domingo, 11 de noviembre de 2012
La Hermandad Musulmana y los progresistas felices por la reelección de Obama
Sin los guarismos a su favor tan contundentes como los que obtuvo hace 4 años en la primera elección como presidente, Barack Hussein Obama, fue reelegido el martes 6 de noviembre en una elección polarizada como primer mandatario estadounidense, al vencer por mayor número de electores, no de sufragios, a su contrincante republicano Mitt Romney.
Coadyuvaron para el triunfo de Obama, muchos votos de los latinos, a pesar de la promesa de aquél (incumplida, como tantas otras) de obtener una reforma migratoria integral. También contribuyeron a la victoria los afroamericanos por mera empatía racial, la totalidad de musulmanes por su política claramente favorable al Islam, los sectores progresistas que bregaron pretendidamente por los derechos humanos, expresado en favor del matrimonio entre homosexuales y la legalización de la marihuana, factores ambos que modifican el esquema de valores occidentales establecido que otrora detentaba con orgullo USA. La aprobación de uniones homosexuales a las que adhiere Obama para incordio de los conservadores, se han legalizado en tres estados: Maryland, Maine y casi con seguridad Washington, mientras que votantes de más de otros 30 estados han aprobado prohibiciones constitucionales sobre el matrimonio gay. “Es enorme. Realmente hemos hecho historia”, dijo Brian Ellner, el jefe del grupo pro-matrimonio gay The Four. ”Tener los primeros estados en aprobar el matrimonio por el voto popular cambia la narración y envía un importante mensaje a la Corte Suprema.”
Por su parte, Colorado se convirtió -con casi el 53 por ciento de los votos frente al 47 por ciento en contra- el martes 6 en el primer estado en legalizar la posesión y venta de marihuana para uso recreativo, lo que conlleva un posible enfrentamiento con el gobierno federal.
Una tercera medida para eliminar las sanciones penales por la posesión personal y el cultivo de cannabis recreativo fue derrotada en Oregón, donde se dedicó mucho menos dinero y organización de la campaña por la causa.
El Departamento de Justicia de EE.UU. reaccionó a la aprobación de la medida en Colorado, manifestando que sus políticas de aplicación no han cambiado, y agregó: “estamos revisando la iniciativa de ley y no tenemos ningún comentario adicional en este momento”. En Washington, la legalización del cannabis estaba pasando por un asequible margen, de acuerdo con declaraciones estatales. Partidarios de la propuesta se reunieron en un hotel de Seattle declarando la victoria después que medios locales, incluyendo el Seattle Times, declararon que la medida había sido aprobada.
Ahondando las diferencias en la dividida sociedad norteamericana, tradicionalmente religiosa y cuasi mojigata, mucha gente que votó a Obama espera que la constitucionalidad de restringir el matrimonio a las uniones entre un hombre y una mujer, sea dirimida y modificada pronto por el Tribunal Supremo.
Es llamativo que Obama, quien apoyó decididamente la mal llamada “Primavera Árabe” que posibilitó las revoluciones en Egipto, Túnez y Libia, éstas últimas con ayuda militar estadounidense y que propició la instalación de regímenes de supremacía islámica regidos por la Sharia, haya obtenido el apoyo en las urnas del 69 % de los judíos norteamericanos, laicos y religiosos. Una explicación al soporte brindado, es que la comunidad judía de EE.UU. al igual que otras tantas de la diáspora, demostró a diferencia de generaciones anteriores, su escaso o nulo interés por el destino y la seguridad de Israel. Jeremy Gimpel, un norteamericano que se trasladó con su familia a Israel desde Atlanta, Georgia en 1991, sirvió en el IDF como soldado de combate y aspira a ser miembro de la Knesset -el Parlamento de Israel- por el partido Habait Hayehudí, confirmó el aserto cuando declararó al diario Arutz Sheva que no comprendía cómo los judíos estadounidenses pueden apoyar al presidente Barack Obama. “Es un malvado, pero los judíos apoyan a este hombre”.
