jueves, 23 de febrero de 2012

Obama y Bush de la mano

Fuente: Grupo de Estudios Estrategicos
por Ignacio F. Ibáñez Ferrándiz, 13 de Enero de 2012

Como la poética película de Terrence Malick sugiere, lo que separa la inocencia del desastre es tan sólo una delgada línea roja. El color de esta linde viene particularmente al caso cuando uno recuerda cómo la izquierda mediática de medio mundo criticaba despiadadamente a George W. Bush al decidir éste no dejarse subyugar en su guerra contra el terrorismo por el “espejismo multilateral”—que diría el embajador Rupérez[1]—y optar en cambio por las coalitions of the willing, la asociación ad hoc de determinados países para llevar a cabo acciones en el ámbito militar y de seguridad internacionales. Barack Obama, a su vez, desbrozó sus posiciones en materia antiterrorista durante la campaña presidencial de 2008 en casi idénticos términos a los que su clá exigía: preeminencia del multilateralismo, cierre de Guantánamo, respeto del derecho internacional y de los derechos humanos, diferenciación conceptual entre guerra de elección y guerra de necesidad, y máxima cooperación internacional.
Paradójicamente, después de tres años en el despacho oval, las políticas de la administración Obama para la derrota del terrorismo se sitúan prácticamente en las antípodas de lo prometido…y en la próxima vecindad de las de Bush. El idealismo[2] de campaña ha dejado paso al realismo sin que esa izquierda mediática haya abierto la boca. ¿Dónde estarán ahora aquellos que querían llevar a Bush ante la Corte Penal Internacional?

I - Guantánamo
El caso de la prisión de Guantánamo es sin duda paradigmático de esa delgada línea roja que separa ya hoy la vesania del sectarismo. Carol Rosenberg argumenta en Foreign Affairs[3], con total desparpajo, que “la responsabilidad [de que no se haya cerrado aún la prisión] reside no tanto en la Casa Blanca como en el Congreso, el cual ha echado por tierra los planes del presidente Barack Obama de cerrar el centro de detención”.
La autora menciona apenas de pasada el hecho de que una cuarta parte de los detenidos que ya han sido liberados de Guantánamo, unos 150 de 600 aproximadamente, han incurrido presuntamente en actividades terroristas o sospechosas de estar vinculadas con el terrorismo[4]. Deliberadamente omite relacionar estos datos con la reticencia de congresistas y senadores a enjuiciar en su circunscripción e ingresar en sus prisiones a estos detenidos. O con la negativa de otros países a la hora de acoger a determinados presos de Guantánamo en su territorio bajo régimen de vigilancia. En ambos casos, la razón fundamental del rechazo radica en los peligros que para la seguridad pública se generarían en el territorio en cuestión, pues aquellos que aún siguen en Guantánamo son los prisioneros que han sido calificados como de mayor riesgo[5]. Si pudiera confirmarse que una cuarta parte de los ya liberados han optado por el terrorismo, y teniendo en cuenta el factor de riesgo adicional sobre los que aún están encarcelados, parecen lógicas las reticencias tanto de congresistas y senadores, como de otros potenciales países de acogida. Al hilo, y en un giro surrealista propio de quienes adoptan este tipo de argumentos, algunos gustan de sugerir implícitamente que el traumático paso por Guantánamo de estos “sospechosos” es lo que les ha llevado a la violencia, sin considerar por un momento que, en lugar de inocentes corderos, quizás ya fueran fanáticos asesinos al ingresar que han seguido siéndolo al salir.
Así mismo, muchos analistas y comentaristas pretenden olvidar que junto con las reticencias del poder legislativo estadounidense, de las agencias de inteligencia y seguridad, y de los gobiernos extranjeros con los que habitualmente se coopera en materia antiterrorista, el poder judicial de los EE.UU.—a través de los tribunales de primera instancia y apelación (District Court Judges y U.S. Court of Appeals)—también ha mostrado sus reparos y se ha pronunciado en contra de juzgar a los reclusos de Guantánamo en cortes civiles estadounidenses, incluso contraviniendo el espíritu de algunas decisiones del Tribunal Supremo en esta materia[6]. Ante tanta y tan variopinta oposición, todo parece indicar que es más bien la Casa Blanca la que pecó de ingenua o de insensata cuando su actual inquilino prometió que cerraría Guantánamo antes de enero de 2010. Aún más, al restituir en marzo de 2011 las comisiones militares con el objetivo de juzgar a los aún detenidos, el presidente Obama parece aceptar postulados que él mismo virulentamente denigró en el pasado. No obstante, los admiradores del presidente parecieran querer sacar balones fuera culpando del inmovilismo o de los retrocesos a otros. Quizás a algún lector este asunto le recordará la famosa promesa del tándem Zapatero-Moratinos de resolver el conflicto del Sahara Occidental en 6 meses[7]. En ambos casos, la realidad ha acabado por imponerse. Quien promete debe asumir su responsabilidad en lugar de culpar a terceros, porque sólo un temerario promete algo que no está seguro de que pueda cumplir y sólo un cínico promete algo que sabe que no puede cumplir.
En suma, Obama, digan lo que digan sus voceros, parece ser consciente de que Guantánamo es hoy un mal necesario a falta de una mejor solución. Exactamente lo mismo que la administración Bush pensó al verse en la encrucijada de mantener detenidos o no a individuos sobre los que tenía información de inteligencia rubricando su peligrosidad pero que no podía presentar ante los tribunales[8], por la potencial inadmisibilidad procesal de las pruebas. Se podría argumentar que Obama afrontó una situación no creada por él, pero eso en ningún caso justifica lo que aquí se critica: no ha hecho lo que dijo que haría. Tras diez años de vida de Guantánamo, las perspectivas de los 171 presos que aún están allí ingresados no es más alentadora de lo que lo era bajo la administración de Bush.

