miércoles, 29 de septiembre de 2010

Negocios y Terrorismo: vergüenza internacional

George Chaya

El 21 de septiembre se cumplirán trece meses de la “liberación humanitaria” de Abdelbaset Al-Megrahi, el terrorista libio confeso y condenado autor del atentado de Lockerbie donde asesino 270 personas el 21 de diciembre de 1988 al colocar un explosivo plástico de unos 400 gramos dentro de un radiocasette despachado como equipaje que detono en la bodega del vuelo 103 de Pan American mientras cubría la ruta Londres-New York.
Al-Megrahi fue liberado de una cárcel escocesa por motivos “de salud y humanitarios” (según las autoridades escocesas) fundados en un diagnostico medico en virtud del cual le quedaban solo tres meses de vida por padecer un de cáncer de próstata terminal. La liberación del criminal fue casi desapercibida por la opinión pública, y la comunidad internacional una vez mas “paso por el aro” con su típico y estruendoso silencio.
A mas de un año de su liberación, lo curioso es que el terrorista goza de buena salud, como también del trato y consideración de héroe nacional para el régimen de Moamar Gadafi; y a medida que se va conociendo mas información, las razones del diagnostico que facilitaron su libertad son cada vez mas dudosas, y la evaluación médica adquiere carácter de fraude minuto a minuto. La vergüenza y el escándalo han estallado en Gran Bretaña por este suceso. La liberación del agente libio que coloco la bomba en el vuelo de Pan American también ha impactado negativamente en las relaciones entre Washington y Londres al punto que se ha convertido en motivo de dialogo directo entre el primer ministro británico, David Cameron y el presidente Barack Obama.
En Washington se ha instalado la duda sobre el gigante petrolero BP, con sede en Londres, el interrogante es: hasta donde esta corporación influyó indebidamente en la decisión del gobierno británico para liberar a Al-Megrahi “por razones humanitarias” a cambio de un acuerdo petrolero favorable con Libia. Ello ha dado lugar a que cuatro senadores estadounidenses encabezados por Robert Menéndez hayan formado una comisión de revisión sobre la liberación del criminal programando una audiencia sobre el tema (que de momento fue aplazada porque los testigos claves de los gobiernos británico y escocés se negaron a participar). La secretaria de Estado, Hillary Clinton, instó a las autoridades británicas y escocesas a revisar su decisión y el primer ministro Británico David Cameron no ha tenido mas opción que criticar tal liberación.
Sin embargo, en los últimos días ha surgido nueva información que arroja mayores dudas sobre la exactitud del diagnóstico medico de los “tres meses de vida” que se le otorgo al terrorista. En principio, el médico de la prisión, cuyo papel fue primordial para aprobar judicialmente la liberación de Al-Megrahi, fue identificado por el gobierno escocés solamente con el pseudónimo de "doctor de cuidado primario" y resulto ser un médico clínico sin experiencia o especialidad en oncología. Aun así, inexplicablemente, su informe fue determinante en la liberación. Dicho informe fue ratificado por la pericia médica suministrada por el Dr. Andrew Fraser, Director de Salud del Servicio Penitenciario de Escocia, por lo que es justo indicar que en ambos informes se basó la liberación de Al-Megrahi y no ha sido responsabilidad única del primero de los médicos.
Para empeorar las cosas, ha salido a la luz a través de Kenny Mac Askill (Secretaria de Justicia escocesa), que el Dr. Fraser no consultó con los cuatro especialistas británicos en cáncer que seguían la evolución de la enfermedad y el tratamiento de Al-Megrahi en prisión. A ello debe sumarse que el urólogo personal de Al-Megrahi en Escocia, el doctor Zak Lattif, se mostró sorprendido (según declaro al Sunday Times) cuando se entero que fue puesto en libertad porque “nunca se le pidió su opinión medica".
Todo parece muy extraño, pero la investigación recién comienza. Ha sido un secreto a voces que el gobierno de Libia pagó tres médicos para examinar a Al-Megrahi y ofrecer sus opiniones sobre su expectativa de vida. Dos de ellos, Karol Sikora, especialista británico en oncología y Sharif Ibrahim, un oncólogo libio, estuvieron de acuerdo en que la muerte de Al-Megrahi era "probable" en el plazo de tres meses. El tercero, Jonathan Waxman, solo reconoció que Al-Megrahi no tenía prolongada expectativa de vida. El Gobierno escocés ha negado que la prueba pericial de estos tres médicos haya influenciado su decisión. Pero los testimonios médicos muestran desacoples que han comenzado a investigarse.
