado palestino futuro junto al Estado judío en lugar de absorber una acumulada derrota cuando, la mayoría de los miembros de la Asamblea General de la ONU, reconozcan al Estado palestino en los límites del 67.

Gestos de ese tipo, consideran en las FDI y los servicios de seguridad, roerán el prestigio que acumuló Hamas en la calle palestina como consecuencia del trato por la liberación de Shalit y permitirán a Abu Mazen ganar las elecciones. Ello puede servir de excusa para aceptar las propuestas del Cuarteto para la reanudación de la negociación directa con Israel. Todo eso calmará, por un largo periodo, el terreno palestino y ese es el objetivo estratégico de Israel para el próximo año o dos por delante.

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