II – De las coalitions of the willing al multilateralismo…y viceversa
Sin obviar otros significativos ejemplos del cambio de rumbo de la política exterior estadounidense entre 2008 y 2012, producidos por el choque de un idealismo[9] poco meditado—entente con Irán, asociación estratégica preferente con China, estabilización de Afganistán, botón de “reset” con Rusia, presión sobre Israel para llegar a una solución en la región, por ejemplo[10]—con sus resultados—respectivamente: nada, casi nada, nada, casi nada, nada—, es notable el cambio de estrategia en materia antiterrorista.
Al fin y al cabo, para ganar las elecciones Obama adoptó en política internacional el discurso demócrata y “mainstream” de que la imagen de EE.UU. en el mundo debía mejorar y que ello pasaba por apostar por el multilateralismo. Así, rezaba la teoría, se marcarían las distancias con la administración de Bush y EE.UU. volvería a ser luz del mundo y sal de la tierra. El planteamiento, por lo naïf, no deja de resultar sorprendente. Primero porque EE.UU. nunca ha sido ni nunca será querido por todos los pueblos de la Tierra, cosa lógica dado su poderío y las disparidades culturales, políticas y sociológicas existentes en el mundo. Y segundo porque es falso que Bush abandonara el multilateralismo para hacer frente al terrorismo. Incluso cuando hubo de anteponer los intereses nacionales a cualquier otra consideración[11], aproximación, dicho sea de paso, absolutamente congruente con la historia de la política exterior estadounidense, la administración Bush trató de aglutinar al máximo número de socios internacionales en defensa de unos mismos intereses[12]. Alejándose, sí, del reduccionista concepto que identifica multilateralismo con las decisiones adoptadas en el seno de la ONU, pero reivindicándolo como lo que en puridad es: un acuerdo de voluntades múltiples en el ámbito internacional[13].
No obstante, el maremágnum mediático internacional de la izquierda se ocupó de propagar la idea de que Estados Unidos, con el tejano al frente, había decidido optar por el unilateralismo. Ante lo cual, Obama, gran estratega y lector de tendencias sociales, vio en su antónimo un bonito eslogan. A pesar de ello, sus tres años en la Casa Blanca parecen haber cambiado su opinión. Una muestra: la cooperación internacional de EE.UU. y Pakistán contra el terrorismo. No parece que la secretaria de Estado Clinton ni el presidente Obama llamaran a sus contrapartes paquistaníes para coordinar la operación que concluyó con la muerte de Osama bin Laden. Tampoco parece que exista un apoyo explícito—aunque sí implícito, bien es cierto—a que los drones estadounidenses invadan, cuando lo estimen oportuno, el espacio aéreo paquistaní o el somalí o el yemení. ¿No son ésos palmarios ejemplos de unilateralismo?
Pero es que incluso cuando EE.UU. adopta una aproximación cooperativa, las reglas del juego parecen haber cambiado ligeramente a día de hoy. En lugar de promover la lucha contra el terrorismo en el marco de la sociedad internacional a través de la ONU, reivindicándola así como epicentro del multilateralismo, parece que el gobierno estadounidense prefiere acudir al acuerdo bilateral—Yemen, Qatar, Arabia Saudí son sólo unos pocos ejemplos entre muchos—, y a los grupos de países que estima oportunos según el caso. En relación a lo último, son ilustrativas las iniciativas contra el terrorismo que en el marco del G-8 ha venido impulsando (y financiando) de manera creciente EE.UU., como ilustrativo también es el desarrollo del llamado Global Counter-Terrorism Forum. Este Foro Mundial contra el Terrorismo (GCTF, por sus siglas en inglés), diseñado por la administración Obama e incluido como uno de los puntos centrales de su nueva Estrategia Nacional contra el Terrorismo, pretende en esencia llevar a cabo proyectos de capacitación y asistencia técnica en materia antiterrorista entre los propios Estados que compongan el foro—a día de hoy 30 países[14]—, en áreas pertenecientes al ámbito legislativo y de justicia, al control de fronteras, y a la radicalización de individuos, entre otras. Es decir, exactamente el mismo trabajo que en materia antiterrorista llevan a cabo organizaciones internacionales como la ONU. Eso sí, sin el engorro de tener que consensuar determinadas líneas de actuación y prioridades entre los 194 Estados onusinos, y sin la carga burocrática que la secretaría de una organización internacional puede representar en el avance de una agenda política concreta. Se trata, pura y llanamente, de cortar al intermediario y decidir exactamente con quién se trabaja en cada momento. Al margen de que pueda parecer mejor o peor idea, ¿no es curioso que Obama esté impulsando la formación de estos grupos ad hoc de países en lugar de optar por el multilateralismo de la ONU, como en su día parecía proponer a sus conciudadanos mientras criticaba a Bush por hacer exactamente lo que él mismo está ahora haciendo?

