domingo, 11 de noviembre de 2012
ROMANTICISMO ORIENTALISTA Y ANTISEMITISMO OCCIDENTALISTA
Fuente: The Jerusalem Post- Traducido por Marcela Lubczanski especialmente para el blog de OSA Filial Cordoba
por Giovanni Quer
5/11/12
El visitante occidental vagando por las calles de Jerusalem, se siente molesto por los hombres ortodoxos de andar acelerado, lamenta las mujeres cubiertas en polleras, pelucas, o sombreros y hace una mueca de dolor cuando la sensibilidad ultraortodoxa por la vestimenta modesta va a ser respetada.
Photo by: Marc Israel Sellem
Jerusalem, la “ciudad tres veces sagrada,” es increiblemente diversa, incluidos los judios ortodoxos pertenencientes a grupos diferentes, los sacerdotes cristianos de distintas confesiones, y los musulmanes de numerosas tendencias. Los visitantes occidentales, embajadores o peregrinos, profesionales o activistas humanitarios, estudiantes visitantes o turistas, son atraidos en forma innata por las vestimentas de los sacerdotes, inusualmente intrigados por las vestimentas arabes tradicionales, e infaliblemente sienten repulsion por los mantos, peies y streimels. Por que? Una posible respuesta es la influencia imperceptible del romanticismo orientalista, por el cual los mitos del "salvaje bueno" y la vida indigena frugal encantan a aquellos cansados de los comodos trajes y tradiciones occidentales.
La cultura arabe, y la beduina en especial, encantan a los soñadores occidentales que identifican en las tradiciones ancestrales esos valores societarios que han sido borrados progresivamente por parte de un Occidente degenerado (tales como la solidaridad social, vinculos familiares, cocina folclorica).
La segunda respuesta razonable radica en un implacable antisemitismo occidental, el cual desprecia al judio que se viste en trajes polacos, lituanos o ucranianos del siglo XVIII. Barbas, peies y yarmulke aun evocan sentimientos anti-judios atavicos.
Muchas personas reaccionan espontaneamente. El visitante occidental vagando por las calles de Jerusalem, se siente molesto por los hombres ortodoxos de andar apurado, se lamenta de las mujeres cubiertas en polleras, pelucas, o sombreros, y hace una mueca de dolor cuando la sensibilidad ultraortodoxa por la vestimenta modesta va a ser respetada.
Inutil es cualquier explicacion sobre los ortodoxos corriendo para no perder tiempo de estudio, acerca de la compleja y cambiante sociedad ultraortodoxa contemporanea, acerca de los codigos peculiares del vecindario Mea She'arim. Las bromas sobre los trajes tradicionales y pelucas corren. Los sermones modernistas condenan la sumision de las mujeres. Las normas de Shabat y kashrut son ridiculizadas como anticuadas y absurdas. Los streimels en los dias terribles agrandan la sospecha rencorosa contra un pueblo en el que no se confia.
No muy lejos, donde los streimels se vuelven menos frecuentes en favor de las galabias y los velos de las mujeres arabes, las sonrisas jubilosas admiran el exotico espectaculo de mujeres veladas en vestidos negros con bordados rojos vendiendo menta sobre una alfombra blanca, de hombres gritando en las mesas del mercado, y de chicos de ojos marrones vendiendo cosas.
Asi nosotros vemos que el judio ortodoxo es despreciado por un amor a la modernidad. La compasion por la opresion de las mujeres judias ortodoxas no explican la nostalgica condescendencia por el velo islamico. Las razones verdaderas son mucho mas profundas, muy bien expresadas por el Orientalismo del siglo XX, el cual lego las simpatias romanticas hacia los arabes y el desprecio occidentalista por los judios.
LAWRENCE y Glubb Pasha han sido descriptos elocuentemente en Jerusalem, Jerusalem, pero a fin de comprender la relacion de los orientalistas tanto con arabes como judios, Freya Stark revela una perspectiva mucho mas estimulante.
La dama Stark, fascinada por el Medio Oriente cuando todos los nobles ingleses preferian India, fue una exitosa memorialista de viajes y activa en la politica exterior inglesa en el Medio Oriente durante la Segunda Guerra Mundial. Sus libros, y Oriente es Occidente quizas mas que otros, describen el Cercano Oriente como la tierra desastre para el legado otomano, habitada por unos pocos arabes elegantes que habian vivido en Europa y residian en Damasco o Beirut, cruzados por orgullosos beduinos, y objeto de los ridiculos planes sionistas.
Sus diarios y cartas muestran el encanto que la cultura arabe ejercio sobre ella y la repugnancia que ella sentia por los juidos. Los arabes viven en casas con jardines y refrescantes fuentes; con los arabes ella solia tomar te de menta o salvia mientras declamaba poemas; con los beduinos ella cruzaria rutas del desierto y tierras hostiles a lomo de burro.
Con "amigos de nacionalidad judia", ella en cambio se sentia en Europa, aunque los judios se apegarian a ese antiguo Oriente, al cual ellos nunca dejaron a un lado, donde ellos ya eran “impopulares entre los pueblos vecinos.”
Nadie podria jamas escribir algo tan manifiestamente antisemita hoy, y ese es el motivo por el cual leer a los orientalistas del siglo XX nos ayuda a entender lo que hoy piensa mucha gente, pero prefieren no decirlo directamente.
Asi es como se manifiesta el antisemitismo occidental, bien expresado en las novelas de Singer, en la cual los asimilacionistas y anti-religiosos se quejan sobre la "devocion judia al Oriente biblico." Como los antisemitas opinan que la supuesta extrañeza de los judios en el Occidente se deriva de su devocion por el Oriente, de igual forma, los antisemitas estan convencidos que la supuesta extrañeza de los judios en Israel se deriva de su devocion por el Occidente. Asi es como el antisemitismo llega a despreciar el streimel y fantaseando con la galabiya.
Esto no debe sorprender, considerando que Europa es aficionada al idishismo y musica klezmer. El mundo del shtetl, aniquilado por la shoah, embruja a los multiculturalistas occidentales: el violinista sobre el tejado, los contadores de cuentos con peies y mantos, haciendo caso omiso a la miseria, pogroms, violencia antisemita, discriminacion y marginalizacion.
De igual manera, las figuras romanticas del arabe y el beduino seducen en sueños romanticos a los que consideran a los indigenas los ultimos representantes de la pureza tradicional que contrasta con la modernidad, insoportablemente occidental, siempre un poco americanizadora e irritantemente judia.
El autor es un Doctor en Estudios Internacionales, y comentarista legal para la consultora politica italiana y monitor de medios de comunicacion Informazione Corretta.
