domingo, 30 de marzo de 2014

Los ‘hechos’, según los periodista


Fuente: Commentary- Traducido por El Med.io
Por Evelyn Gordon
28/3/14

Como señalaba Jonathan Tobin el pasado martes, los hechos resultan irrelevantes para los antiisraelíes a ultranza; nada hará que cambien sus puntos de vista. Pero, como siguen siendo una minoría (al menos en Norteamérica), me preocupan bastante más las numerosas personas bienintencionadas a las que les importan los hechos, pero que nunca los escuchan porque los periodistas en los que confían para que les informen no se molestan en presentar los hechos tal y como son.
Tomemos, por ejemplo, una información del New York Times de principios de este mes sobre el lanzamiento de más de 60 misiles al sur de Israel por la Yihad islámica y los ataques aéreos israelíes en represalia. La versión online afirma, de manera anodina, que “las únicas lesiones de las que se tiene noticia fueron las sufridas por una mujer israelí mientras corría en busca de refugio”. Pero la versión impresa de la edición internacional del Times  -que llega a unas 242.000 personas- añadía un comentario sorprendente: la ausencia de víctimas, afirma, es “una señal de que ambos bandos pretendían hacer una demostración de fuerza sin arriesgarse a provocar una ulterior escalada”.
Quien leyera eso nunca se enteraría de que la Yihad Islámica lanza cohetes de manera indiscriminada contra poblaciones israelíes (un verdadero crimen de guerra); pensarían que los terroristas gazatíes, al igual que los israelíes, eligen cuidadosamente sus blancos para evitar víctimas civiles. Tampoco se enterarían de que ese lanzamiento indiscriminado de cohetes causa tan pocas víctimas sólo porque, como demuestra un reciente estudio, las masivas medidas de defensa civil -en la localidad fronteriza de Sderot hasta los elementos de las zonas de recreo infantil están diseñados para servir también como refugios antibombas- han reducido el número de víctimas israelíes la friolera de un 86%. Y como la gente no sabe nada de esto, se convence fácilmente de que las respuestas de Israel a los bombardeos, de los ataques aéreos al bloqueo naval de Gaza, son “excesivas”.
O tomemos un reportaje de Reuters de este mes sobre el Líbano, en la que se presentaba como un hecho que “fuerzas israelíes aún conservan al menos tres zonas de territorio ocupado, reclamadas por el Líbano”. Ésta no es una cita de un representante oficial libanés: son palabras del reportero de Reuters.
Cualquiera que leyera esto nunca se enteraría de que Israel se retiró de hasta el último centímetro del Líbano en el año 2000; de que se certificó unánimemente por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que dicha retirada era completa, y que sólo después Hezbolá, respaldado por su Gobierno títere libanés, reclamó inopinadamente territorio adicional para justificar su continuada guerra contra Israel. Creen que éste sigue, de hecho, “ocupando” territorio libanés. Y a quien se crea eso se le convence fácilmente de que Hezbolá es un participante legítimo en la política que sólo pretende recuperar “territorio libanés ocupado”, y no una salvaje organización terrorista antisemita cuyo objetivo es la erradicación de Israel, a la que cualquier país civilizado debería rechazar.
Este continuo goteo de falsedades en los medios se filtra incluso en historias que, aparentemente, no tienen nada que ver con el conflicto árabe-israelí, como una reseña del New York Times de la biografía de Jesús escrita por Reza Aslan, que, casualmente, se refiere a acontecimientos en “la Palestina del siglo I”. Como ciertamente debería saber el reseñador, un profesor de Estudios Religiosos de la Universidad de Yale, en la época de Jesús no existía ninguna “Palestina”. La provincia romana en la que vivía Jesús se llamaba “Judea”, una palabra cuya similitud lingüística con “judaismo” no es ninguna casualidad: Judea era una comunidad judía. Sólo tras la revuelta de Bar Kochba, más de un siglo después, los romanos la rebautizaron como “Palestina”, por los filisteos, en un intento deliberado de ocultar los vínculos judíos con esa tierra.
Pero quien leyera esa reseña llegaría fácilmente a la conclusión de que, como siempre han sostenido los palestinos, ellos, y no los judíos, son el pueblo indígena de Tierra Santa: ¡Mirad, aquí nunca hubo un Estado judío; “Palestina” existía ya incluso en el siglo I! Y, si es así, entonces Israel es un ladrón que robó la tierra de los palestinos.
Todo esto supone que mucha gente bienintencionada desconoce incluso los hechos más básicos, como los lazos históricos de los judíos con Israel o el lanzamiento indiscriminado de cohetes desde Gaza. Y, a menos que activistas proisraelíes se los cuenten, nunca los conocerán, porque, los medios, desde luego, no van a hacerlo.

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