III – Conclusión y dos reflexiones
El continuismo entre Bush y Obama en política exterior y antiterrorista parece evidente, en contra de lo que determinados comentaristas y medios de comunicación quieren hacer creer, e independientemente de la pertinencia, legalidad o moralidad de las decisiones adoptadas en esta materia por el gobierno de los Estados Unidos durante los últimos diez años. A la luz de esta evidencia la pregunta que queda flotando es cómo califica esto el liderazgo de Obama teniendo en cuenta que, por temeridad o por cinismo, se comprometió a seguir unas líneas de actuación política que hoy ha abandonado. La respuesta es obvia.
La retórica y los hechos son dos cuestiones bien diferentes. La política antiterrorista de Bush y la de Obama lo son cada vez menos, como hemos podido comprobar. Vidas paralelas marcadas por una misma suerte, la protección de los ciudadanos frente al terrorismo. La retórica podrá seguir intentando disfrazar los hechos para no dejar desnudos los argumentos y acusaciones vehementemente utilizados en el pasado, pero aquéllos son testarudos, como avisó Lenin.
De cara al futuro corresponden dos reflexiones. Una vez determinado que la nueva política antiterrorista estadounidense es de todo menos nueva, la primera debería analizar si está siendo efectiva y qué puntos deben ser mejorados prioritariamente[15]. Al respecto, diez años sin un nuevo 11-S parecen reivindicar la eficiencia del sistema, por lo menos en lo que a la seguridad interior de los EE.UU. hace. Más interrogantes quedan en el aire acerca de si la situación internacional ha mejorado o no. Esa eficiencia, ya sea parcial o total, no obsta para que el sistema antiterrorista deba continuamente perfeccionarse y adaptarse a los nuevos retos que se planteen, especialmente si introducimos en la ecuación los recortes presupuestarios que se están produciendo en la mayoría de potencias occidentales a raíz de la crisis económica mundial. Menos recursos que deben ser estratégicamente asignados para evitar dejar desguarnecidos cruciales flancos. Para ello, el análisis de riesgos y de nuevas amenazas terroristas y delincuenciales, así como los métodos de gestión de crisis, representan herramientas que habrán de ser cotidianamente utilizadas durante los próximos 5 a 10 años si lo que se busca es asegurar la constante solidez de los mecanismos de prevención.
En segundo lugar, con unas elecciones presidenciales a menos de un año, cabría la posibilidad de que EE.UU. explorase otros planteamientos metodológicos diferentes a los derivados de la “guerra contra el terrorismo”, y sus consecuencias. Esto, sin embargo, parece poco probable. Todos los precandidatos del partido republicano—salvo uno—mantienen posiciones relativamente continuistas en cuanto a cómo tratar la lucha contra el terrorismo. Ese “uno” que opta por un verdadero cambio de rumbo es el libertario Ron Paul[16], que propone la vuelta del no-intervencionismo[17], una doctrina históricamente no tan extraña a los EE.UU. pero sí casi totalmente abandonada después de la Segunda Guerra Mundial. Centrada fundamentalmente en la no-injerencia desde el punto de vista militar, esta política no rehúye la cooperación internacional en ámbitos como el comercial, el diplomático o el cultural. Sería interesante analizar cómo afectaría esta doctrina al ámbito de la lucha contra el terrorismo, al aglutinar ésta hoy tanto aspectos militares, como policiales, de inteligencia y de justicia.
Así pues, ocupe quien ocupe la Casa Blanca el próximo año, se mantendrá en general la política antiterrorista puesta en funcionamiento por Bush y continuada por Obama. Seguro que la izquierda mediática de medio mundo estará encantada con este panorama.

