domingo, 11 de noviembre de 2012
Aniversario de la vergüenza ajena
Un día como hoy, hace 37 años, el pueblo judío en el mundo entero trataba recuperarse del golpe que había significado la Resolución 3379 de la ONU. La consigna "Sionismo es Racismo", fue aprobada, aplaudida y adoptada. A pesar de que fuera derogada 16 años después, este libelo sigue vigente en nuestro tiempo, y el anti-sionismo de hoy campea a sus anchas, principalmente en Internet, es más sofisticado y usa nuevas máscaras.
10 de noviembre de 1975. El pueblo judío en el mundo entero asistió con estupor a la demencial secuencia de hechos que se sucedían en la Asamblea General de la ONU. Los enemigos de Israel proponían, los amigos de nuestros enemigos disponían. Y la Asamblea aprobaba una resolución declarativa según la cual Sionismo era racismo, en particular Apartheid y debía ser eliminado de la faz de la tierra, por ser una forma de discriminación racial.
A pesar de que 35 países votaron en contra – entre ellos Uruguay, Panamá y Costa Rica – y otros 32 se abstuvieron – Argentina y Venezuela fueron dos de ellos – no hubo nada que se pudiera hacer. La mayoría automática que habían conseguido los enemigos de Israel actuaba a sus anchas.
Ni siquiera el memorable discurso del entonces embajador de Israel ante la ONU, Jaim Herzog, pudo cambiar algo en aquella triste jornada. Herzog cuestionó duramente la dignidad de la Asamblea, habló de descrédito y del juicio de la Historia.
“Para nosotros, el pueblo judío, esta resolución basada en el odio, la falsedad y la arrogancia, está desprovista de todo valor moral o legal", dijo Herzog. "Para nosotros, el pueblo judío, esto no es más que una hoja de papel y la trataremos como tal", aseguró el embajador y procedió luego a romper en pedazos el papel el que había hablado.
Preparando el terreno
Un episodio como aquel de noviembre de 1975 en la Asamblea General de la ONU no sucede de repente, sino en un contexto. Los países árabes y la Unión Soviética de entonces llevaban un buen tiempo tratando de expulsar a Israel de Naciones Unidas para que los palestinos ocuparan su lugar.
Para ello, entre otras cosas, intentaban sistemáticamente desterrar a Israel de foros y organismos internacionales y al igual que en el pasado se convertía al pueblo judío en chivo expiatorio, la idea era – y para algunos sigue siendo - convertir a Israel en Estado paria. O, como dijera el Profesor Irwin Cotler: "hacer de Israel el nuevo anti-Cristo de nuestros días".
El antecedente quizás más conocido de la Resolución 3379 se produjo en la Conferencia Mundial de la ONU por el Año Internacional de la Mujer, realizada en México en junio de 1975. En la declaración final de la Conferencia se condenaba por igual y sin distinción alguna: "el colonialismo, neo-colonialismo, ocupación extranjera, el Sionismo, el Apartheid y la discriminación racial en todas sus formas". Todos estos fenómenos, decían, deben ser erradicados de la faz de la tierra y para ello se reclamaba la cooperación internacional.
Unos días después, Siria y la OLP lograron aprobar una resolución en la 6 ª Conferencia Islámica (Jeddah,12-16 de julio de 1975), que instaba a los Estados que conforman la ONU y otros foros internacionales "a actuar y expulsar a Israel de las organizaciones internacionales debido a sus reiteradas violaciones de la Carta Fundacional de la ONU y por no cumplir sus resoluciones", pero resultó que la propuesta no fue adoptada por ningún otro foro.
Pero los antecedentes van mucho más allá en el tiempo. En el año 1965, cuando se redactaba la en la ONU la Convención Contra la Discriminación Racial, Brasil y Estados Unidos propusieron incluir el antisemitismo como una forma de racismo y condenarlo.
Pero los soviéticos no sólo se negaron a condenar el antisemitismo, sino que propusieron agregar como forma de discriminación racial… al Sionismo.
Finalmente, y tras varias horas de negociación, se decidió desestimar las dos propuestas. De esta manera, no sólo se evitó la condena al antisemitismo como fenómeno racista y repudiable sino que se estableció – por primera vez en el ámbito de la ONU – la relación directa entre Sionismo y racismo. Ya estaban puestas las bases de una construcción que llevaría unos años más.
El nuevo anti-sionismo, nuevo antisemitismo
Pasó el tiempo, 16 años exactamente, y la vergonzante declaración que equiparaba al movimiento de liberación nacional y autodeterminación del pueblo judío con el racismo fue derogada.
Sin embargo, el daño estaba hecho, el objetivo – en gran parte – se había alcanzado.
Hoy en día, Israel es el único país cuya propia existencia y su derecho a existir son objeto de cuestionamiento o ataque. Mucho más allá de cualquier crítica – aún la más desfavorable - legítima, bien intencionada y honesta, mucho más allá de cualquier cuestionamiento genuino, la comparación de Israel con el régimen del Apartheid y con el propio Nazismo del que el pueblo judío fue la principal víctima no es casual. Se trata de crímenes de lesa humanidad, de dos regímenes que no son dignos de existir en el mundo civilizado.
Las organizaciones de derechos humanos que organizan el boicot a Israel, las flotillas y todo tipo de actividades dirigidas en forma exclusiva y obsesiva hacia Israel, "han secuestrado" – citando nuevamente al Profesor Irwin Cotler – "el idioma de los Derechos Humanos, la importante infraestructura del Derecho Internacional, para legalizar y legitimar la deslegitimación de Israel".
Como las alegorías sub-humanas de Hitler y los ideólogos del Nazismo. Los judíos no éramos más que ratas. Todos sabemos que las ratas son seres asquerosos, despreciables, y que ningún ser humano en sus cabales protestará si alguien mata una simple rata.
Matar a una rata, aplastarla, es algo tolerado, aceptado, casi natural. Exterminar a un Estado paria, racista, Apartheid, nazi y responsable de todos los males que aquejan a la región, también