El doctor Sikora declaro a la prensa que la decisión de liberar por razones humanitarias al libio no tiene nada que ver con el. Dijo que nadie le preguntó: si por su enfermedad debían dejar regresar libremente a Al-Megrahi a su país. Todo lo que Sikora declaró, es que le preguntaron "¿Cuándo creía que iba a morir?”.
La evidencia y la especulación en la formulación del pronóstico de tres meses de vida en Al-Megrahi son cruciales y se ha instalado la duda en el gobierno británico como en la administración estadounidense lo cual ha dando lugar a la investigación que comenzó a instruirse en Washington. En Escocia las normas jurídicas indican que los prisioneros pueden ser liberados por razones humanitarias sólo si se considera que tienen ese tiempo de vida o menos de los 3 meses.
Estas últimas revelaciones sobre el terrorista (que moriría en tres meses) al que se libero y permitió regresar a su país hace ya trece meses, han suscitado un revuelo de magnitud entre la oposición política escocesa y los familiares de las víctimas del atentado terrorista ejecutado por el liberado, quienes iniciaron un reclamo legal cuestionando su libertad y el fraude de los informes en que ella se ha fundamentado. Al mismo tiempo la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los EE.UU. investiga el presunto vínculo B&P-Lockerbie y pidió al gobierno escocés acceso completo a los registros médicos que sugirieron la liberación de Al-Megrahi incluyendo la información sobre su expediente carcelario. Esta solicitud fue rechazada sin explicaciones en un hecho sin precedentes en las relaciones británicas-estadounidenses. Pero la comisión de senadores norteamericanos apelo a los ciudadanos interesados en colaborar para que aporten información sobre cualquier comportamiento sospechoso en torno a este caso, incluyendo al gobierno británico y al escocés y su accionar en lo relativo a la condición médica de Al-Megrahi y las sospechas sobre las negociaciones entre la Corporación B&P y el gobierno libio.
El caso es enormemente sensible en ambos lados del Atlántico. En los EE.UU., país de nacionalidad de la gran mayoría de las víctimas, la liberación de Al-Megrahi es una herida abierta y consideran que el terrorista y el gobierno Libio se han burlando de los muertos, de sus familiares y del mundo libre. Al tiempo que el presidente libio Moamar Khadafi parece ratificar esta sensación al celebrar durante el mes de agosto pasado el aniversario de la liberación de Al-Megrahi como fiesta nacional.
En Escocia, a pesar de la presión de políticos de la oposición y familiares de las víctimas para la reapertura del caso, la gestión del Senado de los EE.UU. es percibida como una inadecuada violación de su soberanía nacional. La semana pasada, el líder de la Iglesia Católica Romana escocesa, el cardenal Keith O'Brien, contrastó la "misericordia" de la decisión del gobierno escocés por liberar Al-Megrahi con la cultura de la venganza y la retribución que, según el cardenal predomina en el sistema de justicia de los EE.UU. O'Brien escribió en un artículo para el periódico Scotland on Sunday que los ministros escoceses tienen razón en rechazar la solicitud de aportar pruebas a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, puesto que "no deben arrastrarse ante América, ni permitir que se cuestione la aplicación de la ley en Escocia”.
Uno puede comprender que la ciencia medica no es una ciencia exacta, es cierto que puede fallar en su diagnostico; pero es innegable que el caso ofrece tremendas proyecciones y de confirmarse algunas dudas existentes, cubriría de vergüenza a los británicos quienes deberían recordarle al cardenal que Dios no aprueba la injusticia, el debería tenerlo claro, de modo que seria saludable que cierre su boca se dedique al derecho canónico y deje trabajar a la justicia terrenal y al derecho internacional.
Todo parece indicar que una mentira más “de los negocios y el terrorismo” (donde el petróleo se impone al valor de la vida humana) tomara conocimiento público, y ello amenaza con adquirir la categoría de un gran escándalo. En Washington las primeras audiencias del Senado sobre este tema están previstas para finales de septiembre. Claro que la controversia no destara una guerra entre dos aliados naturales. Pero no son pocos los funcionarios escoceses que podrían ocupar un lugar en la celda que Al-Megrahi ha dejado vacante.

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