NOTAS

[1]Rupérez, Javier, “El espejismo multilateral. La geopolítica entre el idealismo y la realidad”, ed. Almuzara, 2009.
[2]Se suele calificar a Obama de pragmático y realista, tanto en los medios de comunicación como entre los estudiosos de las relaciones internacionales. Sin embargo, me atrevo a disentir. Aunque no encaje en el idealismo clásico wilsoniano o el de los neoconservadores, su idealismo es el de la abstracción de la realidad mediante la anteposición del deber ser sobre el riguroso análisis del ser. Es decir, la anteposición de posturas políticas e ideológicas sobre el análisis de la realidad y la consiguiente formulación de soluciones. ¿Qué mayor idealismo? Los cambios que ha debido realizar respecto de los ejes de actuación que anunció al ser designado presidente representan la silente aceptación de que sus ideales no encajan con la realidad en la que ha de actuar. ¿Han sido verdaderamente esas ideas las suyas o las que sabía que más atraerían a la opinión pública? ¿Acaso pecó de ingenuo no sabiendo dónde se metía, o lo sabía pero prefirió adoptar ciertas posturas más en sintonía con el electorado?.
[3]Rosenberg, Carol: “Why Obama Can’t Close Guantanamo”, 14 de diciembre de 2011, disponible en http://www.foreignaffairs.com/articles/136781/carol-rosenberg/why-obama-cant-close-guantanamo?page=show
[4]Defense Intelligence Agency of the U.S.A., y The New York Times: “Released from Guantanamo, They Took Up Arms”, 24 de abril de 2011, disponible en http://www.nytimes.com/interactive/2011/04/24/world/middleeast/took-up-arms-graphic.html
[5] De hecho, los países que han estado aceptando detenidos lo han hecho con la condición de que fueran aquellos que presentaran “menos riesgos” para la seguridad pública. Al respecto se puede ver, por ejemplo: Shephard, Michelle, “Ottawa’s refusal to take Gitmo inmates irks US”, 11 de octubre de 2009, The Star; “Like adoptive parents, foreign country delegates are coming here almost weekly to meet and interview detainees, who are not considered a risk (…)”. El gobierno de EE.UU. ha venido clasificando a los detenidos de Guantánamo como de bajo, medio y alto riesgo. Aquellos que no han sido enjuiciados o liberados aún son, lógicamente, los de más alto riesgo. Incluso los responsables de Wikileaks, no precisamente afines a las posiciones oficiales de la administración estadounidense, sea cual sea su color, tras el análisis de los documentos filtrados señalan: “it should be noted that there are good reasons why Obama administration officials, in the interagency Guantánamo Review Task Force established by the President to review the cases of the 241 prisoners still held in Guantánamo when he took office, concluded that only 36 could be prosecuted” (Wikileaks Gitmo Files, sin fecha de publicación de referencia, http://wikileaks.ch/gitmo/)
[6]Sobre las posiciones del Tribunal Supremo de EE.UU. en materia de jurisdicción he tratado en estas mismas páginas en “Justicia en Estados Unidos: la balanza y la espada”, disponible en http://www.gees.org/articulos/justicia_en_estados_unidos_la_balanza_y_la_espada_6652