El laureado escritor Robert Spencer, señala atinadamente que Obama se negó a decir una sola palabra positiva sobre las protestas salvajemente reprimidas contra el régimen islámico sangriento de Irán, aparentemente con la excusa de que el apoyo estadounidense podría condenar al fracaso el levantamiento, pero no vaciló para alabar al egipcio, libio, y las revueltas tunecinas. De este modo perdió una oportunidad para debilitar y desestabilizar, como mínimo, un régimen canalla que persigue sin descanso el desarrollo de armas nucleares y no ha hecho ningún secreto de sus intenciones genocidas contra Israel. En relación a Egipto, el gobierno de la Hermandad Musulmana está dando fuerte y reiteradas sugerencias que los acuerdos de Camp David que posibilitaron 30 años de paz con Israel, serán revisados o eliminados. En la noche del lunes 5 de noviembre, el día anterior de los comicios en EE.UU. alrededor de un centenar de extremistas musulmanes armados con palos y barras tomó tierra cerca de la Iglesia S. Mina en Shubra al-Kheima, al sur de El Cairo. Con la policía de pie sin hacer nada, los islamistas ocuparon la parcela de tierra durante más de un día y pusieron un cartel con la leyenda “Al-Rahma Mezquita. La acción simbólica perpetrada por miembros salafistas de la Hermandad Musulmana, el movimiento terrorista respaldado por Obama, quien insiste en que es un partido democrático, fue una represalia en contra de un comunicado del recién elegido Patriarca II Tawadros -el sucesor del Papa Copto Shenouda III- en contra de que la Sharia fuera incluida en la nueva Constitución. Tavadros II criticó el dominio islámico en la asamblea constituyente, diciendo que la Iglesia Ortodoxa Copta se opondría a cualquier medida adoptada por la Asamblea Constituyente para imponer la ley islámica en el país. La reticencia de Barack Hussein Obama a calificar a los terroristas como tales, se puso de manifiesto en ocasión del asesinato del embajador Stevens y otros tres estadounidenses en el consulado de Benghazi planeado con antelación por los revolucionarios islámicos, un inequívoco atentado jihadista, negado por Obama, quien atribuyó la responsabilidad de los crímenes al video contra el Islam, “La inocencia de los musulmanes” dirigido por el oscuro cineasta de California Marcos Basseley Youssef, a la sazón condenado a un año de prisión por “violar” su libertad condicional. En verdad ese fue el pretexto para encarcelarlo, el verdadero motivo de la sentencia fue que blasfemó contra la Sharia. Con su accionar, Obama ha ayudado y alentado cada vez más la idea disparatada que cuando las revueltas de los musulmanes culminan en salvajes manifestaciones y asesinatos que cometen en nombre de Alá, la culpa y la responsabilidad de cambiar su comportamiento, es de los no musulmanes. Al proclamar que “el futuro no pertenece a quienes difamen al Profeta del Islam”, él se ha sumado a los que demandan limitar la primera enmienda para tipificar como delito la crítica del Islam.
Otros cuatro años de Obama al frente de la Casa Blanca, con su política exterior ostensiblemente favorable a regímenes islámicos que violan los derechos humanos- sin que el progresismo se atreva a denunciarlos- oprimen a las mujeres y minorías religiosas, generan en Israel e incluso en el Golfo Pérsico justificado recelo.
Para Israel, esta política se traduce en tristeza por el respaldo estadounidense a los dos enemigos ideológicos más inhóspitos que ha enfrentado en sus 64 años: Irán, cuyos líderes llaman abiertamente a la extinción de Israel -incluso desde la plataforma de la ONU- aunque esto sólo puede lograrse mediante la agresión nuclear, y el apoyo a la hostil Hermandad Musulmana.
Rubén Kaplan
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