domingo, 31 de agosto de 2014

Corresponsales en Gaza: la verdad sea dicha


Un periodista indio muestra desde ventana como Hamas dispara desde centros pobladosUn periodista indio muestra desde ventana como Hamas dispara desde centros poblados
Durante las tres semanas que, por el momento, ha durado la operación Margen Protector los televisores de todo el planeta han mostrado incesantemente imágenes de niños muertos en brazos de sus madres quebradas por el dolor, gente ante el montón de escombros de lo que fue su casa clamando por lo injusto de los ataques del Ejército israelí, ambulancias y heridos cortejados por multitudes vociferantes, sepelios multitudinarios con cánticos desgarradores clamando venganza… Incluso vimos al responsable de UNRWA y a un corresponsal de Al Yazira rompiendo a llorar ante las cámaras.

El sufrimiento de la población de Gaza ha sido expuesto al mundo con puntillosa exactitud. Además, las imágenes han sido acompañadas de sentidas crónicas por parte de la mayoría de los corresponsales; retórica que hemos extrañado en las informaciones sobre las decapitaciones del Estado Islámico o sobre los 5.000 muertos que se ha cobrado en julio la guerra de Siria.
La guerra del verano era un exterminio sádico e insensato, sólo explicable por la pulsión asesina de ese ente conocido como Israel.
Los menos hostiles al Estado judío calificaban la operación israelí de respuesta desproporcionada. La razón de la operación militar era parar el lanzamiento de cohetes contra territorio israelí y desmantelar la red de túneles que, según decían esos portavoces uniformados y ministros trajeados con cara de pocos amigos, estaban diseñados para secuestrar o asesinar a civiles. Sonaba a excusa.
La de corresponsal de guerra se cuenta entre las profesiones más peligrosas del mundo, no en vano se juegan la vida al narrar el horror de los conflictos bélicos. Llevan chalecos antibalas, se impregnan del olor de la pólvora y buscan refugio cuando el fuego arrecia. Muchos han visto morir a alguno de sus compañeros. La verdad es que trabajan en condiciones durísimas.
Y, la verdad, bajo fuertes presiones que no siempre pueden o quieren controlar.
La verdad es que los corresponsales que han cubierto la operación Margen Protector desde Gaza han sido coartados, acosados y extorsionados, y su información sometida a estrecha vigilancia por parte de la organización terrorista Hamás, según denunció la Foreign Press Association en su declaración del día 11 de agosto… y confirmó posteriormente la directora de Relaciones Internacionales del Ministerio de Información de la Franja, Isra al Mudallal: se trataba de evitar que dieran el mensaje “incorrecto”.
Hamás impide que los corresponsales ejerzan libremente su profesión en Gaza. Los ejemplos son reveladores, y diariamente nuevos casos de acoso e intimidación salen a la luz. Varios corresponsales han contado lo que no hemos visto durante estas tres semanas de constante sobreexposición mediático. Como dice nuestro compañero Oren Kessler, los periodistas, al final, desenmascararon a Hamás.
El primero en denunciar la intimidación fue el italiano Gabriel Barbanti, que informó de que el cohete que cayó en el hospital de Shifa y mató a diez personas fue lanzado por Hamás. Eso sí, tuvo que salir de Gaza para poder reportar libremente. John Reed, del Financial Times, fue amenazado después de informar de que Hamás había lanzado cohetes desde el mismo hospital. Nick Casey, del Wall Street Journal, tuiteó una foto de un portavoz de Hamás siendo entrevistado en el propio hospital, e ironizó sobre el uso que la organización terrorista hacía de los pacientes como escudo. Tras una avalancha de amenazas, borró el tuit.
El 23 de julio el periodista franco-palestino Radja Abu Daga escribió un artículo para Libération en el que detallaba cómo fue detenido e interrogado por miembros de la Brigada Al Qasam en una habitación del hospital Shifa próxima a la sala de urgencias, y que posteriormente se vio obligado a salir de Gaza in sus papeles. Al día siguiente, Daga pidió al rotativo francés que eliminara el artículo de la web.
El canal de televisión indio NDTV fue el primero en grabar cómo militantes de Hamás lanzaban cohetes desde zonas pobladas. El reportero Srinivasan Jain dijo que publicaron el video una vez salieron de la Franja.
Peter Stefanovic, periodista de Nine Network, fue amenazado de muerte después de decir que había visto cómo miembros de Hamás lanzaban cohetes cerca de su hotel.
El corresponsal español Dote Gutiérrez, que ha estado una semana en Gaza como freelance sin el patrocinio de ningún gran medio, ha informado desde su cuenta de Twitter de que Hamás ha lanzadocohetes desde el hotel de la prensa. Gutierrez ha dejado claro que fue advertido nada más entrar en la Franja.
Gallagher Fenwick, corresponsal de la cadena de televisión France 24, hacía en directo una crónica hasta que hubo de interrumpirla por el estruendo de un cohete de Hamás lanzado desde las inmediaciones; días más tarde, el 5 de agosto, reveló que el proyectil había sido lanzado desde un área densamente poblada, a 100 metros de un centro de la ONU y a 50 metros de un hotel frecuentado por periodistas extranjeros.
Aparte del veto de Hamás, los periodistas se han encontrado con otra dificultad: un ejército invisible, en palabras de Dote Gutierrez. El corresponsal del New York Times Tyler Hicks dice:
Los combatientes de Hamás son virtualmente invisibles, es imposible saber quién es quién, intentamos cubrir todo esto de la forma más objetiva posible.
En definitiva: los corresponsales han sufrido coacciones y amenazas por parte de Hamás durante la operación Margen Protector, y por tanto ha habido un déficit considerable de información. Ciertamente, no deberíamos asombrarnos: estas tácticas de la organización terrorista son propias de un régimen totalitario; pero sí tenerlo bien presente. Y los periodistas harían muy bien en recordárnoslo.

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