[7]Diario ABC, “Otro traspié exterior: el Sahara”, disponible en http://www.abc.es/hemeroteca/historico-06-06-2005/abc/Opinion/otro-traspie-exterior-el-sahara_202967695918.html. Ordoñez, Isabel: “Nueva bofetada a la política exterior de Zapatero: delegación expulsada del Sahara”, 6 de junio de 2005, disponible en: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=3244
[8]Bush, George W., “Decision Points”, ed. Crown Publishers, 2010; pp. 166-167 y 180. Bush cita a Donald Rumsfeld, en el momento en que los miembros del equipo de Bush estaban tomando estas delicadas decisiones: “But as Donald Rumsfeld put it, Guantanamo was the ‘least worst choice’ available” (p. 166). También señala Bush: “Some of the hardened, dangerous terrorists at Guantanamo may be very difficult to try. I knew that if I released them and they killed Americans, the blood would be on my hands” (p. 180).
[9]Ver nota anterior al respecto.
[10]Para un recuento en detalle de las iniciativas adoptadas por Obama y los muy escasos resultados obtenidos, se puede consultar, entre otros: Nau, Henry R., “Obama’s Foreign Policy”, 1 de abril de 2010, Hoover Institution, http://www.hoover.org/publications/policy-review/article/5287; Tovar, Juan, “El enigma de la doctrina Obama: un año de política exterior norteamericana”, 25 de enero de 2010, Real Instituto Elcano, http://www.pensamientocritico.org/juatov0210.PDF; Rupérez, Javier, “La incógnita Obama”, Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, Cuadernos no. 28, octubre-diciembre 2010, http://www.fundacionfaes.org/record_file/filename/2978/LA_INCOGNITA_OBAMA_JAVIER_RUPEREZ.pdf
[11]Para comprender el contexto previo al desencadenamiento de la guerra de Irak es muy ilustrativo leer: Blair, Tony, “A Journey”, ed. Random House, 2010, especialmente el capítulo 12 “9/11 Shoulder to Shoulder” y siguientes; y Rupérez, Javier: “Memoria de Washington”, ed. La Esfera de los Libros, 2011, capítulos 6, 7, 8, 13, 14 y 15.
[12]Por poner un ejemplo, 34 países colaboraron con tropas en la invasión de Irak. (http://pwhce.org/willing.html)
[13]No entro aquí en las implicaciones jurídicas que para el derecho internacional tiene una aproximación u otra, ni en si EE.UU. vulneró o no el derecho internacional. La Carta de Naciones Unidas es un tratado internacional que obliga a los Estados Partes, es decir, a los países miembros de la organización.
[14]A 9 de septiembre de 2011, según el Departamento de Estado: “Algeria, Australia, Canada, China, Colombia, Denmark, Egypt, the European Union, France, Germany, India, Indonesia, Italy, Japan, Jordan, Morocco, The Netherlands, New Zealand, Nigeria, Pakistan, Qatar, Russia, Saudi Arabia, South Africa, Spain, Switzerland, Turkey, the United Arab Emirates, the United Kingdom, and the United States”; disponible, junto a más información sobre el Foro, en http://www.state.gov/r/pa/prs/ps/2011/09/172010.htm
[15]Sobre esto trato en un análisis anterior “11-S: los próximos diez años”, 15 de septiembre de 2011, GEES, http://www.gees.org/articulos/11s_los_proximos_diez_anos_8886
[17]Es conveniente señalar que Paul niega ser un aislacionista (http://www.opposingviews.com/i/politics/2012-election/ron-paul-im-no-isolationist), posición conceptualmente distinta al no-intervencionismo.

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